jueves, 17 de noviembre de 2016

Las intermitencias de un cuento

Columna Reflexiones del Temple
Las intermitencias de un cuento


Acabo de enterarme, aunque la noticia no es reciente,  que el famoso premio Nobel, José Saramago,  fue  acusado de supuesto plagio debido a las coincidencias que hay entre  su novela Las intermitencias de la muerte y el cuento ¡Últimas noticias! de Teófilo Huerta.  Investigué el rumor y descubrí  un sitio donde se dan los pormenores del caso (www.saramagoplagiario.blogspot.com).   
Los derechos de autor son una conquista de los últimos siglos. La Ilíada, por ejemplo, fue una historia contada por muchos aedas (poetas  que cantaban historias ante un auditorio). Uno de ellos, al que ahora damos el nombre de Homero (entonces  Homero no era un nombre sino una forma de llamar a estos poetas) fue el responsable de que la larga tradición oral finalmente se pusiera por escrito. Paralelas a las narraciones de las cuales se conoce el autor, hubo muchas más contadas en el anonimato, trasmitidas durante largo tiempo por la voz de  cantores anónimos.
 ¿Será que en un primer momento la cuestión de la  autoría no era tan relevante como el contenido del relato y la forma de narrarlo? Los pueblos y naciones hacían suyas las fábulas de sus vecinos sin sentir  que adueñarse del saber popular era un hurto. Así mismo, la historia de la  Literatura está llena de  relatos que se actualizan y recrean para volverlos más accesibles a la cultura y el tiempo que los recibe. Sin embargo, al pasar de los años, ha ido in crescendo el ego y ahora resulta más importante el autor que la obra. Las editoriales comerciales prefieren publicar autores famosos sin importar si sus historias son buenas o no, o si son plagios… (¿se hubieran vendido la misma cantidad de ejemplares  de ¡Ultimas Noticias! de Teófilo Huerta que de Las intermitencias de la muerte de José Saramago?). Generalmente esperamos que un escritor importante sea capaz de inventar una historia original cada vez que se decide a escribir, pero debe ser difícil lidiar con la fama y las exigencias editoriales.
Por otra parte, el tema que tratan Huerta y Saramago existía ya en las narraciones populares (por no hablar de que hasta Los Simpson, Twilight Zone y una escritora chilena lo han tratado). Durante la Edad Media se contaba el cuento de un soldado que  había atrapado a la muerte ocasionando tremenda confusión pues nadie moría.  Y aún más lejana está una versión del mito griego de  Sísifo quien apresó al rey del inframundo, una situación imposible, porque nadie podía morir mientras Hades estuviera prisionero, ni siquiera los hombres que habían sido descuartizados o decapitados. En la actualidad el autor tiene una pesada tarea si se espera de él que desarrolle un tema que no haya sido tratado antes de una u otra forma. Lo que sí debemos esperar es un aporte en la forma de narrar, una actualización, una recreación, una nueva propuesta estilística, en fin que innove.
Si Saramago se inspiró consciente o inconscientemente en el cuento de Teófilo (lo cual sería bastante probable si todas las pruebas  resultan concluyentes)  ¿por qué no aceptarlo?, al fin y al cabo del cuento de Huerta (7 cuartillas) a la novela de Saramago (274 páginas) hay grandes distancias en cuanto a estilo, extensión y tratamiento del  tema . Creo que es justo, y de caballeros, reconocer cuando la idea de alguien nos inspiró. Ahora que no estaría de más investigar a fondo porque también puede darse el caso de que todo este embrollo sea en sí mismo una ficción hecha con la ficción.


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