domingo, 30 de noviembre de 2014

Crónicas de una lectura en otoño…



Texto acerca de Crónicas de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez, leído en el marco de las lecturas de otoño en Guadalajara, Jalisco (2014).




Si en esas lejanías del Trópico se castigara como delito la no asistencia a persona en peligro, habría que meter a la cárcel a todo el pueblo, incluidos el cura y el alcalde.

Santiago Gamboa

Ay, la bendita manía de contar. Y la nuestra, de leer lo que otros cuentan, o de andar por ahí, por aquí mismo, ahora, averiguando lo que unos dirán (nosotros) de lo que otros contaron (el Gabo). Sin la literatura, sin esto que damos en llamar literatura, -que no es otra cosa sino la "formalización" de esta manía del género homo sapiens de contar-, sin ella, ¿desde qué otra atalaya nos lanzaríamos a contemplar la naturaleza humana? a contemplarnos…
El Gabo siempre fue un cuentero, aprovechó todo lo que se le ponía en frente para convertirlo en literatura, todo lo vivido, lo soñado, lo imaginado, lo escuchado, lo leído.
Y para contar no escatimó formatos, ni tampoco fue que los utilizó a la ligera. Crónicas de una muerte anunciada es eso, una crónica, además es, por supuesto, una novela.
Cinco capítulos sin título llevan al lector, a través de  una voz que narra lo que le dijeron, lo que quedó consignado en el sumario, lo que recuerda… todo contado con el formal tono de una crónica, a pesar de que lo contado, ¡por dios!, resulta ser la muerte del amigo de nuestro narrador-cronista. ¿Quiere el Gabo que estemos al pendiente de las incongruencias? tal vez.
En un tono aparentemente frío, se desarrolla la exacta descripción de todo lo sucedido aquel día en que Santiago Nasar salió muy temprano, vestido de lino blanco, a recibir al obispo.
A esas horas, ya todo el pueblo sabía que lo iban a matar.
Por qué lo iban a matar es algo que poco a poco se devela, y no. Digo y no, porque el motivo aunque lo dicen con todas sus letras  flotará toda la obra ambivalente y oscuro, como son los motivos de muchos chivos expiatorios. Y no estoy diciendo ni que el motivo fuera ni que no fuera, porque eso es lo que quiso el autor, ambivalencia, dimensión de la literatura y de la vida.
El Gabo no inventó esta historia, sólo la contó como su pluma quiso, fue una historia verdadera y real, realmente verdadera y con este pleonasmo quiero decir que no sucedió sólo en los libros, sino acá, donde se leen los libros. Donde la sangre se derrama y el final no es un colofón, sino una tumba.
Gabriel García Márquez vivía en una pequeña aldea de Aracataca, en los Andes de Colombia, lugar real y hechos reales que le sirven para detonar la "ficción".
Así las cosas, lo que el Gabo hizo no fue inventar la historia, ni los personajes, no, él se aplicó a uno de sus juegos imaginativos favoritos, tomó la noticia, escueta, morbosa y fría, como suelen serlo estas noticias en los diarios, y la desarrolló hasta convertir el obituario en una novela corta.
Quiero imaginarlo en su escritorio de escritor eligiendo al narrador de aquel suceso, debía ser alguien cercano y capaz de verlo todo, de informarse e informarnos de todo, de andar por ahí en el momento de los hechos, pero también de averiguar, pasado el tiempo, la completitud de los mismos, como buen cronista. Y para sus fines no le servía el narrador omnisciente.
¿Cómo se logra contar con gracia? con gracia y tan bien como para que luego anden unos enterados, analizando lo que uno cuenta… vaya usté a saber, esas cosas se traen, en el caso del Gabo, según él mismo nos refiere, sus abuelos fueron muy importantes, el coronel, cariñosamente nombrado por el autor Papalelo era un gran narrador, y andaba siempre urgiendo a su nieto a buscar en el diccionario más y más palabras, como quien anda recolectando en la playa muchas conchas para llevar a casa lo tangible del sol, y la abuela Mina, mujer imaginativa y supersticiosa le dio otro de sus mejores recursos, precisamente ese por el que se le ubicó en el denominado realismos mágico, del que no hablaré pues esta obra no está del todo escrita en esa dimensión. ¡Cuándo se iba a imaginar uno que los cuentos de la abuela terminarán siendo la semilla de un movimiento literario!, y es que en estas lides, las del arte, los maestros aparecen donde menos se lo imagina uno, y no basta con ir a la universidad, García Márquez nunca terminó sus estudios, sin embargo, las universidades le dieron un doctorado honoris causa en letras, reconocieron su bendita manía de contar.
Así las cosas, contar con gracia puede ser que le viniera en la sangre, pero de eso a escribir una novela…       
---la vida, señores, el Gabo siempre dijo que todas sus obras aún están atadas al cordón umbilical de la realidad, por más mágicas que sean, y en este caso, el que nos ocupa, mucho más, Así pues, sigamos: ¿qué tiene aquel que en este arte de escribir trasciende, aquel que logra trasformar una noticia en el diario en algo que otros leerán tendidos en un mullido sillón o en la cama, bajo la débil o potente luz de un foco, internándose en los mundos que los renglones van desplegando? Imaginación, lectores, imaginación. Eso que a los niños les vale algún regaño de la profesora en el salón de clase es lo que un escritor necesita desarrollar en plenitud. No sólo inventar, más que nada, imaginar. Sobre la vida imaginar, acerca de lo que uno lee, imaginar, cuando uno escucha, imaginar, ante una noticia tan dramática como el acuchillamiento de un joven, imaginar, aunque lo imaginado sea tremendo…


