viernes, 29 de noviembre de 2013

El camino del oro, (es el Mago de Oz una alegoría económica?)

Artículo publicado en la columna Reflexiones del Temple

El camino del oro…
Por Yolanda Ramírez 

El maravilloso mago de Oz, ciertamente uno de los  cuentos clásicos favoritos de muchos... Pero, ¿cuántos saben que también es una alegoría económica?
  
Seguramente recordamos el clásico “infantil” El mago de Oz, si no por haber leído el libro, sí debido a  la película que estelarizó Judy Garland. Y, aunque la mayoría llegó a conocer la historia de Frank Baum por el musical de Hollywood,  muy pocos saben sobre la relación que la aparentemente inocente trama tiene con el panorama político y social que se vivía entonces en los Estados Unidos.


La obra es mucho más que un cuento infantil, leyendo entre líneas se descubre un mundo de símbolos que dimensionan los personajes y acontecimientos hacia la cruda realidad:
Cuando Baum publica El  maravilloso mago de Oz, en 1900, Estados Unidos apenas salía de un periodo de deflación y depresión; las deudas habían afectado a todos, pero mayormente a los campesinos. Entonces, el sistema monetario respaldaba cada dólar con una cantidad de oro y el Partido Populista quería cambiar aquello: proponía que la plata, junto con el oro, se usara como moneda. Eso incrementaría el suministro de dinero estadounidense, reduciendo la carga de la deuda de los granjeros.
El camino amarillo, por el que transita Dorita (algunos prefieren llamarla Doroty), no es otro sino el símbolo de aquella terrible pugna. Tal vez, Baum escribía  influenciado, entre otras cosas,  por William Jennings Bryan, político estadounidense,  quien abogaba por la propuesta del bimetalismo (política monetaria que consiste en utilizar dos metales, por regla general el oro y la plata, como base del sistema monetario).
Así, es como vemos que el “dorado” camino amarillo, por donde Dorita avanza con sus zapatos “de plata” (que en la versión cinematográfica cambian al rojo por cuestión estética) contienen pistas para leer el cuento de hadas como algo mucho más serio:
Dorothy, pequeña granjera de Kansas, símbolo de los ciudadanos rurales estadounidenses; el hombre de hojalata de los oxidados y, aparentemente sin corazón, trabajadores urbanos; el león cobarde:  ¿William Jennings Bryant, un líder débil?; el espantapájaros, de los agricultores estadounidenses. Los cuatro personajes, viajando hacia el este por el camino de ladrillos amarillos —un camino hecho de lingotes de oro—  para ver al Mago de Oz, posible reflejo de aquellos banqueros del Este que manipulan la economía mediante artificios detrás de una cortina. El destino de nuestros personajes, Oz, es simplemente la abreviación de onza, (onzas de oro).
Recuerdo que el mago de Oz es quien supuestamente tenía la capacidad de entregar a cada uno de los personajes aquello que necesitaban, ¡pero aquel mago no era sino un pobre farsante…! ¿Sería que Baum, consciente, o inconscientemente, estaba contando la azarosa batalla  que muchos enfrentaban?
Y que muchos siguen hoy enfrentado.

Después de ver este documental y reflexionar en la situación económica del hombre moderno me pregunto ¿cuándo es que perdimos el sistema de trueque? ¿Podríamos volver a ello?
Aquí te comparto un video acerca del tema, es muy interesante, pero tómate tu tiempo, es largo:


 Una liga para seguir el tema:

domingo, 24 de noviembre de 2013

Sistema onírico






Perseguir un tesoro material ha llevado a muchos a la ceguera:
Ahí estás todo lo que necesitas, frente a tus ojos ciegos.
YRM

¿Qué es sistema onírico…?
No busquen en el diccionario, ni pregunten a sus amigos psicólogos o médicos, porque unos les darán unas respuestas, y otros, otras, (si es que alguna respuesta les dan). "Sistema onírico" es una expresión inventada por mí. A partir de las clases de mitología surgió la necesidad de hacer que mis alumnos suspendieran por un momento el sistema racional (sistema con el que percibimos, digerimos y nos explicamos la realidad inmediata), así, cuando yo les digo: "sistema onírico" digamos que es algo así como una orden para que conscientemente se ubiquen -en la medida de lo posible- en el reino de los sueños, y en plena vigilia puedan escuchar un cuento sin cuestionarle sus deudas con cronologías o lógicas humanas. Este sistema onírico intenta que seamos capaces de comprender toda narración mítica como una realidad interior. ¿Cómo lo hacemos? Suspendida toda literalidad en el mundo y toda sumisión a lo racional, nos permitimos aceptar desde las entrañas muchas de las "realidades" espirituales que nos rodean, realidades que tienen su patria muy dentro de nosotros, en esa parcela donde se siembra y florece el mundo interior. Carl G. Jung llamaría a las visiones de ese reino realidades psíquicas, y es que ahí, aún cuando no existen en lo tangible, existen en lo individual, percibidas por lo que yo doy en llamar sistema onírico; aceptadas las "nuevas normas" de lo "real" que el sistema onírico promueve, somos capaces de "ver" que un mundo invisible, y más real que el percibido por los sentidos, nos rodea. Don Quijote se adelantó a Jung.


