sábado, 5 de octubre de 2019

Confesiones de un escritor



¿Dónde escribo?
A veces necesito recluirme en mi casa. A veces necesito salir y rodearme de
mundo.
Sucede
que cada uno de mis libros los he escrito en diferentes lugares. Cada libro
requiere de espacios especiales para nacer. Cada uno reclama un hábitat y una
vitalidad propios, un territorio virgen, como si exigiera ser fundador de sí y
para ello requiriera una tierra suya. 




Preguntar a Rocío ¿aquí escribe Yolanda? (Tomas en algunos de los lugares
donde escribo, preguntando a la gente que me ha visto hacerlo).

&
¿Cómo nacen los libros?
Cada género, cada libro,
cada proyecto tiene su particularidad desde el momento en que se me manifiesta.
Cada uno de mis libros ha sido único en su forma de gestarse dentro de mí. 
FLa
poesía, por ejemplo, es la más extraña. La poesía me la puede dar un petirrojo,
un té de menta con limón y miel, un objeto no identificado en lo alto del
cielo… o una mariposa que se derrumba ante un aguacero intempestivo. Así es la
poesía, se apodera de mí y no me queda más remedio que escucharla… De todos
modos, aunque cada libro de poesía haya sido distinto desde su gestación, hay
algo que comparten casi todos: la mayoría de sus páginas se escriben en
vacaciones, o me despiertan a las tres de la mañana, o me despierto con un
verso fresco en la almohada, parece que la poesía tuviera desconfianza o celos
de la rutina. Nunca he podido escribir poesía como un acto de voluntad propia,
siempre ha sido un acto de voluntad de la poesía misma, que es ajena a mí,
aunque se presta a sí misma con generosidad cuando estoy atenta y sensible a su
voz.

FLa prosa es distinta, necesita
un motivo, un tema y un plan… aunque el plan nunca es definitivo, y puede ir
cambiando conforme avanzo sobre el libro. Sucede siempre, que, conforme
escribo, cambio yo y va cambiando mi escritura, el plan original es sólo el big
bang, no permanece, pero se expande, y da de sí multitud de posibilidades. Pero
esto no quiere decir que yo no tenga el control total de la obra, la obra es
como un iceberg, tengo el control del extremo que emerge, mientras que, en lo
profundo, algo más sucede… y eso que sucede “me crea” al tiempo que “yo creo”,
es una creación mutua.

:
LA PERFECCIÓN
Uno
quiere que la obra sea perfecta. Entonces uno investiga, aprende, reflexiona… y
en esa búsqueda de perfección, uno llega al “Canon”, ahí se alzan los grandes: Homero,
Shakespeare, Dante, Cervantes, Goethe, Víctor Hugo, Tolstoi. Primero
contemplamos a esos gigantes con los ojos del asombro, y los seguimos como a
mesías, luego descubrimos que, pesar de su genialidad, no quedaron exentos de
cometer algunos errores, la grandeza no elimina los errores. La grandeza no
equivale a perfección, es grandeza.  El genio intenta y se dirige hacia lo perfecto, y en ello estriba su
grandeza, en ese intento y esa dirección.
No obstante, el genio no puede eliminar en sí lo humano, el error es lo humano, la perfección es divina e
inalcanzable. Es algo curioso, en la medida en que dejamos traducir lo humano en
nuestra obra, en la medida en que desde lo humano intentamos la perfección, en
esa medida divinizamos lo humano, entonces la perfección de algo más allá de
nosotros nos toca, y otorga su don.
Intento que mis alumnos entiendan que la
meta es dirigirse a la perfección
, intentar la perfección ya nos ubica en
otro nivel. No quiero que escriban para los que no saben, los que no saben
pueden admirar textos con muchos defectos, mira cuántos Best Seller andan por
ahí, engañando a los que no entienden la labor del genio. Yo quiero que mis
alumnos escriban para los que saben,
hay errores que son notados sólo por especialistas, y hay talento que sólo es
notado por quien sabe lo que cuesta escribir bien, para eso educo a mis alumnos.
Aunque ni ellos ni yo seamos perfectos, estamos buscando una meta elevada. Pero
esa búsqueda no es en tensión, es en gozo, si buscar la perfección no da
placer, habrá que hacer otra cosa.
Por ejemplo, hablemos de la ortografía, tan denostada por algunos (los que
no la dominan), cuando un autor pretende la maestría lo primero que debe
dominar, es la ortografía, Y no digo que la dominen para volverse sus súbditos,
sino para utilizarla incluso en el extremo de violentarla. Cuando un pintor
famoso deforma, no es porque no sepa hacerlo bien, sino porque con la
deformación se logra conmover más que con la forma natural. Cortázar, por
ejemplo, -siempre uso este ejemplo- utiliza en algunos capítulos de Rayuela la
falta ortográfica, lo hace a voluntad y como elemento altamente semiótico…
enferma el niño, y enferma la ortografía (hejemplo).
&
Obras complejas
Mis obras más complejas son las que me requieren más tiempo, más energía
psíquica y física. Cuando estoy en ellas, no hay ni un ápice de interés ni
monetario ni de ningún tipo, podría estar en ellas toda mi vida; las escribo
por el puro placer de entenderme a través de ellas. Las escribo y
constantemente me cuestiono si creo lo que escribo, esto me hace reflexionar en
mis paradigmas, y también me hace romper mis paradigmas.
&
¿Me entenderán los lectores?
Cuando me preocupo porque determinados lectores no me entiendan, bloqueo el
flujo de lo que viene desde dentro. Soy promotora de lectura, y me enfrento
muchas veces a la necesidad de una literatura más fácil, no obstante, esto que
veo a diario en mi labor de promoción, en mi actividad como escritora me
estorba para fluir. Mis obras requieren el olvido total del lector, debo
concentrarme en lo que quiere ser dicho a través de mí, pero no para otros,
sino para mí misma… sólo cuando escribo lo que me gustaría a mí leer, entonces
la escritura fluye.
 “Los arquetipos liberan en nosotros
una voz que es más fuerte que nuestra voz”. C. G. Jung

