miércoles, 8 de enero de 2014

El oráculo de Trofonio.



Qué nombre raro, ¿verdad? Pues bien, el oráculo de Trofonio,  es sólo un trampolín  para lanzarme al tema de los enteógenos, (nombre dado a la sustancia vegetal o preparado de sustancias vegetales que al ingerirse, provocan un estado alterado de conciencia). Comencemos pues con el salto:
En la antigüedad existían varios centros de culto religioso. Todos ellos contenían un secreto, un misterio guardado con gran celo, esa es de hecho una de las razones por las que durante mucho tiempo se supo tan poco acerca de los misterios de Eleusis.  

Actualmente, el misterio parece haber sido revelado, al menos en parte: durante dichas ceremonias se  experimentaban estados alterados de consciencia provocados por la ingesta de ciertas sustancias. Ante este descubrimiento fue necesario inventar el término "enteógeno" para denominar a las sustancias utilizadas en dichos culto. Derivado de la lengua griega, éntheos: "poseído por un dios" (literalmente "dios dentro de") y génos: "origen, nacimiento" aparece el neologismo enteógeno: «devenir divino por dentro». Esto obedece a la intención, de parte de los investigadores del tema, de crear una palabra, ajena a las connotaciones de los términos alucinógeno (considerado impreciso y peyorativo) y psicodélico (demasiado ligado a la Contracultura de los años 60)[1].
Hace varios siglos, en la antigua civilización helenística, la asistencia a los oráculos, mejor conocidos por nosotros como centros de adivinación,  eran una práctica común entre la población griega. Lo que ahora resuelve la visita a un psicólogo, un vidente o un sacerdote,  era resuelto por medio de la visita a dichos oráculos, santuarios a los que se llegaba para preguntar por cuestiones importantes en la vida del consultante.  En estos sitios había siempre una mujer llamada pitia (o pitonisa) que según se cuenta poseía poderes adivinatorios; una vez hecha la pregunta, la pitonisa comenzaba a contorsionarse y a producir extraños sonidos que serían luego interpretados y "traducidos" por los "sacerdotes" del oráculo. Muchas veces las respuestas eran tan ambiguas como lo son ahora algunos horóscopos…
Cuenta Herodoto, que en una ocasión Creso (560 -546 a. C.), el último rey de Lidia, consultó el oráculo pues se estaba preparando para invadir el territorio persa y quería saber si el momento era propicio. El oráculo contestó: “Creso, si cruzas el río Halys -la frontera entre Lidia y Persia-, destruirás un gran imperio". Por supuesto que Creso interpretó la respuesta como favorable y dando por hecho que el gran imperio era el de los persas, atacó. Pero el “gran imperio” que se destruyó en aquel encuentro fue el suyo…
La dinámica de la mayoría de los oráculos griegos era la siguiente: el visitante llegaba, hacía su pregunta, la pitia se ponía en trance (el trance se debía muchas veces a los vapores tóxicos del azufre que brotaban de la tierra debajo del trípode sobre el que estaba ella); el sacerdote del oráculo escuchaba atentamente las frases entrecortadas de la pitia y las traducía. Los escritores de la escuela de medicina hipocrática de Cos, antiguos intelectuales griegos,  rechazaban estos métodos por considerarlos un tipo de manipulación mental[2].
Lo anterior es sólo para ubicarnos en un contexto determinado, y pasar a comentar acerca de un oráculo poco conocido: el oráculo de Trofonio, cuyas particularidades me despertaron gran inquietud  por el tema. El oráculo de Trofonio, a diferencia de los oráculos conocidos, no contaba con la participación de una pitia o pitonisa, y daba sus respuestas directamente al visitante, luego de que éste se sometía a diversos ritos de purificación.

El nombre de este oráculo parte de un personaje real: Trofonio.  Cuenta la leyenda que Trofonio y su hermano Agamedes  eran famosos arquitectos a los que se atribuía la construcción de varios santuarios y palacios.  En una ocasión fueron llamados a construir  una cámara donde el rey Hirieo guardaría su tesoro. A fin de extraer  poco a poco parte de las riquezas del soberano hicieron que una roca se pudiera remover desde afuera, paulatinamente ellos tomaban parte del tesoro. Cuando el rey descubrió que los sellos y las llaves estaban intactos y no obstante la cantidad de sus riquezas disminuía puso trampas por encima de los recipientes para atrapar al ladrón. Entró Agamedes y cayó en la trampa, Trofonio le cortó la cabeza para evitar que al día siguiente fuera torturado, de esta manera, no sólo se salvó, sino que evitó que fueran reconocidos ambos como los autores del hurto[3]. Al salir de ahí, la tierra se abrió y tragó a Trofonio,  exactamente donde está su oráculo, en el bosque sagrado de Lebadea  Me imagino, que esta historia ilustra la manera que el santuario oracular funciona (literalmente los asistentes al oráculo son succionados, por una abertura de mampostería creada para esos fines,  en un viaje caótico hacia las entrañas de la tierra; ahí eran golpeados en la cabeza, experimentaban traumáticos sucesos y hórridas visiones)[4]. Esta experiencia servía al consultante del oráculo como iniciación mística. Penetrar las entrañas de la tierra, morir, y luego volver a la vida trayendo de vuelta las visiones del inframundo.
Quien salía del oráculo de Trofonio parecía un muerto en vida, era necesario pasar varios días en una especie de casa de recuperación antes de ser capaz otra vez de reír, y algunos no lo lograban. (Los misterios Eleusinos, por el contrario, daban al iniciado una felicidad interior, producto de vivencias místicas muy distintas).  