Pues bien, en la literatura, hoy casi en su totalidad dedicada a lo real, los elementos mitológicos no abundan, y digo que no abundan no porque no hayan sido utilizados por grandes autores (Borges, Cortázar, por mencionar sólo algunos) sino porque cuando abundan no son entendidos cabalmente, y  es que el contextos social ahoga toda manifestación simbólica en aras de la realidad más inmediata, abanderada, por supuesto, por el recalcitrante materialismo que el mundo padece (si alimentáramos más nuestro sistema onírico en la vigilia, seríamos los peores enemigos del materialismo que consume la sociedad, veríamos claramente cuántos tesoros perdemos en la adquisición de porquerías).
En mis clases de mitología, dedicadas en su totalidad a un género que hoy en día colinda peligrosamente con la fantasía (digo peligrosamente porque mitología no es fantasía aunque muchas de sus manifestaciones sean las mismas, y no comprender la diferencia puede hacer que despojemos de su sentido profundo a uno y otro), pues bien, en mis clases de mitología, mis alumnos conocen narraciones de culturas arcaicas que, para muchos lectores modernos, pueden parecer meros cuentos de niños. Esa situación se debe en gran parte a que el hombre moderno vive desconectado de ese sistema onírico que propongo, sistema que vuelve significativo el mundo exterior a partir de una analogía con los reinos del alma.
La labor de explicar que sí existen los gigantes (¿qué son los adultos para el niño, o las grandes transnacionales como Monsanto para las pequeñas granjas?), que las sirenas cantan para que los marineros olviden la ruta hacia el hogar (¿qué son las pasiones que arrojan a un hombre en los brazos de una aventura que daña a sus seres queridos?), que Santa Claus sí existe (¿quién compra los juguetes que aparecen en el árbol entonces? sólo que tal vez no se llama Papá Noel, sino Papá Miguel) esta labor, ardua de dar significados épicos a lo real y real a lo épico, es trabajo en suma de maestros que guíen para encontrar sentido en las Artes, traductoras bien intencionadas del mundo interior, deudoras todas ellas de ese mundo onírico que nos revela tantas maravillas.



Estas son sólo unas breves reflexiones, más tarde ahondaré en un libro que vaya tú a saber cuánto tarde en escribir, pero que ya con esto comienzo.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Utopía

Un clásico en tiempos de barbarie.
Por Yolanda Ramírez M.



La palabra utopía, actual sinónimo de un bien infinitamente anhelado por el hombre, y sin embargo un bien imposible de alcanzar, da título a una ficción intelectual escrita por Tomás Moro, pensador humanista del Renacimiento. 

Utopía es una república ideal, posible según Moro, si la política se somete a la moral, si se reparten las horas de trabajo equitativamente, si se controla la propiedad privada, y se minimiza la intolerancia a la hora de aplicar la justicia.
Este pequeño tratado sobre cómo volver funcional una sociedad en el siglo XV, puede sernos útil como reflexión hoy en día. En Utopía, no es que haya ingenuidad y se piense que no es propio del hombre el cometer una falta, sino que el castigo infringido debería contener en sí mismo la solución al problema. En Utopía, la isla de ficción de Moro, los crímenes, aun los más graves, son sancionados generalmente con la esclavitud, creen que esta pena es amarga para el criminal y ventajosa para el Estado (está claro que en toda sociedad humana se requieren trabajos extremos, desafortunadamente  se convierte en esclavos a ciudadanos inocentes, mientras verdaderos pillos gozan de impunidad y vidas regaladas ¿no sería mejor emplear en ello a los delincuentes que a los ciudadanos menos favorecidos por la fortuna?). Cuando los culpables se muestran rebeldes o reincidentes, entonces sí son muertos como bestias salvajes a quienes ni la cárcel ni las cadenas consiguieron domesticar. Si por el contrario purgan su condena con buena actitud, se reincorporan a la sociedad sin ningún tipo de señalamiento negativo ya que los ciudadanos agradecen en su interior que alguien más realice el trabajo pesado. Sobre otro tema: el placer, Moro divide en su clasificación los que surgen del alma, tales como la inteligencia y aquella delectación que nace de contemplar el bien la verdad y la belleza; y los del cuerpo, donde el placer supremo es la salud. Por ello toda búsqueda del placer en Utopía gira en torno a un bien humano antes que a su aniquilación (los utópicos, por ejemplo, no valorarían el placer de consumir narcóticos, pues este placer es menor  para ellos que el supremo placer de conservar la salud, estado elemental para disfrutar de todos los placeres). Con respecto al tratamiento que en dicha sociedad se da al oro, el gobierno lo guarda, no en arcas privadas, para evitar la posible ambición de que es fácil presa quien detenta el poder, sino como decoración de los edificios públicos, o como materia prima para fabricar las bacinicas donde los habitantes depositan sus excrementos. Así las cosas, cuando alguna infausta guerra amenaza la sociedad, los utópicos no sufren personalmente por entregar el oro (¿quién padecería por la pérdida de un escusado o un adorno en los muros de la ciudad a cambio de no asistir al triste espectáculo de la guerra?); las autoridades en lugar de utilizar algunos habitantes como carne de cañón, contratan, con el tesoro común, los mejores soldados extranjeros a sueldo (si no es que llegan incluso a ofrecer en abundancia el oro o las piedras preciosas a los soldados enemigos a fin de que se sumen a sus filas). El tesoro del Estado también lo constituyen las joyas, que son entregadas a los niños como canicas, y que al crecer  abandonan como abandonan los pañales; qué risa les da a los jóvenes contemplar a los extranjeros cargados de tan infantiles recursos para llamar la atención: “¡Mira, madre, aquel necio que usa perlas y piedras cual si fuese aún un pequeño! […] Se admiran los utópicos de que haya mortales que puedan sentirse atraídos por el dudoso fulgor de cualquier gema cuando es posible contemplar a placer las estrellas o el mismo Sol; y de que haya hombres tan necios que crean ennoblecerse con la finura de un tejido de lana, ya que la lana de que está hecho, por fina que sea, la llevó antes una oveja sin que por ello dejara de ser oveja.”

