El gran niño, electrones de un sueño


Dos grandes poetas jaliscienses hablan sobre El gran niño, electrones de un sueño:


El gran niño, primera edición, ilustraciones de Pedro Becerra





El Gran Niño, electrones de un sueño
Por Laura Solórzano


El gran niño, electrones de un sueño, Editorial Progreso
El cuento de Yolanda Ramírez, El gran niño, tiene como rasgo fundamental exponer y expresar la visión, la óptica particular de un niño. El dilema que significa la inevitable realidad que confronta esta visión y sus posibilidades, dentro de un mundo de adultos. El resultado es un juego, una interacción constante entre estos dos mundos, estas dos realidades se alteran y se transforman a partir de la fantasía, de la imaginación.

El texto de Yolanda parece fluir con tino y gracia a través de la mente del niño. Nos percatamos que estamos dentro de este flujo mental y somos partícipes de este ir y venir de la fantasía a la realidad, pero también de este encuentro emotivo y en cierta medida incierto, con los afectos de la infancia. Hay en este texto una ternura vital que reacciona al mundo y se integra a él a partir de la persecución de un sueño. 

El lenguaje poético de Yolanda, en algunos momentos de altas cualidades, convive armónicamente con los pensamientos y la voz infantil del protagonista. Además de la combinación exacta, sin excesos y sin adornos innecesarios, de varias historias (la de los sueños, la del robot) que agregan al texto una tensión que se va integrando a las expectativas del niño, y nos lleva a nosotros también a través del suspenso, a desear, como ninguna otra cosa, que funcione la mano robótica, que pudiéramos conocer ese laboratorio y que los sueños nos lleven, a partir de ellos mismos, al centro de los que somos.

Entrevistaen FIL
Génesis del libro





Primera edición El gran niño, electrones de un sueño
El Gran Niño, electrones de un sueño
Por Raúl Bañuelos

            En el libro titulado El gran niñoelectrones de un sueño Yolanda Ramírez Michel dice de manera estupenda lo que dice.  Da vida al discurso de un niño de seis años, que tiene una imaginación desbordada  y efectiva. Su sueño es fabricar un robot del tamaño de dos pisos de un edificio ¡y se pone a buscar la manera de hacerlo!
Ilustración Liliana García
Sebastián comienza por reunir máquinas y objetos electrónicos descompuestos que le regala su mamá, su abuela, otras personas de su entorno (diversos objetos inútiles del novio de su hermana…)
Al final, obtiene incluso el apoyo de todos sus compañeros y profesores para conseguir materiales suficientes para la construcción de su objetivo.
Yolanda Ramírez hace un trabajo magnífico para modelar la personalidad del niño Sebastián y para hacerlo verosímil. Por ejemplo, después de que su papá le objeta su falta de estudios y de carrera universitaria para poder construir su robot, él llega con su hermana y le pregunta: “¿Cómo se construyen los robots? ¿Corriendo? ¿Y cuánto tiempo falta para correr? ¿Cómo? le contesta su hermana. Para la carrera que tengo que correr para hacer mi robot… falta un buen”, concluye la hermana de Sebastián.
Como vemos, el personaje es construido por Yolanda Ramírez desde abajo, en su propio lenguaje y visión de seis años. No determina ella el relato explicando lo que piensa el personaje. Más bien lo hace hablar y moverse…
Los trece capítulos del libro tienen la gracia y el trabajo de lo muy bien escrito y desarrollado. La gracia se manifiesta en la soltura y en la agilidad de las anécdotas relatadas. Y en los momentos de clímax adecuados a cada uno.
Ilustración Liliana García
Y el trabajo se aparece en la contención apasionada o la apasionada contención que consigue presentar emociones e imaginaciones en una prosa de primerísimo calidad.
El desarrollo grácil y riguroso del relato conduce hábilmente al lector de manera tan excelente que no ha de poder más que leer de un tirón o en una sentada todo el libro. ¿Qué sigue, qué sigue? Se pregunta uno. Por obra y gracia de Yolanda Ramírez vamos de la ternura al coraje; de la frustración del personaje a la maravilla de los sueños bien conseguidos; de la humanidad del robot creado por Sebas a la insensibilidad del entorno que lo rodea. Con una prosa de frases cortas y contundentes, sin excesos de verbalismo o platicadero de personajes (excesos comunes en la literatura), el discurso narrativo va cumpliendo sus visiones literarias. Y logra a plenitud un relato de gran categoría para la literatura jalisciense.
Todo lo que sigue va en ascenso de intensidad, como toda obra clásica, sabe manejar los desarrollos globales del concepto de la obra. Así el anticlímax aparece en el momento justo (con el guiño necesario al lector: la mano del robot va por buen camino) Y el remate final viene verosímil en su manifestación definitiva.
Ha logrado Yolanda Ramírez un libro de alta calidad, que rebasa las calificaciones. Un relato para niños que puede leer cualquier individuo; un relato sobre un niño que puede admirar cualquiera. La obra es completa como tal. Y se da para cualquier buen lector. Este es un libro que presenta a una escritora que desde ya funda un camino que será imprescindible para la literatura, no sólo local, sino mexicana en general.

Raúl Bañuelos



Comentarios

  1. ¡muchas felicidades Yola! ¡que este libro siga tocando corazones!
    Un beso,
    Ale.

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