Ahora bien, ¿por qué sufrir estos trances? (me refiero al oráculo de Trofonio en particular) ¿Quién y por qué se involucraría en este tipo de situaciones? ¿Cuál es la razón para que un ser humano voluntariamente se arriesgue a perderse? ¿Por qué soportar agresiones y torturas en las entrañas de la tierra? ¿Desde cuándo el ser humano participa de estos ritos? ¿Dónde se reportan evidencias de ello? ¿Qué se obtiene de la experiencia con enteógenos y qué relación tiene todo esto con la religión?
Entremos a la cueva del oráculo de Trofonio y esperemos que algunos misterios nos sean revelados.

Las sustancias alucinógenas fueron el tema obligado de los años sesenta, era una manera de rebelarse contra un sistema opresor que colocaba los estados de trance entre las experiencias prohibidas. Aldous Huxley  reporta el uso de una droga llamada soma en su novela de ciencia ficción Un mundo Feliz,  el soma sin embargo,  es tan antiguo como la historia de la humanidad. Posterior al soma, la aparición del cornezuelo, un hongo que crecía en los granos de cebada o de centeno, coincidió con el descubrimiento de la agricultura. Comenta Gordon Wasson en su libro La búsqueda de Perséfone: “Nuestros remotos antepasados iletrados  calificados por nosotros de salvajes sabían cómo manejar estos milagrosos enteógenos: ellos no hablaban ruidosamente y con ignorancia como lo hacemos muchos de nosotros”. Ahora  el temor de que la exploración del tema se confunda con el abuso de “drogas” ha ocasionado que se investigue poco, (o que lo investigado no se difunda) en torno a los antiguos ritos sacerdotales, y se ha encubierto su uso por medio de eufemismos literarios.  La palabra soma aparece por primera vez en el Rig-Veda, (antiguos himnos hindúes), para referirse a un dios, hijo de Indra.  Hay interesantes evidencias,  basadas en textos literarios, que  identifican el soma mencionado por los arios, con el hongo llamado amanita muscaria.  Y por supuesto, también los griegos supieran de los enteógenos, desde hace siglos, pero no lo mencionan abiertamente, utilizaron símbolos, por ello los estudiosos occidentales de la escuela racionalista lo ignoraron mucho tiempo[5]
Una de las cuestiones más oscuras en torno a la cultura griega son los Misterios de Eleusis, hablar de lo que sucedía durante las ceremonias estaba prohibido, el castigo era la muerte. Recordemos que los tabúes se han originado a partir de la necesidad de cuidar un secreto generalmente relacionado con el poder o la religión. ¿Qué sucedía en los misterios de  Eleusis que hasta la fecha permanecen tan inexplorados? 

Ahora tenemos noticias de que durante estos misterios, relacionados con la diosa Deméter y su hija Perséfone, ambas diosas de la fertilidad agrícola, se consumían sustancias enteogénicas. Como en el oráculo de Trofonio. ¡Qué responsabilidad tan grande la de los sacerdotes...! los iniciados se ponían en sus manos.  
Las características del hongo utilizado en Eleusi, en la fabricación del soma hindú, como la clase de  hongo presente en las ceremonias de mesoamérica son las siguientes: Su consumo ocasiona visiones extraordinarias. Los eufemismos evasivos, o metáforas para nombrar al hongo ocasionaron que durante muchos siglos se pasara por alto tanto  su existencia como los usos rituales que tenía. En la década de los 30’s Gordon Wasson y su esposa de origen ruso, Valentina Pavlova, se embarcaron en una cruzada de investigación sorprendente. 
Luego de su primer enfrentamiento como pareja, un cálido día de verano cuando Valentina divisó un bosque lleno de hongos y se lanzó a recolectarlos con entusiasmo,  Gordon Wasson indignadísimo se negó esa noche a cenar los guisos que su mujer le preparó, profetizando que si ella los comía amanecería muerta. Esto llevó a la pareja a analizar las distintas actitudes que ambos tenían sobre los hongos. Confrontaron sus percepciones con la de los amigos (los de él micófobos ingleses y los de ella micófagos rusos) y se plantearon la posibilidad de que la religión tuviera algo que ver con el contraste entre micofilia y micofobia que entonces caracterizaba  a los pueblos de Europa. Estos fueron los inicios de una búsqueda que comenzó como algo personal y posteriormente trascendió hacia círculos eruditos[6].
Wasson indagó sobre el pasado de los pueblos mesoamericanos y se sorprendió al encontrar grecas griegas de la cerámica del periodo arcaico en la arqueología prehispánica. Reproducimos la imagen de un ánfora griega de Eleusis, para llamar la atención sobre las grecas que aparecen en ella[7].
Durante una experiencia entogénica llega un momento en que se pueden tener visiones de grecas con los ojos cerrados o abiertos en medio de la oscuridad.