Inusitadas y creativas formas de resolver algunos conflictos, no cabe duda. ¿Cuáles podrían ser las nuestras? Leer Utopía puede inspirarnos…



viernes, 22 de noviembre de 2013

El dios en quien (¿no?) creo...



Sólo el silencio es adecuado para lo que está más allá de las palabras.
Karen Armstrong



El Dios en quien (no) creo…

Una flor  abriendo su corola lentamente, una noche estrellada con su luna magnífica, un atardecer contemplado a la orilla del océano, un ser querido regalando su sonrisa, el cosmos inmenso y majestuoso. Nada de eso es en sí mismo Dios, pero eso amo cuando amo a Dios…

Como introducción de esta breve reflexión sobre el tema El Dios en quien (no) creo, primero desearía aclarar un punto que considero importante. Cuando hablamos sobre creer en Dios, ¿a qué nos referimos realmente? ¿A creer a partir de la intelectualidad, como algunos filósofos y teólogos, o desde la íntima explosión de un  sentimiento, como algunos místicos? Porque la historia de las creencias religiosas ha sido un constante ir y venir entre ambas directrices, triunfando algunas veces, si los usos y costumbres así lo favorecen, una u otra tendencia. Sin embargo, la cuestión aquí no es hablar de algo externo y lejano, como sería la historia de las religiones, sino de algo tan íntimo y personal como una creencia (que afectada por factores externos termina convertida en algo interno).
Después de leer a Unamuno, encuentro un eco a mis sentires y pensares en su obra Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1915). Unamuno llega a la conclusión que, si bien el camino de la razón nos lleva muchas veces a la negación de la existencia de Dios, ese mismo camino está trazado por una imperiosa necesidad de revelarlo, y es ese misma necesidad humana de revelarlo, huella contundente de Su existencia. Por otro lado, la frase de Pascal, hay razones del corazón que la razón no entiende, ha iluminado siempre en mí el vertiginoso vaivén  que ilustra la tensión que produce intentar descifrar los misterios de la paradójica condición humana.
Con estas dos posturas retorno a  mi cuestionamiento inicial, ¿creer a partir del intelecto, o desde el  sentimiento?  Personalmente me inclino hacia la experiencia de Dios más que hacia la explicación de Dios, pero reconozco que cualquiera de las dos tendencias, por sí solas, son incapaces de concentrar el esfuerzo supremo de expresar algo tan ajeno a la condición humana como el concepto o Ser de Dios mismo.
Por otro lado, la misma dificultad encuentro cuando descubro que he estado refiriéndome a Dios en términos masculinos. ¿Qué término debo utilizar para hablar de… él, ella, ellos? Durante siglos el ser humano representó la divinidad con forma femenina, sus referentes eran la tierra, como matriz de la vida, y la entrega de sus frutos como prueba de cuidado maternal. Luego las cosas cambiaron, el hombre aprendió a dominar la naturaleza, que muchas veces se mostraba implacable en sus designios de muerte, y  cuestionó que Dios pudiese contener en sí mismo algo negativo, de este modo todas aquellas divinidades relacionadas con la naturaleza y sus desmanes, se convirtieron en demonios rebeldes.  El género con el cual el ser humano se acostumbró a nombrar lo innombrable dejó de relacionarse con la naturaleza y surgió un Dios que estaba por encima de ella, un Dios que la había creado y por ende que era superior, un Dios parecido a lo que se reflejaba en las relaciones humanas cuando las tribus patriarcales dominaron a las antiguas sociedades matriarcales.  
Pero yo, ¿con qué género debo designar a Dios? ¿En cuál figura puedo vislumbrar su rostro? ¿En qué nombre mínimo encapsular su gloria?
Dios trasciende la capacidad del discurso humano, al momento de nombrarlo lo aniquilo. Dios está en mí como secreto embrión en mis entrañas, como un ser al que no quiero parir, porque si llegara a nacer se materializaría,  si naciera debería darle un nombre,  volverlo discurso, y algo de lo que estoy segura es que Dios no es discurso.
El Dios que me habita no quiere nacer para convertirse en verbo, sólo en mi vientre hay silencio, y el silencio logra enunciar fielmente su trascendencia.
Pero, igual que Unamuno, que consideró la filosofía y la poesía como hermanas, he aquí lo que yo condenso para resumir lo que para mí es “el Dios en quien (no) creo”:

