Los oráculos griegos


Conócete a ti mismo…
Sentencias escrita en el oráculo de Delfos

Hace varios siglos, en la antigua civilización helenística, la asistencia a los oráculos, mejor conocidos por nosotros como centros de adivinación,  eran una práctica común entre la población griega. Lo que ahora resuelve para algunos la visita a un psicólogo, un adivino o un vidente, era resuelto entonces por medio de la visita a dichos oráculos, santuarios a los que se llegaba a fin de preguntar por las cuestiones que en ese momento eran determinantes en la vida personal.  En esos sitios de consulta había generalmente una mujer llamada pitia (o pitonisa) que bajo el supuesto de poseer poderes adivinatorios respondía a los consultantes. La dinámica de la mayoría de los oráculos griegos era la siguiente: el visitante hacía su pregunta, la pitia se ponía en trance (el trance se debía muchas veces a los vapores tóxicos de azufre que brotaban de la tierra debajo del trípode sobre el que se sentaba), el sacerdote del oráculo escuchaba atentamente las frases entrecortadas de la pitia, y las traducía.  


Muchas veces las respuestas eran tan ambiguas como lo son ahora algunos horóscopos…
Cuenta Herodoto, que en una ocasión el último rey de Lidia, Creso,  consultó el oráculo antes de invadir el territorio persa, quería saber si el momento era propicio. El oráculo contestó: “Creso, si cruzas el río Halys -era la frontera entre Lidia y Persia-, destruirás un gran imperio". Movido por sus ambiciones, Creso interpretó la respuesta como favorable y dando por hecho que el gran imperio era el de los persas, atacó. Pero el “gran imperio” que se destruyó en aquel encuentro fue el suyo…
La ciudad de Delfos, donde se encontraba el oráculo más importante de la antigua Grecia, desempeñó entonces un papel económico relevante: el dinero circulaba allí (se tasaban las consultas, las ciudades que el oráculo había «favorecido» ofrecía numerosos tesoros como agradecimiento, se entregaban ofrendas, se vendían víctimas sacrificiales, etc.). Así aparecieron, para administrar este flujo monetario creado por las consultas oraculares, los prestamistas y cambistas.  Y Delfos, en el siglo VI a. C., ve aparecer los primeros sistemas bancarios.
Sin embargo, a pesar de los charlatanes que de seguro abundaban ante semejantes condiciones, la ciudad de Delfos poseía un clima de piedad y de efervescencia intelectual. Allí se despojaba de sus máscaras sociales, y se favorecía la autonomía en la búsqueda de la verdad y la introspección. Ciertamente se sabía desde entonces, que el destino está en las manos, en la palma de las manos, pero el mejor lector de nuestras rutas somos precisamente nosotros que tenemos la pluma para escribir a dónde queremos llegar.
No hay duda de que hablar con un sabio resuelve muchas dudas, y escuchar a un iniciado ilumina; pero darle a otro la responsabilidad total de nuestro destino es jugar  con fuego y pecar de pereza.   Ningún oráculo supera el verdadero conocimiento de nuestras debilidades, y ningún agente externo tiene mejores soluciones que el pequeño Pepe Grillo de nuestro interior. Lo difícil es  que muchas veces esta voz pide grandes esfuerzos o renuncias, y en cambio la voz del oráculo valida ligerezas que podemos, como el rey Creso, usar para avanzar por donde nuestro orgullo impone.


Comentarios

  1. A la entrada de delfos estaba la frase "Conócete a tí mismo" y creo que eso es porque es ahí donde está la respuesta a nuestras interrogantes: dentro de nosotros mismos. Tan sólo tenemos que aprender a hacer el silencio necesario para escuchar esa respuesta que nuestro propio ser nos susurra...
    ¡gracias Yola!
    un beso,
    Ale

    ResponderEliminar
  2. Siempre he pensado eso, ¿quién sino nosotros mismos tenemos las respuestas?, pero habrá que ser valientes para enfrentar ese viaje interior, cuántas veces preferimos ir a que otros nos digan qué hacer, incluso pagamos por ello... cuando en el silencio palpita la Respuesta.
    Abrazo, Ale.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares