martes, 31 de marzo de 2020

Manifiesto Luminista II


A

Desde cada trinchera, cada quien con lo que puede y sabe, ¿quién se suma?


Esta es una propuesta para soñar juntos, pero no es soñar un sueño del que se despierta por la mañana, sino uno de esos por los que se vive y con los que se vive. Uno de esos sueños que regresan cada vez que abrimos los ojos a un nuevo día, y algo (el sueño no de los ojos cerrados, sino de los ojos que se abren) nos da ánimos para enfrentar la adversidad. Este que propongo ciertamente es un sueño extremo, el sueño de que toda la literatura (y en ella no están sólo convocados los profesionales de la palabra, sino todos los que quieran tomar la pluma para rasgar el aire con el filo de un verso).

Todo transcurre en la historia a través de una línea generada por las palabras, así que vamos a sanar las palabras para que podamos escribir nuevos renglones, nuevos signos, símbolos del despertar, la evolución, la manifestación de la grandeza humana, ¡qué no se diga más que nosotros somos el virus!, que no se incline la balanza por el horror de nuestros incomprendidos laberintos, que no se nos juzgue como basura del planeta aunque nos hayamos ganado a pulso tal nombramiento. Todos podemos cambiar nuestro nombre, este es el momento para cambiarlo, para dejar de ser los que dañan a la madre que nos alimenta, y volver a su abrazo con nuevas gracias, como hijos crecidos que saben lo que han hecho y quieren demostrar que también son capaces de lo sublime (que ya lo hemos demostrado, lo sublime ronda la historia humana con sus gracias y luces, pero el horror es siempre más impacto, y como lo dijo un sabio, un beso no es nunca tan sonoro como una bomba, no un beso, pero un millón de besos puede acallar el bramido de la bestia, y si no la acalla al menos puede mostrarle a la bestia que no necesita gritar para llamar nuestra atención, nos mueven más los besos).

Eso es, hay que demostrar desde cada rincón del mundo, desde cada hogar, desde cada encierro, que preferimos mirar al dragón sonreír que rugir. Yo sé que lo que propongo no es fácil, porque nos hemos acostumbrado mucho y durante bastante tiempo a que nos distraiga más el morbo, a que se atienda más la nota que alarma, incluso la mentira es bien en tanto venda, se comparte indiscriminadamente lo absurdo, sin entrar a sus mañas, y nos volvemos multiplicadores de sus mañas, y no vemos que eso implica ser parte de las escamas del dragón, cuando debemos ser Sigfrido, que atraviesa con su espada el pecho del monstruo y a él entra, y en su interior se baña con su sangre, no como acto de violencia, sino como acto de magia. 

Lo que propongo es una disciplina hacia dentro, un rigor ya urgente y necesario, esto no es opción, es imperativo cambiar los paradigmas. Aunque para cambiarlos tendremos que luchar, no con los otros, sino con el que cuesta más luchar, contra uno mismo, contra el egoísmo y el asentamiento de nuestras malas mañas, cada quien las conoce -y conocer nuestras mañas ya es ganancia-. No salgas hoy a ver por dónde criticas, no me refiero a salir de tu casa, a estas alturas la mayoría estamos en casa, pero salir no es algo físico, es mental. Tal vez este encierro va de descubrir como dijera Borges que en una torre albarrana el hombre puede tener el mundo, y eso que no sabía Borges cuántas tecnologías esperaban a la vuelta de un siglo. 

Pero vamos, te daré algo objetivo para que esto no se vuelva bruma poética, algo objetivo y concreto: mira hoy a quien hacer el bien, y si es posible que no sea una de esas personas a las que te resulta fácil darle porque su alegría es la tuya, mira bien y busca entre otros, tal vez alguno incluso que no sea para nada santo de tu devoción. Y si no tienes nada bueno que decir o hacer, entra al silencio en busca de razones para sumarte a esta cruzada.Y otra cosa, muy concreta, cuida cada una de tus palabras, cuida atentamente lo que dices o escribes, cuida lo que compartes, atiende si estás en ello construyendo o destruyendo. No es sencillo, lo sé, y es que llevamos ya mucho tiempo rodando cuesta abajo. Pero hay una gravedad que puede revertir el rumbo de la bola de nieve, una gravedad de arriba, del cielo y lo mejor del hombre, vamos por ella.

Sólo por hoy, a ver si movemos un poco el pesado cuerpo de la inercia hacia el abismo. 





Una mirada conjunta a la historia de la ciencia y a la historia de la literatura muestran el

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