 Parece que guardo en mi vientre un Dios que no acaba de nacer…
Un Dios que deseo amamantar con todas las experiencias de mi vida,
pero Él me habita, sin prisa, fluyendo en mi sangre mansamente
¿será que mi Dios no quiere nacer?
está muy a gusto en la cuna de mi cuerpo;
en mi pequeño universo de venas…

Me estremezco cuando reconozco las facciones de los dioses de otros en las estatuas de piedra…
temo que si finalmente mi Dios nace podría convertirse en roca;
he contemplado muchos omphalos rotos a lo largo de la historia

¡y no quiero  que mi vínculo con el cielo se fragmente! *

Yolanda Ramírez Míchel


*Paráfrasis de un fragmento del libro Palingenesia.

Texto incluido en la Antología La idea de Dios en Guadalajara. Presentado en Fil 2011


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Cortar el cordón con la propia mano...


Desde unos meses acá que me entero de varios suicidios…, gente mayor, gente madura, gente joven que deciden irse. Pero hoy ha sido distinto,  hoy estuvo muy cerca… y cuando está muy cerca es como si la temible lanza que hemos visto surcar los cielos de repente cayera de lleno en nuestro pecho, (mi mejor amiga de la juventud se ha ido, fuimos juntas a los cursos para dar a luz sin anestesia, nos consolamos de las primeras decepciones amorosas, del divorcio, de las dificultades económicas, gozamos juntas los hijos, temimos juntas que crecieran y sufrieran… me mudé a Ajijic, nos ganó el estrés, la distancia, nuevas amistades, trabajos distintos,  y dejé de verla).

Me pregunto si de verdad no había ya nada qué hacer aquí, amiga... 

Yo creo, (y con ello no pretendo imponer a nadie mis creencias, sólo exponerlas a manera de diálogo) que todos venimos a la vida con alguna misión,  que habrá pruebas y distracciones, que habrá problemas, y que nos iremos cuando hayamos cumplido, o aprendido, o, si nos vamos sin haber realizado la "misión" o el "aprendizaje", será para volver y ahora sí, con algo de experiencia, pasar al siguiente grado (la reencarnación no es una creencia exclusiva del hinduismo, el cristianismo primitivo también lo contempló y fue tema de discusión de los primeros Padres de la Iglesia). Yo, personalmente, comulgo con la idea de que nuestra alma viene a este plano para vivir algo, el tan mencionado libre albedrío no es el de aquí sino
el de allá, el del momento en que esa alma que somos decidió venir y vivir esto o lo otro. Aquí nos queda seguir ese destino elegido libremente por nuestro ser interior. Son cosas que nos rebasan, pero uno trata de entender.
La cosa es que ante un suicidio, los que nos quedamos sufrimos un shock porque hasta entonces nos enteramos de que nuestro ser querido sufría mucho, tal vez sabíamos que sufría pero no cuánto, o qué tan débil estaba frente a su pena. Así que el corte del cordón umbilical con esta vida por la propia mano es huella de un gran dolor que no se asume, de un infierno que sólo puede cortarse así, de tajo, con un salto hacia el abismo.
Imaginamos que de haber hecho esto o aquello, él o ella aún estarían aquí, y nos culpamos porque no fuimos aquel día de visita, estábamos tan cerca... Pero no hay hubieras, sólo hay destinos por donde nuestras almas circulan sus pruebas, y quién sabe si allá, eso de la muerte, o el suicidio, no es sino un simple apagón del suitch, algo como un botón para terminar el juego y  comenzar de nuevo en ceros, y tratar otra vez de salir airosos,  al fin y al cabo la experiencia ayuda... Eso quiero creer. Por un accidente yo estuve muy cerca de la muerte, y vi la luz, aquella experiencia me dejó la certeza de que allá hay ciertamente algo y que ese algo es bello. Un Amor infinito que nos recibe con los brazos abiertos y nos sana de todas las heridas y nos aligera todos los pesos. (Los escépticos podrán argumentar lo que quieran, los que hemos vivido la experiencia sabemos que eso es Verdad).
Pero, mientras nos vamos a ese círculo de Amor divino, yo invito a las mujeres a mi alrededor a formar un círculo de Amor humano, un lugar seguro donde las que están padeciendo algún infierno sepan por qué seguir. Lo llaman círculo de mujeres.
Nuestra primera reunión será el sábado 14 de diciembre, por la tarde, aún no sé dónde, pueden proponer. Yo llevaré historias e imágenes que ayuden a sanar y unos brazo abiertos para recibir a todas con   Amor incondicional.
¡Va por ti, amiga! Y descansa en paz, como una niña en los brazos del Amor.

Entrada libre, pero avisen que van para saber más o menos dónde organizamos la reunión.

domingo, 17 de noviembre de 2013

El corazón del cielo


 ¿Quiénes  somos...?


Observa la tierra desde un avión… luego imagina que puedes verla desde más lejos, que sales de la tierra, que la miras redonda y completa. ¿Ves a los hombres? Desde una cierta distancia los hombres ya no somos visibles. Y si te vas más lejos, nuestra equivalencia podría ser la de los átomos en las cosas que nosotros contemplamos (están ahí, pero no los vemos). Qué pequeños e invisibles los hombres desde ahí, y sin embargo, lo que hacen los hombres puede hacer desaparecer el planeta (sobre todo cuando manipulamos los átomos).
Imagina que tú eres un planeta, no ves claramente a los hombres desde tu perspectiva, pero sabes que existen, y muchas veces tus hombres te “enferman"… Imagina que quisieras comunicarte con tus hombres, decirles que existes, que no son seres aislados, ni independientes, ni superiores a sus hermosos hermanos, son diferentes de otro seres en el planeta porque son seres "pensantes", pero, como todo en el planeta, ¡son parte de ti! ¿Cómo  harías para comunicarte, si ellos, al ser parte de la totalidad de tu cuerpo, no pueden verse como “totalidad”?, se creen seres aislados, tan aislados que andan por ahí almacenando "bienes".

Y si luego avanzamos más allá… hacia el universo donde el planeta comienza así mismo a ser pequeño, más pequeño, luego invisible. Y entonces el planeta es un átomo en ese universo..  Y el universo un Gran Cuerpo… hoy por hoy no sabemos si hay incluso más universos, los científicos han encontrado tantas cosas, tantas sorpresas así en lo macro como en lo micro… Pero los hombres sólo tenemos para conocer esto que tocamos, y lo que vivimos, así que vamos con eso, con nuestro cuerpo. Ya sabemos que nuestro cuerpo tiene células, y que dentro de las células hay átomos… Bien, ¿y que tal si ese Gran Cuerpo Universal desea ser conocido por sus mínimas partículas? ¿y si somos un cuántum microscópico en un gran cuerpo que a su vez forma parte de otro y de otro, y así hasta el infinito... y si ese infinito hacia lo macro es igual de inconmensurable hacia lo micro, hacia dentro de nosotros... hasta ahora eso dicen los experimentos en los que los hombres confían; y si nosotros somos el maravilloso Centro de esos dos mundos hacia el exterior infinito y hacia el también infinito interior? El centro donde hay la posibilidad de tomar consciencia... Y si esto fuera así...


domingo, 3 de noviembre de 2013

GRIMORI MUNDI


GRIMORI MUNDI
Presentación


El pasado 27 de septiembre del 2013, en la librería del Fondo de Cultura Económica de Guadalajara, Jalisco se presentó Grimori Mundi, aquí algunos generales:
https://www.youtube.com/watch?v=Al92QjTN2Z


Video de la presentación:
https://www.youtube.com/watch?v=R3y0oi6e_rI

Reseña aparecida en el suplemento Ocio del periódico Milenio:
http://www.ocioenlinea.com/node/28919

Reseña aparecida en El Faro Cultural:
http://www.elfarocultural.com/2013/10/PresentaciondeGrimoriMundienlalibreriadelFCE.html

Para comprarlo en linea (área Guadalajara, Jalisco)
http://www.gonvill.com.mx/webapp/wcs/stores/servlet/ProductDisplay?urlRequestType=Base&catalogId=10001&categoryId&productId=1129881&errorViewName=ProductDisplayErrorView&urlLangId=-5&langId=-5&top_category&parent_category_rn&storeId=10001


Presentadores:
Raúl Aceves  

Raúl nació en Guadalajara Jalisco, bajo el Kin maya OC. Místico de la palabra poética, investigador incansable de las letras y de los mundos mágicos, ensayista tanto de lo cotidiano como de lo sagrado, amigo de los sencillos, de los wixaritaris, de los chamanes, apasionado lector, juguetón malabarista de la palabra periquetera,  columnista múltiple, y muy generoso amigo. Raúl Aceves ha publicado desde 1982 una cantidad de libros y artículos  que desbordarían la página y se derramarían a todo lo largo de la rampa del Fondo de Cultura Económica (los que conocen el Fondo de Cultura Económica de Guadalajara, saben que es una rampa muy larga). En lugar de mencionarlos todos hemos decidido referir sólo que Raúl ha escrito constantemente, año tras año, desde 1982 libros de poesía entrañables ,  aforismos y desaforismos, cuentos, ensayos, artículos periodísticos, diccionarios "especializados", antologías y ha realizado una profunda y dedicada obra de Investigación en torno a varias de las culturas prehispánicas y sus herederos.

 
Raúl Aceves Lozano en la presentación de Grimori Mundi
GRIMORI MUNDI
Por Raúl Aceves