¿Y cómo contar con gracia algo tremendo? porque es tremendo que el pueblo entero sepa que se va a matar a un hombre y NADIE haga nada efectivo por ayudarlo. Y he aquí el dilema, no es que nadie hiciera nada, sino que no hicieron nada EFECTIVO.
La noticia corrió como reguero de pólvora, todos sabían que los hermanos Vicario iban a matar a Santiago Nasar.
Hubo quién lo invitó a desayunar para desviarlo del camino de los hermanos Vicario, sus próximos asesinos, hubo quien lo anduvo buscando como loco para avisarle (el mismo Gabo, narrador personaje), hubo quien oculto en el anonimato mandó una notita a su casa para prevenirlo, hubo quien les quitó los cuchillos a los gemelos matarifes, aunque luego consiguieran otros, y esos ya nadie se los quitó… incluso, los mismos asesinos intentaron -veladamente- que alguien los detuviera, pues, según nos cuenta el narrador, no es que fueran malos, tenían que "limpiar su honor". Todo eso es lo que cuenta a la hora de contar algo, las minucias, los detalles, lo que va revelando al hombre, criatura hecha de cuentos, cuentos que le cuentan de niño y de adulto, cuentos en la biblioteca, y en los periódicos, cuentos en la casa, en la iglesia, cuentos, formas primarias de gnosis. Crónicas de ese laberinto por donde se mete el destino de un hombre.
El porqué van a matar a Santiago Nasar aparece poco a poco, y otras cosas también,  todo lo que se cuenta se desprende de ahí. Por qué lo van a matar, quiénes… y de ahí  ya no es más que ir sacando el hilo y la madeja entera va mostrando sus colores.
Cuando leí Crónica de una muerte anunciada por primera vez, me quedaron grabadas dos imágenes: Santiago Nasar sosteniendo sus entrañas, avanzando como un zombi hasta  el interior de su casa, que ya no era un refugio; y, la historia de amor entre dos que se aman hasta después de que se casan, no antes, como en los cuentos de hadas.
Y ambas cosas suceden ya muy cerca  del final… no me remuerde la consciencia contarles el final, porque el mismo García Márquez nos lo cuenta desde el principio,  su tirada no es sorprendernos con un hecho insólito e inesperado en los últimos renglones, su tirada es que avancemos como deseando que ese final no se dé nunca, y también que leamos interesados en saber todo lo que le pasa a un hombre que va rumbo a su destino, averiguando qué rutinas  se quiebran para apoyar la encrucijada final de una vida, pero sobre todo, y eso da mucha frustración, ¡mucha!, asistiendo impotentes a los infructuosos intentos del pueblo para evitar la catástrofe.
Cuando se busca a Santiago Nasar para advertirle, nadie lo ve. ¿La fatalidad nos hace invisibles? Cuando se le quiere proteger, sucede lo contrario, se le deja vulnerable; al final ya no puede ni entrar a su propia casa, como quien se ha visto envuelto en una serie de circunstancias que no le dejan sino marchar directo al matadero ¿en qué sociedad es que sucede que alguien esté tan absolutamente desprotegido? ¿en qué mítico paraje puede darse que toda una sociedad sepa los males que los aquejan y no haga nada, no sepa hacer nada, no pueda hacer nada, o no quiera hacer nada, y se convierta sólo en espectadora de la terrible carnicería?
Con las entrañas descubiertas, avanzando como zombi. Crónicas de la vida diaria, metáforas de nuestro propio entorno, cuento de nuestra triste contemplación del destino de un país que va directo a su ruina, que avanza mientras los demás se van impregnando del crimen, del olor de la sangre que ya luego no se le quita a nadie. En la voz del narrador escuchamos, "no sólo yo, todo siguió oliendo a Santiago Nasar".
¿Y las autoridades? porque de esas no se dice nada antes del crimen, es hasta que todo se ha dado que el alcalde entra a ordenar una autopsia… ¿¿¿autopsia para averiguar de qué se murió un acuchillado!!!
Una autopsia que de todos modos no tenía ya ningún sentido legal… bueno, dice el narrador, la autopsia reveló que Santiago padecía del hígado, y de todos modos se iba a morir… SILENCIO, sí, de todos modos se iba a morir, así que… ¡¡¡¿qué?!!!
Los asesinos se refugian en la iglesia, aunque no van ahí por arrepentimiento, no, es que el asesinato tenía que ver con el honor. Los hermanos Vicario, los asesinos, según muchas insinuaciones -y guiños del Gabo escritor, y del Gabo narrador personaje-, no querían matarlo… y se ponían un poco de modo para que los detuvieran, pero… igualitos a muchos, ¡no queremos…!, pero el sistema social todo está diseñado para que se engendre el crimen, y nadie pueda evitarlo.
Por otro lado el amor…
Crónica de una muerte anunciada también es una historia de amor, una historia que se va revelando, o dando, conforme avanza la trama, el tiempo.
Una historia de amor vinculada irremediablemente a la tragedia, como las dos caras de una moneda.
Santiago Nasar salió a las seis de la mañana a recibir al obispo,  la noche anterior había habido una boda, y de esa boda se desprende todo.
Un crimen, una boda. Es todo lo que necesita un narrador para lanzarnos a la irremediable curiosidad.
Una boda grande y sonada. Con todos los colores del dinero que se vierte a manos llenas. Una boda de esas que tienen las palabras del que puede decirlo y hacerlo todo. Hasta comprar una casa con su pasado y sus recuerdos… Una boda entre Bayardo San Román y Ángela Vicario. Una boda que no necesitó de ningún cortejo previo, Boyardo no trató de ganarse a la novia, sino a la familia de la novia… que bien necesitados estaban de un rico pretendiente.
Y todo giró antes de la muerte de Santiago Nasar en torno a la boda. Cuatro horas fue esposa la desposada, cuatro horas bastaron para que el novio la devolviera a su casa. Cuatro horas fueron suficientes para que se gestara la tragedia… cuatro horas para que Ángela Vicario se enamorara de su marido, y desde entones se dedicara a amarlo ya tenazmente, ¡¿quién fue?! quisieron saber en su casa, cuando Boyardo la devolvió como quien devuelve un vestido usado que le han vendido como nuevo. ¡¿Quién fue?! ¡¿quién te deshonró?!
Santiago Nasar.
Ay, Gabo, dinos, por favor, ¿quién fue? a nosotros dinos quién fue, realmente. ¿Por qué nos dejas como a esos que nunca se enteran de nada, que contemplan los crímenes aceptando a ciegas un motivo, o un causante, todo noticias encubiertas, todo aparente causa, razón motivo, circunstancia, todo medios que dictan por qué y quién, mientras los demás dudamos, y asistimos a la tragedia, sin mover un dedo, o moviendo unos pocos, o sólo haciendo argüende, del que no remedia nada… y la sangre mana de las heridas, y hay carnicería, y la víctima avanza sosteniendo sus entrañas, por la puerta trasera de su casa, porque la puerta principal, está cerrada.

