viernes, 6 de diciembre de 2013

De libros, ferias y lecturas

Ex Libris
                                                                               El  libro más viejo, 
el abuelo;
 el más grande, el periódico;
el libro con más aventuras, tu interior…
YRM
Días de intensa actividad libresca en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara me inspiran a expresar algunas reflexiones, más bien sobre el acto lector, pues el libro es en estos espacios objeto de mercadotecnia más que de cultura,  la FIL en realidad se ha ganado a pulso el calificativo de “Feria”.
Las editoriales y muchos promotores de lectura, preocupados ante el inminente avance de un nuevo soporte para la escritura se defienden de este cambio con textos más bien llamativos que profundos, invitan al seguimiento de autores como si fueran personajes de ficción y desarrollan una serie de recursos para gestar nuevos materiales que “diviertan” al lector. Si generalizo espero me disculpen aquellos que tratan la literatura dignamente y participan en la feria con seria integridad y verdaderas propuestas, con stands entrañables y cariño sincero por los libros y la lectura.


La lectura atravesó durante milenios otras formas de trasmisión (la oral e iconográfica). Con el tiempo fue necesario que la palabra se registrara, primero con fines administrativos, posteriormente para conservar evidencias culturales. Hoy con los libros electrónicos,  no estamos sino ante un nuevo rostro del libro; y lo importante, creo yo, es conservar el acto lector como protagonista principal, porque la lectura se aviva en el interior del hombre, es ahí donde los libros reciben sangre. Un libro no está vivo mientras se secan sus páginas en una oscura biblioteca sin ojos que lo animen, un libro es la lectura, y si actualmente la lectura ha conquistado otras plataformas para conseguir más lectores, qué mejor. Las editoriales serán beneficiarios de que el acto lector se multiplique, siempre habrá quien desee adquirir como objeto un libro que lo haya conmovido, no es suficiente leerlo en una pantalla, el ser humano quiere “tocar”. Pasar sus páginas como si se acariciara a alguien muy amado. El libro no desaparecerá, pero iniciamos una época de convivencia entre ambos medios de trasmitir literatura. Primero se escribió sobre piedra, muros, tablillas de arcilla (qué difícil trasportar un libro de semejantes dimensiones), la complicación de estos recursos editoriales hizo que apareciera el papiro, y los libros fueron enrollados. Cuando el hombre ideó el códice (primeros libros con páginas) los que leían en rollos se sintieron ofendidos por esta nueva tendencia, pero muy pronto descubrieron las ventajas que ofrecía el códice. Posteriormente, los copistas se negaron a aceptar que una máquina pudiera producir semejante cantidad de ejemplares en un lapso de tiempo tan corto, decían que era una manera de despersonalizar el libro, así la imprenta en su momento llegó a desestimar una industria muchos años próspera. Pero lo importante es que el hombre sigue buscando la manera de leer, eso es lo importante, que el hombre encuentre en los libros, cualquier que sea su forma exterior, un eco a sus más hondos sentimientos.


Por ello, aplaudo a quienes en la FIL  entregan material que construya una cultura de seres pensantes, que conozca la estética editorial y entregue al público ediciones dignas; pero repruebo totalmente a quien busca seguir construyendo un mercado editorial donde lo que la mayoría busca es “divertir” al lector para que consuma letras como si fueran una sopa que se digiere y olvida en el retrete.

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