Grimorio, libro de fórmulas mágicas, de invocaciones a los espíritus de otras dimensiones, de talismanes protectores, de abracadabras de procedencia hebrea o caldea, o de magos y alquimistas medievales. A todo esto nos remite el título de esta obra: Grimorio del mundo, o el mundo convertido en libro esotérico, que precisa ser descifrado por los que conocen el lenguaje secreto de los iniciados en los misterios, puertas que sólo puede abrir el que tiene la llave o la clave de la cerradura, que protege el conocimiento de los profanos que no están preparados para recibirlo.
                Levantar el velo de Isis, el velo que oculta el misterio a la mirada de los profanos, es el atrevimiento de los poetas, y decir algo de lo que lograron ver, es su tarea heroica. Porque todo poeta auténtico es un Prometeo que roba el fuego del conocimiento a los dioses, para dárselo a los hombres, aunque luego sufra una interminable condena.
                Algo parecido ha realizado la poeta Yolanda Ramírez Michel, al emprender la elaboración de su grimorio personal, al levantar un poco el velo de su misterio interior, y dejarnos ver algunas imágenes, -unas trasparentes, otras enigmáticas-, de las muchas que habitan su casa de las Imágenes interiores, es decir, íntimas, profundas, incluso abismales, cósmicas.
                Vemos por ejemplo, la Gran Palpitación del corazón del universo, llamada Dios; el útero del caos bullendo como redoma de alquimista; las hijas de Orión con sus plateados párpados de luz; el mar como jardín de conchas y salinas floraciones; el perfume prodigioso de las lluvias siderales; los lejanos planetas que dilatan sus raíces bajo la mirada del sembrador; los átomos congregados en la hierba para dar nacimiento a una reina: la flor; el tiempo como clepsidra derramando soles…
                También la creación y recreación continua del universo se refleja en la metáfora de los amantes, que a través del juego de las polaridades lo ponen todo en movimiento: la Noche y el Día, el Cielo y la Tierra, el Hombre y la Mujer, son ejemplos de parejas mitológicas que al amarse generan la vida y todos los seres existentes, al igual que generan la Muerte y el mundo de los espíritus y los ancestros. Transfigurada por el amor -en palabras de la poeta- la carne se vuelve frutal y circulan semillas por la sangre; de la piel ungida de dulcísimo anhelo surgen visiones del verano, y las hojas se contorsionan alrededor de un tallo;  los dioses en procesión danzan como corales al contoneo del oleaje; no hay nada más allá de la orilla del amante, tan sólo el vértigo, el desbarranco; dentro del amante reside el Edén, el Paraíso, y afuera sólo el exilio y la espada flamígera…
                Nacer en el mundo es sufrir un exilio temporal, donde la tentación no debe ser resistida, sino intensamente comprendida; el Árbol del Conocimiento se convierte en el Árbol de las Palabras Caídas, donde Luzbel -el ángel Prometeico-, entrega a los hombres los frutos prohibidos, las semillas de fuego que arden en la entrañas del mundo. Palabras incendiarias que hacen brillar los ojos de los hombres que han leído el Libro escrito con letras de fuego. La Poesía es de nuevo el Génesis, el Éxodo y el Apocalipsis, cruzado todo por la profecía y la revelación.
                Cada ser, por pequeño que sea, refleja a su manera al universo. Por eso la poeta habla de una "teología de las flores", y del caballo que bebe en una noria (después de participar en una batalla), y de los campos regados con sangre, y de las palomas hostigadas por niños crueles. El universo, como mezcla de dolor y belleza, de belleza dolorosa que constituye el espectáculo del mundo, la noticia del mundo, la memoria del mundo. Y en medio de todo y de nada, el Hierofante entona el Nombre que sana, aunque ese nombre permanece aún en el misterio.
                Ojalá que las palabras de esta hierofante también nos sanen, "en el tiempo de la esperanza, en que los montes de Venus serán canales de parto" de los niños que nacerán sonriendo, y de las historias que rodarán por el horizonte.
Felicidades,
Raúl Aceves
27/septiembre/ 2013                                   


 Lucía Navarro

Con naturalidad Lucía nos pide que de ella sólo digamos lo siguiente: que es una mujer feliz, agradecida con la vida por lo que le ha dado, apasionada lectora, aprendiz de escritora y firme creyente en la humanidad.
Lucía Navarro 
            Sin embargo, yo quiero añadir que Lucía ha sido forjadora de caracteres pues ejerce la sagrada profesión de maestra (de jóvenes y adultos). Su inquieta búsqueda de razones existenciales la llevó a dirigir el programa de filosofía para niños a favor de nuestras nuevas generaciones.  Ha sido sanadora de cuerpos pues también es médico;  y por sobre todo es madre muy orgullosa de sus hijos, esposa que sabe ser amiga, y abuela entrañable.



 Palabras de Lucía durante la presentación de Grimori Mundi 


Esto que les voy a platicar confío que va a quedar aquí entre nosotros…, para ser franca, en el momento en que me solicitaron que hiciera la presentación de un libro, me sentí llena de emoción y orgullo, pero después entré en pánico por el compromiso que había adquirido. Tenía que hacer una lectura minuciosa, profunda y crítica; de esas que en ocasiones no nos dejan gozar, que nos convierten en jueces (en mi caso poco capacitada para ello) y nos obliga a emitir veredictos objetivos, sin dejarnos ser, simplemente, alegres sujetos lectores, (y como tales ser subjetivos, como diría el maestro Savater).
Ahora bien, el conocer a Yolanda, la autora, me auguraba un encuentro con la magia, con el glamour de la palabra, con ese maná que alimenta a los espíritus como el mío, ávidos de volar en las alas de la belleza y el amor.
Así que, ya con el libro en mis manos, fui a mi rincón favorito para darme a la ardua tarea. ¡Y cuál no sería mi júbilo! No tuve que analizar el libro, él empezó a revisar mi espíritu. Palabra a palabra se iba introduciendo en mi ser, me tomó de la mano, me llevó al infinito de sus páginas y no me permitió regresar de su viaje cósmico hasta haberme inoculado la magia.
Me llevó allá al confín del universo o aquí a lo más profundo de mi espíritu, para encontrar el principio de todos los tiempos, porque por la ruta de la alquimia escrita me llevó a buscar desde el inicio el lugar donde “se apacienta Dios” y con Él cada granito de su polvo, de su infinito polvo que formamos todos nosotros.
Aquí, en este caldero, todos y cada uno somos esa materia que late, que se derrama, que fecunda, en Grimori Mundi me encontré, hallé a todos los otros, nos hallamos, unimos nuestras aladas manos para reintegrarnos al Holo divino.
Así, con su hechicera palabra me condujo a entenderme como parte del cosmos. Cuando me dice que el tiempo derramó sus aires, sus aguas, su ternura y nos posó con suavidad. Así iba en mi interior sintiendo el fluir silábico, que me hacía contemplar con los ojos del alma los átomos que caen en la hierba para que nazca la flor. Para después explotar como bengala en el cielo derramando sus luces al leer:

