domingo, 11 de diciembre de 2016

Amparo Dávila y su sombramorfismo.


Por Yolanda Ramírez Michel

(Texto leído durante el homenaje en vida que realizó la editorial Nitro Press  a Amparo Dávila)

La realidad no nos alcanza... Y por eso sentimos muchas veces una extraña opresión en el pecho, porque la realidad comprime la verdadera vida, la guarda en un cofre de referencias claras, y la encasilla. Y la realidad vivida carne adentro se siente como habitando el traje de un buzo... Y nos desgastamos  Intentando respirar a través de un tanque, intentando vivir desde ese encierro. Entonces, qué hacer con la necesidad urgente de vivir de otra manera, qué hacer con la vida interior que se desborda y no haya cauce propicio, y nos infla como a globos a punto de la explosión. Todos lo hemos sentido, pocos saben expresarlo, explicarlo... Pocos saben con qué palabras nombrar a algunos hechos de esos que suceden sombra adentro. Amparo Dávila sí... Ella encontró el camino para decir... Para contar lo que se siente vivir con los fantasmas, con los recuerdos, con el dolor, el miedo, la violencia, con los monstruos (y no hablo de monstruos formales, sino de monstruosidades, de esas cosas con las que no deberíamos vivir, y vivimos; de esas situaciones que no deberíamos soportar, y soportamos), porque se da el caso que parezca natural convivir con un ogro, con un cadáver, con el agotamiento excesivo, con la desilusión, vivir con cosas que vamos aceptando y que NO deberíamos aceptar. La literatura siempre ha sido esa herramienta para contar lo incontable, lo que se puede contar es sólo la orilla de la playa, lo que no, es el mar y todos sus engendros, esos que la ciencia ha querido erradicar porque el racionalismo no quiere o no puede clasificarlos. Amparo Dávila los clasifica, cada oscura sombra de nuestra honda realidad tiene un título en su bestiario mental, ella conoció la orilla, no le fue suficiente, y se lanzó al mar, que ya había tomado consistencia de pantano... Desde pequeña convive con estas criaturas extrañas, sin nombre, sin rostro, su hermano muerto la dejó sola sin explicaciones, a esa edad ¿quién le va a dar explicaciones a una niña?, pues ella misma; y cuáles son las explicaciones que puede formular un ser tan nuevo: los símbolos, entidades primigenias en la conciencia, nacientes entes de los sueños. Desde aquella soledad infantil, la imagino mirando por la ventana el desfile de muertos, como algo que parece natural, ¿lo es? ¿Es natural que alguien con tanta vida por delante deba contemplar la muerte a diario y tan descarnadamente, si los mismos adultos le buscan eufemismos? Natural o no, le tocó esa maestría. El precio de escribir es ese, vivir literariamente... Ser un personaje más de la propia y más importante ficción, la nuestra. La imagino en esa biblioteca encontrando a Doré y el infierno de Dante, con sus nueve suelos de torturas, diablos con tridente colándose hasta una tranquila casa de provincia, espectáculo macabro que entra al mundo ordinario por las grietas de una biblioteca, y visita a una niña en su mundo de a diario. Pero... ¿Cuál es realmente el mundo ordinario? En los cuentos de Amparo parece confundirse... Y no hay tal, no hay ningún mundo ordinario, todos los mundos se pueblan de visiones... Todos se vuelven, a pocos párrafos, extraordinarios... los libros son sus primeros y mejores pasaportes, trenes, y tierras para explicar lo que el maestro o el padre no pueden explicar. Todos ocupados en la realidad demasiado real... Unos le han dado nombre: literatura fantástica, terror, realismo mágico, súper realismo (que ahora nos explican que la palabra correcta no es surrealismo... Sino súper realismo). Términos y hermenéutica de primer nivel, y en todos ellos Amparo sale victoriosa y de todos ellos se enriquece y a todos manifiesta como si hubiera tejido sus historias con retazos de todos ellos, original y única, nunca sometida al curso de la crítica…. la crítica literaria que finalmente atendió a Amparo no podrá nunca reproducirla como sus propios cuentos. Leerlos es la experiencia que puede medianamente hacer que comprendamos. Leer de una familia que vive con un joven ogro...y preguntarnos una y otra vez ¿por qué la hija que se había ido ha vuelto?, ¿por qué, por qué? ¿Si ya se había mudado a la capital  y ya había hasta cambiado su apariencia?, ¿por qué regresó a ese ambiente desquiciante? Por lo mismo que nosotros continuamos en nuestras propias desquiciantes cárceles mentales. Amparo sabe de la necesidad urgente que lleva a un lector a un cuento, esa necesidad de entender de otro modo la vida. La necesidad de que alguien nombre el invisible mundo de sombras que nos acecha y que solo nosotros vemos... O que solo nosotros NO vemos.
 
            Un desfile de engendros... Casas habitadas por secretos, familias ocultando una herida descomunal, la costumbre al servicio  de lo extraño, de lo sobrenatural. 
¿Cómo contar eso que nos sucede y no tiene asidero en la casa de ladrillos sino en la casa de la vida?
 
            Presentar los cuentos de Amparo Dávila siempre será insuficiente, habría que leerlos. Por eso al final de estas letras voy a dejarles uno de sus cuentos. Un cuento breve. Para los lectores y para los escritores, Amparo es fundamental, yo he abrevado de Amparo Dávila desde que quise vivir la literatura seriamente, ella y Guadalupe Dueñas fueron mis iniciadoras, el umbral y el camino. Y, a pesar de que fueron fundamentales para mí como escritora, quiero señalar algunas de sus virtudes con el afán de un lector emocionado y desde ahí, y ya no como escritora, contarles lo que me sucede cuando leo a Amparo.

Primero, que no paro. No son palabras para dejar a la mitad, no son historias que nos permitan dejar un separador a medio fantasma. Tenemos que ir de principio a fin sin contratiempos… que nadie nos distraiga, que no vengan los hijos, ni el mesero, ni el amigo a interrumpir la vida en la que nos metimos, pero qué manía la nuestra, meternos a los cuentos de Amparo es meternos a alguna casa del terror de un pueblo desconocido al que llegamos a sabiendas de que es un pueblo fantasma y las cosas que pasan ahí no son cosas, son sensaciones. Porque todo lo que cuenta, es CIERTO, certísimo, pero en otro nivel distinto al de la literalidad. Amparo ha hecho lo que hicieron los griegos, ellos antropomorfizaron las pasiones humanas, al amor le dieron forma de mujer y contaron su historia... Así Amparo sombramorfizó las sensaciones de la vida, las innombrables, a las que sólo le hemos dado un nombre ascéptico y sencillo o no les damos nada. 
            Si quisiera sintetizar diría que Amparo Dávila ha escrito un catálogo de la violencia, ha dado consistencia aún desde su aparente inconsistencia a las afrentas de la vida al hombre, le ha dado una historia a la desilusión amorosa, al suelo perturbador, al hombre que grita demasiadamente, al adulterio, al dolor de la pérdida, a la pérdida de la juventud y los sueños, a las enfermedades que acechan, a la soledad, al abuso de los familiares, a los hogares con secretos, a las mujeres que soportan, a las que no soportan, a los hombres que sufren, a... A nosotros, los seres humanos que desde una piel guardamos una patria blindada a la mirada, a veces, hasta para nosotros mismos. Blindada porque muestra nuestras enfermizas maneras de vivir...  donde lo más sano es brutal. 


Gracias.

Aquí el link para dar lectura al cuento Óscar, de Amparo Dávila cuento "Óscar":


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