viernes, 13 de diciembre de 2013

De engendrar nuestros monstruos

Épica tierra adentro.

¿No soy el monstruo sin meta ni descanso
que cual catarata brama de roca en roca,
buscando el abismo con avidez rabiosa?
Goethe


"Que la épica está pasada de moda", dijo hace tiempo uno de mis maestros en la universidad… Pero yo me resistí entonces a creerlo y seguí leyendo los cantares de gesta como quien come un pastel delicioso. Con el tiempo devoré poemas heroicos, y enseñé a otros que la épica lejos de estar pasada de moda es una fórmula mítica utilizada no sólo para narrar divertidas aventuras de héroes nacionales, sino para simbolizar profundos avatares de la condición humana…
Muchas son las alegrías que me dan las clases de mitología que imparto, pero  las más son las que surgen con los acertados comentarios de mis alumnos. A ellos debo esta reflexión, que me llevó a cambiar el enfoque de una obra en particular.  Recientemente les narré la historia de Beowulf, personaje de un cantar germánico ampliamente estudiado y disfrutado por Borges. Protagonista ideal para cintas de aventuras, Bewuolf se convierte, en la cinta dirigida por Robert Zemeckis, en un personaje distinto al que leímos quienes conocemos la historia; y, la que en el manuscrito medieval fuera una horrible ogra


 ahora protagonizada por Angelina Jolie es una atractiva y seductora tentación para el héroe…


El cambio en la versión va más allá: mediante este lazo con la "ogra" Beowlf engendra un nuevo monstruo…
Lejos de criticar los cambios dados por la adaptación moderna al testamento literario de poetas medievales, considero que la película utiliza las fórmulas míticas para señalar que somos nosotros los que gestamos nuestros propios monstruos. Si el poema original, escrito en un inglés muy antiguo, revela cómo se lucha contra los demonios externos, la adaptación moderna hace que esos monstruos sean gestados por el propio Beowulf.
En lugar de temer, negar o afirmar que lo nuevo pueda superar lo antiguo, aceptemos las posibilidades que nos ha legado la tradición y contemplemos la épica como un sistema interior donde el ser humano refleja simbólicamente sus luchas, y donde los demonios personales adquieren formas con las que se pueda lidiar.

Nosotros, con nuevas tecnologías, lejos del tiempo en que la oralidad y la escritura eran dos formas de transmitir la literatura, creamos nuevos formatos para la épica, al fin y al cabo lo que ha pasado de moda no es en sí la lucha constante y feroz contra los monstruos, sino la forma de hablar de ellos.


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Y si quieren un poco más sobre el tema, encontré este interesante artículo en inglés: 

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