“Cuánto goza el Sol al desnudarse la Noche…”

Me hizo sentir la pasión que los hijos del cosmos sintieron y que los llevó hasta el exilio como una “Estrella abatida”.
No puedo dejar pasar este momento para compartirles este verso que muy particularmente me hizo y me hace reflexionar: “La tentación no debería ser intensamente resistida, sino intensamente comprendida…”
Sin utilizar versos ecoicos ni esdrújulos sino dejándolos correr para que surjan melodías libres, me encauzó por el devenir del hombre, entendido desde la filosofía como la construcción de su ser. Estos seres que somos, con nuestros errores y nuestros horrores. Con nuestra eterna búsqueda de ese algo,pero con los ojos siempre cerrados.
Otro verso que me impactó, y que me sigue cimbrando:

“Hoy he visto al rey de la creación:
junto a un montón de bolsas de basura
inclinado ante una pila de periódicos
amarrando con un lazo las noticias
de un mundo en el que participa como sombra…”

Sin embargo, este libro no sería realmente un grimorio si no nos diera la salida y los cantos de esperanza, cantos de fe en estos seres que somos, no sólo capaces de hacer la guerra, sino de llevar en nuestro interior suficiente luz, para alumbrarnos hasta abrir los ojos y poder ver lo cerca que está lo que tanto buscamos.
Grimori Mundi es un remanso, el oasis que podemos encontrar, las letras que nos pueden conducir a tener hermosos sueños cuando estemos dormidos o despiertos, creo que vale oro esta oportunidad que nos brinda Yolanda, los invito a leerla.



Aída Monteón


Tapatía por antonomasia. Poeta y traductora enamorada de la palabra. Promotora cultural, y editora, en respuesta a una necesidad íntima y profunda de compartir el arte. Generosa homeópata como parte de su proyecto vital.
            Su obra Decantación, le dio el gozo de un premio en España; Juegos Tridimensionales  recibió el apoyo del CECA. Y como amadora de los libros decidió convertirse en editora con la  antología  de poesía erótica  femenina De gotas y sortilegios.
            Aparece en varias antologías que recorren desde el 2002 el continente y el mundo con su palabra musical. Hoy, ella sigue escribiendo cuentos y cantando su poesía con ese inconfundible tinte sensual que la caracteriza tan bien.

Aída Monteón en la presentación del libro de Yolanda Ramírez Míchel, Grimori Mundi

Quizá para muchos resulte extraña la palabra "grimori", hermoso neologismo creado por nuestra poeta para dar nombre a su libro. Grimori se deriva de grimorio, término extraño hoy en día, pero de alta recurrencia en la Edad Media, donde la magia y los encantamientos eran los principales actores del arte oscuro o negro, a cuyos adeptos o practicantes se les conocía, en el mejor de los casos como magos, en su connotación negativa como brujos. Hoy los llamamos chamanes. La palabra procede−según la Real Academia Española de la Lengua−del francés "grimoire" y éste es a su vez es una alteración de "grammaire", “gramática” según el Trésor de Langue Française. Lo que aquí nos incumbe es la versión, mucho más aceptada actualmente por los propios practicantes de magia, acerca de que la palabra «grimorio» proviene del italiano "rimario" que significa "composición de versos". Con el paso del tiempo la palabra habría cambiado a "grimario" y posteriormente a la palabra grimorio. Los magos medievales italianos sabían que la composición en versos favorecía a que las operaciones mágicas fueran más poderosas. Por esta razón, las llamaban "incantesimo" (encantación) porque para su desarrollo empleaban la poesía y el canto.
Me permití transcribir su significado porque quedé encantada, literalmente encantada, de saber que de ésta palabra procede el nombre del libro. Si bien, la palabra grimorio se refiere principalmente a los libros del conocimiento mágico, este libro −según la acepción italiana− es un rimario, una composición de versos que nos abre el mundo desconocido −interior y mágico− de Yolanda Ramírez.
Para entrar de lleno en materia, Grimori Mundi revela −como antaño lo hicieran los grandes grimorios: Claves de Salomón, El libro de San Cipriano, etc. − y abre espacios sagrados. Su autora, crea un nuevo mundo, reescribe señales y su infinita gama de variaciones significadas éstas, en los ritmos personales de la poeta –música del verso− direccionados a encontrar espirales de evolución en el lector o en el oyente. Sin embargo, sólo algunos poetas logran irradiar, −pulsando cada palabra sin posibilidad de error−con suficiente fuerza y trascendencia en el verso para establecer un diálogo o una mística que lo lleve a una especie de transformación. Poetas de ésa índole los ha habido, baste nombrar a San Juan de la Cruz, y aquí hemos desembocado en un callejón sin salida, porque el diálogo entre humanos es la cosa más común y ordinaria que a diario nos sucede, pero el diálogo entre poeta y lector puede llevar a un grado de comunicación que logra transformarnos.
¿Y de qué pueden hablar los poetas para sustraeros del tráfago cotidiano e interesarnos en su mundo? Los poetas pues hablan de su monólogo interno, de las imágenes enraizadas en la memoria, de la cosmovisión ligada al estado de inocencia original mediante la búsqueda del conocimiento o del amor.
Desde el primer verso, con voz omnipresente la poeta se abre interiormente ante el mundo, dispuesta −a partir de la propia creación− a emprender un viaje interminable −el viaje humano, el viaje del mundo− y nos lleva desde “los orígenes y el primer canto del cosmos” a ordenar el caos siempre presente en todo comienzo, antes de que se logren asentar las aguas. Pero este no es cualquier viaje, es una travesía bullente en el “útero del mundo”, he ahí el comienzo terrenal, marino “prodigio de lluvias siderales” y entonces como estallando, un verso luminoso: “los mundos nacen inflando su pecho con un suspiro”.
En esta travesía la voz de la poeta describe, y a la vez evoca, pasajes de los mundos simbólico, espiritual, −acaso onírico−, reflejados todos en los poemas que rememoran la creación de reinos primigeniosbajo la mirada acuciosa, resultado de la contemplación interior.
En la segunda parte del poema, el principio de dualidad toma forma en el cuerpo de los amantes. Hay regocijo en el reino del verso, “otro sol naciendo” refleja la pluralidad con que la poeta describe el recién creado mundo.
En el tercer momento, cada poema ofrece letras que "violentan la tierra", el mal, implícito en el bien, abandona sus larvas en el paraíso. “El árbol florido se ha roto” dice Yolanda. Versos oscuros que describen el propio mundo derrumbado. La unidad del texto se trastoca ante la separación verbal. Lírica emotiva que trasciendea la voz biográfica con una mística que la define humana.
En la cuarta parte del libro, la voz conjura como en el gran grimorio, “y todas las hadas se presentaron aquel amanecer” “para despertar al reino dormido” ,“y de repente callaron” , “mirando al niño sonriendo”. Este poema habla, no solo de la renovación de la materia (cuerpo del niño), sino que, una vez cumplido el ciclo nacimiento-muerte-nacimiento, nos remite a la transferencia del alma en un nuevo cuerpo, es decir: la resurrección.
En el tiempo de la esperanza −quinta parte del libro o colofón− la voz narradora sintetiza poéticamente con una magnífica metáfora el proceso de la creación del mundo, con todas sus implicaciones, según se da en el Génesis y en otros libros sagrados de la tradición hermética. La palabra es el recurso único dela poeta, es el fuego silencioso que la mueve a crear mundos, es ahí donde encuentra en la poesía su refugio a partir dela reflexión.
Pero Grimori Mundi es ante todo un recorrido por el jardín de la poesía (en el propio, recién creado jardín), airoso −después del obligado descenso−. Es la forja bellamente lograda a partir de una cuidadosa destilación −agua viva− según el término alquímico, detenida finalmente como todos los líquidos útiles en el arte de la transformación. Y como toda gran obra "solve et coagula".

Aída Monteón Septiembre 27 de 2013.


Roberto García, poeta y editor.




Yolanda Ramírez Míchel


Salvada de los abismos por la literatura, Yolanda es conocida por las clases que con tanto gusto imparte, por el amor que les tiene a sus hijos y nietos, y por su obra: Dos libros infantiles circulan por el mundo editorial llevando a los niños el mensaje de que leer nos da felicidad (La Maestra Milagros y El Gran niño son material de lectura en algunas primarias desde hace algunos años, y Yolanda espera sinceramente que los maestros NO elaboren áridos cuestionarios para calificar a sus pequeños lectores).
            Para el público adulto Yolanda tiene publicadas sus obras  Jacinta, y   Palingenesia, ambas una exploración poética del dolor femenino, estos libros llegaron a sus lectores como un misterioso ramillete de metáforas. Los mitos del Alba vieron la luz en 2011, son un montón de sueños que se atrevieron a vivir de día.
            Su labor como editora nos ha regalado cinco antologías mágicas, ideales para  engendrar nuevos ciudadanos de la patria de las letras.
            Y hoy nos presenta Grimori Mundi, un secuencial y sintético recorrido cósmico por las entrañas del origen y el destino humano.
















Ensamble Azul en la presentación de Grimori Mundi

Tipos de narrador en una historia. Parte 2

¿Quieres saber por qué es importante tomar en cuenta al narrador? Aquí te compartimos dos videos acerca del tema.