domingo, 4 de marzo de 2012

Las tres mujeres de Adán






Como Aracné, aquella tejedora de la mitología griega, quiero tejer con las palabras míticas originales un tapiz elaborado por varias historias que aparecen en antiguos textos hebreos, algunos desconocidos, otros bastante difundidos, de donde nuestra cultura Occidental ha abrevado la mayoría de los "mitos" modernos sobre la relación entre el hombre y la mujer. Este tapiz tiene como tema central la creación de la pareja original… o será mejor decir, la creación de las mujeres de Adán…

            Empecemos con Lilith, su historia no es del todo desconocida, pero quiero retomarla para algunas reflexiones:
            Lilith fue la primera mujer de Adán, . Encontramos, por un lado, el relato de este matrimonio entre Adán y Lilith, en los textos apócrifos del Antiguo Testamento (uno de ellos, el Alfabeto de Ben Sira), por otro lado, aparece una velada alusión a esta alianza igualitaria, en una de las dos versiones canónicas del Génesis: “Y creó Dios el hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó” (Gén 1:27), esta versión bíblica que todos conocemos no hace referencia a Eva, pero si reflexionamos un poco, sí nos remite a la creación paralela de una mujer y un hombre, imágenes ambos de su creador, sin datos de que ninguno de ellos fuese superior al otro. Posteriormente, aparece la presencia de Lilith, ya convertida en un demonio, en el libro del profeta Isaías, otro texto canónico: “Allí se juntarán los gatos salvajes con los pumas y se darán cita los chivos; allí también se echará a descansar el monstruo llamado Lilith” (Isaías 34:14). ¿Cómo fue que Lilith se convierte en un demonio?



            Cuentan que en un principio Dios hizo a Adán y a Lilith del barro, (en algunas versiones ya comprometidas con el poder patriarcal[1] se añade que el barro con el que se hizo a Lilith era un barro sucio). Esta primera pareja tuvo una fatal disputa cuando Lilith, argumentando que eran iguales, deseó yacer sobre Adán durante la cópula, en lugar de continuar sometida siempre por el cuerpo de su marido, digámoslo con palabras actuales: quería más acción y por supuesto tenía algunas ideas propias sobre cómo conseguirla. Adán, temiendo perder el poder si otorgaba este privilegio,  se negó a ello y Lilith no contenta con la respuesta huyó de su lado. Dicen que se fue a pasar una temporada al Mar Rojo donde habitaban un nutrido grupo de demonios (no hay que olvidar que los demonios entonces eran las huestes de rebeldes). Adán fue con Dios y le pidió que la hiciera volver, (¿la extrañaba?), Dios envió a sus ángeles para que la trajeran de vuelta,  pero ella se negó. ¿Por qué en esta versión los ángeles no cumplieron la orden de Dios de traer a Lilith de vuelta con Adán a pesar de haberles sido dada una orden tajante: tráiganla viva o muerta?, ¿acaso se sugiere que Lilith era capaz de seducir hasta a mismos ángeles…?


            Fue su negativa a regresar al lecho matrimonial la que hizo que la tradición patriarcal tuviera que convertirla en un demonio y así quedara registrada hasta el presente. Lilith al fin y al cabo es la creación mítica de una religión patriarcal en un momento histórico en el cual se deseaba poner de manifiesto las distintas actitudes entre las mujeres hebreas y las de la tribu de Caanán, más propensas al libertinaje.
            Me parece que muy otra hubiera sido la historia si Adán va a buscar a Lilith, tal vez hubiera visto los beneficios de tener una mujer creativa en el amor… Y por supuesto que las cosas hubieran sido todavía más fáciles para ambos si Adán desde el principio le hubiera permitido colocarse sobre él… En fin, la historia está escrita y no nos queda más que vivir sus consecuencias o reelaborarla y hacer con nuestra vida una historia distinta. Sobre todo si nos damos cuanta de que estamos reaccionando y construyendo fronteras en base a una creencia mítica.
            ¿Pero, qué otras mujeres tuvo Adán?