&
Qué tan difícil es escribir
La escritura no es sólo para el escritor, es para todos, es un medio de
expresión universal, la diferencia es que para nosotros los escritores,
escribir es más complejo que para los demás, y podría decir que, para nosotros,
que dominamos la escritura, es para quienes resulta más difícil escribir…

&
Mis terquedades
¡Que cuidemos las palabras porque son muy poderosas!, con ellas hacemos feliz
a alguien, con ellas hacemos enfadar a alguien, con ellas enamoramos, con ellas
decepcionamos, ilusionamos, herimos, sanamos… construimos el mundo con
palabras.
Que todo lo que se construye con palabras puede destruirse con palabras… es
un camino de ida y vuelta. Nosotros decidimos la dirección. Con la palabra.
Que nosotros no escribimos, la escritura nos escribe.
Que la escritura es un testamento.
Que la escritura nos trasciende. No sólo a un escritor, a cualquiera. El
momento de escribir es un momento mágico, alcanza una dimensión que nos
trasciende en lo físico. Dejas la palabra como huella que sigue su camino más
allá de tus pasos. Piensa en una carta, la carta queda, es una forma en que tú
quedas. El mundo es vulnerable a la palabra, ella se queda más tiempo que
nosotros, y sigue nuestra obra…
&
La poesía.
Gracias a la poesía adquirimos otro linaje… el símbolo, las metáforas, las
analogías nos lanzan a otra dimensión, a otro reino.

&
Desmitificar…
Que la escritura sale lista para la publicación. No, un libro no sale
directo de la pluma, hay pasos ineludibles, un largo camino que recorrer, y en
cada etapa hay obstáculos. Cuando dicen que el Quijote se escribió en una
cárcel, no quieren decir que lo haya escrito literalmente ahí, sino que ahí
nació la idea, ahí se gestó, ahí se pensó.
>Desmitificar…
Que escribir es sentarse a escribir. Las películas han alimentado el
arquetipo del escritor escribiendo en su máquina o en su computadora… la
escritura es más que sentarse a escribir. Escribimos primero con la mirada.
Para escribir, primero vemos el mundo, nos asombramos, lo pensamos, lo
sentimos, nos alimentamos del mundo. Mientras miramos el mundo, dentro de
nosotros se incuba algo. El momento de escribir es como el desgajamiento de un
fruto maduro, es inevitable que se separe del árbol de la imaginación y resbale
hasta la tierra cuando está listo. Sentarse a escribir es casi como la
cosecha... aunque parezca la siembra.
 



&
La obra es la vida, y la
vida es la obra

La obra se construye con la vida, evolucionamos
en la escritura, y también avanzamos por nuestras obsesiones, la obra es un
entramado de obsesiones. Escribir es explorar nuestras obsesiones, atender los
temas que nos rondan.
Me doy
cuenta de que la obra necesita madurar dentro, y fuera de mí. Algunas obras
maduran rápido. Otras no, otras nos exigen una búsqueda vital más extendida,
esperan por nosotros, esperan que lleguemos a ser los escritores de esa obra.
La obra espera pacientemente por nuestro alumbramiento. Y entonces te das
cuenta de que por medio de la obra que escribes te has querido explicar algo a
ti mismo, en la medida en que te comprometes con esa explicación, en esa medida
tu escritura es trascendente. Por ello el autor ES todas sus obras, independientemente del éxito de alguna en lo
particular, la totalidad de su escritura es reflejo (o debiera) de esa
búsqueda, de esa su obsesión vital, de ese sueño que no se resuelve en la
vigilia ni con los medios racionales, sino en la ficción y por medio de los
reflejos. 











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