La distinguida prehistoriadota, Marija Giambutas, en su libro "Los dioses y las diosas en la antigua Europa", se ocupa de la prehistoria desde una época muy anterior al momento en que los griegos y otros pueblos indoeuropeos irrumpieron desde Asia. Sin que las siguientes imágenes impliquen que la tesis de Giambutas es la misma que la de Gordon Wasson, me sirvo de ellas a fin de ilustrar las conclusiones a las que es posible llegar si unimos algunos cabos sueltos. Las siguientes ilustraciones, tomadas del libro antes citado pertenecen a artefactos fabricados desde 5,000 años a.C. hasta 3,500 a.C., Son ejemplos de las grecas que uno puede ver en el curso de una experiencia entogénica[8]. La profesora Giambutas cuanta en su libro que los antiguos europeos cultivaban el trigo y la cebada, es por eso que Gordon Wasson aventura la hipótesis, hoy sumamente extendida,  de que el enteógeno implicado fuese el cornezuelo, hongo que nace de la cebada y el centeno o, previamente, la amanita muscaria, cuyos efectos son similares.
Muchas discusiones han surgido sobre si estos dibujos son de invención independiente o préstamos culturales. Sin embargo la primera pregunta que debemos hacernos es si aquellos que trazaron los dibujos conocían los enteógenos y si no serían estos dibujos una manera de captar en la pintura el momento especial en que el artista comulgó con los espíritus o por lo menos un recuerdo estilizado de dicho instante.
Por otro lado,  los nombres con los que se designa al hongo para preparar dichas sustancias son curiosos: “el que ha sido prensado” (por la forma de obtener su jugo), “no nacido único pie (debido a que el hongo es un especie que no nace de una semilla y  cuya forma determina su nombre), “golpe de rayo” ( pues según los mitos es concebido milagrosamente a partir del coito de un rayo con la madre tierra reblandecida por las lluvias) [9]
Muchos de estos nombres se relacionan con mitos y personajes mitológicos implicados en rituales sagrados. En los misterios de Eleusis participaba Dionisio quien había nacido del muslo de Zeus, dios del rayo. El dios Soma de los arios era hijo de Indra el dios principal, equivalente al Zeus griego y también dios del trueno, de la cultura India ¿Coincidencias?.
Por todo lo anteriormente dicho y varias cosas más que nos harían extendernos demasiado, concluyo, que en la antigüedad, el contacto del ser humano con los enteógenos era una experiencia trascendente y única, para la que se preparaban espiritualmente (lo cual no implica que no fuera susceptible de corromperse, y que no hubiera entonces también quien se aprovechara de el poder implícito en estas prácticas). En el oráculo de Delfos se leía: Conócete a ti mismo. De los Misterios Eleusinos se volvía con la seguridad de que la vida era trascendente. El oráculo de Trofonio, en cambio...
Hoy en día las adicciones han banalizado el uso de estas sustancias,  se busca trascender sin una preparación espiritual, evadirse más que conocerse. El oráculo de Trofonio, entre todos los oráculos de la antigua Grecia, sugestionaba a los consultantes, manipulados por el uso de las sustancias ingeridas, a fin de que salieran de la cueva creyendo ciertas cosas con recalcitrante fanatismo, el lavado de sus cerebros se llevaba a cabo en las entrañas de la tierras por expertos conocedores de las debilidades humanas, ¿existe hoy algo similar? ¿por qué hemos perdido de vista la verdadera búsqueda de la "visión"? 
Esto es sólo un detonante, yo no tengo todas las respuestas, sólo las preguntas. Y algunos libros que recomendar.





Bibliografía
R. Gordon Wasson, La búsqueda de Perséfone, FCE, México 1992
Robert Graves, La comida de los centauros, Alianza Editorial, México 1994
Robert Graves, Los dos nacimientos de Dionisio,Seix Barral, México 1980
Pausanias, Libros I, IV, VIII, IX
Plutarco, Mor. 590ss
R. Gordon Wasson Artículo del Journal of  the American Oriental Society, Volumen 91, número 2. abril-junio 1971.







1Cfr. Gordon Wasson. La búsqueda de Perséfone, FCE, México 1992, p 32
[2]  Cfr. Robert Graves, La comida de los centauros, Alianza Editorial, Madrid 1994 p.95

[3] Cfr. Pausanias, Descripción of Greece (Descripción de Grecia), vol I. traducción con comentario de T.D Frazer-Macmillan, Londres, 1898
[4] Plutarco Mor. 590 ss
[5] Cfr. Robert Graves, Los dos nacimientos de Dionisio, Seix Barral, México, 1980, p.122
[6] Cfr. Gordon Wasson,  La búsqueda de Perséfone, FCE, México 1992, p.13
[7] Ibid., p.43
[8]  Ibid., p.45 y 46

[9] Ibid., p.72

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