            La mayoría de nosotros conocemos de sobra a la famosa Eva, aparentemente responsable de todos los males de la humanidad, según un mito hebreo ampliamente extendido por los textos canónicos que conforman la Biblia y otros textos sagrados de las principales religiones monoteístas. Algunos conocen a la antes mencionada Lilith, hecha igual que Adán de barro, demonizada por las tribus patriarcales que vieron en su requerimiento de igualdad una amenaza. Pero estoy segura que muy pocos, realmente muy pocos, han escuchado hablar de la primera Eva, la  mujer sin nombre… Hoy quiero rescatar el relato de su creación, relato perdido en los siglos.
            Luego de que Adán fue abandonado por Lilith, su primer compañera, Dios intentó de nuevo darle una mujer (qué complaciente luce el Dios de esta historia), así que lo dejó observar cómo formaba la anatomía femenina: primero puso en su lugar cuidadosamente las entrañas, los órganos; luego, con extraordinaria maestría, Dios colocó las venas, los músculos, la piel, los cabellos. Utilizó para ello huesos, secreciones glandulares, sangre, tejidos… Finalmente Dios observó su obra, frente a él había una mujer de extraordinaria belleza, sin embargo, la contemplación de las entrañas de la mujer mientras Dios le daba vida,  produjo en Adán tal repugnancia que cuando la primera Eva avanzó hacia él totalmente hermosa, sintió una profunda repulsión y la rechazó. Dios se la llevó lejos, nadie sabe con certeza a dónde.
            Hay una leyenda hebrea sobre este tema tomada del libro de Elena Romero, Relatos de tema bíblico en las fuentes hebreas.  Ahí encontramos el diálogo entre dos rabinos que discutían este tema[2]:
            “-Por qué la mujer fue creada mediante un robo (se refería a la costilla)   Uno de ellos respondió:
            - Te pondré un ejemplo. Un día un hombre gritó: ¡Traigan al alguacil, aquí ha habido un robo!, ayer dejé sobre la mesa un cántaro de barro, y hoy apareció uno de oro… ¿Acaso no fue Eva un buen cambio por su costilla? No lo demuestra la expresión gozosa de Adán al encontrarse con ella después del sueño. “Vaya, ésta sí que es hueso de mis huesos…”
            -Y ¿por qué a escondidas?
            -Al principio, Dios la creó frente a él, quien la vio llena de flujos y sangre… por eso la despreció.
            -Oh… sí, yo había escuchado algo semejante: se dice que una hermosa mujer iba a casarse con el hermano de su madre, quien la había visto crecer en la misma casa, debido a ello resultaba ordinaria a sus ojos, la conocía bien… también la despreció a pesar de que era una mujer extraordinaria…“
            Imagino a la mujer sin nombre vagando por los renglones de la historia, buscando un Adán que pueda ver su interior sin repugnancia, que pueda aceptarla con todos los entramados maravillosos del gran milagro que es. Imagino que de no haber hecho caer Dios a Adán en un profundo sueño mientras Eva nacía, la suerte de nuestra madre hubiera sido la misma que corrió su predecesora…
            Sin embargo, hay una buena noticia, también existe un Adán que luego de tantos tropiezos rectificó su actitud.

            Esta es la historia del verdadero Adán, no el Adán que nos han contado, hemos sido engañados durante siglos. El verdadero Adán no es el que todos conocemos. El Adán bíblico del que tenemos referencias es una caricatura de hombre que ha trascendido a través del tiempo perpetuando un modelo masculino indigno, ¿qué hombre desea ser considerado como un débil compañero que culpa a la mujer de todas sus desgracias? ¿No luce muy mal Adán cuando va con Dios y señala, a la manera de un niño malcriado, a su compañera? ¿No nos han enseñado a ser responsables de nuestros actos y a enfrentar las consecuencias de los mismos como proceso de madurez interior? Sin embargo, esa misma cultura hebrea cuenta la historia de otro modo en una versión mucho más digna tanto para Adán como para Eva, esta es la versión que muy pocos conocen.
            Adán, luego de darse cuenta de que Eva había probado el fruto prohibido, la vio acercarse  con la manzana en la mano, su maravillosa piel divina, una lámina de luz pulida como la uña de un dedo había desaparecido para dar paso a su piel mortal, también magníficamente hermosa. Adán la miró, ella le ofreció el fruto…  durante tres horas Adán estuvo contemplando fascinado la belleza del cuerpo de su compañera, brillante como una perla blanca, pero ahora mortal. Todo ese tiempo luchó con la tentación de comer aquel fruto y acompañarla en su aventura o la de obedecer y salvarse. Al fin dijo: (¡qué maravillosa declaración de amor!) “Eva, preferiría morir a sobrevivirte. Si la muerte reclamara tu espíritu ahora que has comido el fruto prohibido, Dios nunca podría consolarme con otra mujer que igualara tu hermosura”[3]. Dicho esto probó el fruto y la piel inmortal de Adán. con su capa de luz, también desapareció.



            ¿Acaso el ofrecimiento del fruto no era de parte de Eva el ofrecimiento también del conocimiento?, en El Paraíso Perdido de Milton, Eva reflexiona luego de probar el fruto que ella ahora posee algo que el hombre no tiene, y en lugar de guardarlo para sí misma lo comparte.
            Más adelante, el relato nos cuenta que  Adán y Eva, al descubrir que estaban desnudos,  buscaron hojas de los árboles para cubrirse, sin embargo, todos los árboles del paraíso se negaron a  entregar sus hojas, gritándole a Adán: ¡Vete, ladrón, que has desobedecido a tu creador! Nada obtendrás de nosotros.  El único árbol que le dejó coger lo que deseaba fue la higuera, ésta aprobó con benevolencia  que prefiriera la sabiduría y el amor, a la inmortalidad[4].

Lempicka, Adán y Eva
            Yo me quedo con esta historia de Adán, con el Adán que delibera, con el Adán que enfrenta su decisión, con el que acepta las consecuencias, con el Adán enamorado que sigue a su compañera y no teme ser como ella. Además me quedo con la sabiduría,  aún cuando seamos señalados por la rebeldía, por la insumisión, por las ganas de saber, las ganas de no vivir engañados, aún cuando esto implique la pérdida de los privilegios.

Démonos cuenta entonces que estas historias del pasado forman parte de un imaginario mítico que se ha perpetuado, que construimos muchas de nuestras creencias y por ende, de nuestros valores en base a ellos siendo que son formas anquilosadas por el tiempo que ya no responden a los nuevos parámetros culturales.
Lilith en cuanto que ansiosa de libertad ha dejado de ser señalada, cuidemos de aprobar con ello acciones de dudosa moral que se vuelven en contra de la esencia misma de la feminidad
Creo que la Eva sin nombre, ahora puede mostrar sus entrañas, si no ¿qué es esta mesa de diálogo sino la exposición pública de nuestros más profundos pensamientos? Creo que hay nuevos Adanes que muerden el fruto y aceptan las consecuencias de compartir con la mujer esa dudosa cuestión:
Entre escoger el fruto del conocimiento o la fidelidad a Dios qué elegir:
Yo te diré, me dijo un amigo: ambos son lo mismo, podemos sentirnos libres de culpa, dijo Adán, y comió de la mano de la mujer.


BIBLIOGRAFÍA
COLODENCO, Daniel, Génesis, el origen de las diferencias, Lilmod.
GRAVES, Robert, Los mitos hebreos, Alianza Editorial.
La Biblia Latinoamericana, Edición pastoral.
MILTON, John, El paraíso perdido, Cátedra.
ROMERO, Elena, Relatos de tema bíblico en las fuentes hebreas, C.S.I.C
VEGAS, Montaner Luis,  Génesis Rabbah I, Comentario Midrásico del libro del Génesis, Editorial Verbo Divino.



[1] YALQUT REUBENI. Colección de textos cabalísticos sobre el Pentateuco, recopilada por R. Reuben ben Hoshke Cohen.
[2] Génesis Rabbah 18,4
[3] GRAVES, Robert, Los mitos hebreos, p. 95. Tomado del Adamschrifen 28-29
[4] GRAVES, Robert, Los mitos hebreos, p.95. Tomado de Gen. Rab. 139-42

3 comentarios:

  1. Muy interesante historia y recopilación de datos que invita a mirar la historia con otros ojos en especial el papel de la mujer en el desarrollo de la humanidad. Gracias

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  3. Pos, pa' mi que esto parece un salvoconducto para cosas peores, si Dios estableció reglas y como obedecerlas en cuanto a elegir y sostener una pareja en matrimonio, manifiesta el amor que nos tiene para mantenernos cerca de Él.... además con este relato, casi me parece que la mujer en su intelecto -mas temprano que tarde- se debilita cayendo en sus deseos y deja al hombre "a la orden de" como un ser infantil.

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