Si la literatura no contara lo que cuenta, quién lo contará, si los escritores no dicen, aunque sea veladamente, lo que sucede, quién lo dirá.

YRM
Visitawww.yolandaramirezmichel.com


domingo, 29 de junio de 2014

El futbol mítico


Nuestro premio serán sencillamente cuatro cuencos de flores...
Popol Vuh


¿Tiene parangón esta euforia colectiva por el futbol con lo que nuestros antepasados de la Riviera Maya experimentaban durante el ritual del juego de pelota?   
Hace algunos años, coincidiendo con los tiempos de partidos y mundiales, impartí a jóvenes de preparatoria, una clase de literatura fundamental: El Popol Vuh, libro sagrado de los Mayas. El tema, nada fácil, tomando en cuenta que los intereses de la gran mayoría de los jóvenes están bien lejos de la literatura, tuvo sin embargo, un éxito rotundo. ¿Por qué?
Les contaré brevemente lo que les conté a ellos acerca del Popol Vuh: 
En esta leyenda los protagonistas son un par de gemelos míticos, Hun-Hunapú e Ixbalanqué. Estos gemelos, igual que sus antepasados, están destinados a ser jugadores de pelota. Su madre y su abuela tratan de ocultárselos porque este juego terminó fatalmente con la vida del padre y del tío de Hun- Hunapú e Ixbalanqué, pero ¿quién pude en realidad contra el destino, quién se atreve a imponer la voluntad humana por encima de una voluntad divina? Con estos antecedentes, no importando qué previsiones tomaran las dos mujeres, llegó el día en que los jóvenes lo descubrieron... Y así, orgullosos y llenos de vida, el par de gemelos se pusieron a jugar sobre una cancha MUY ESPECIAL, esta cancha estaba ubicada nada menos que sobre la Tierra de los Señores del Inframundo. El aparentemente inocente juego  molestó a los oscuros habitantes de las sombras, que decidieron acabar con ellos, como antaño habían acabado con los otros gemelos: “invitemos a estos jóvenes al juego de pelota pero aquí, en Xib-Al-Ba,  y el perdedor morirá”.


Hun-Hunapú e Ixbalanqué,  descendieron a la tierra de los muertos para jugar un partido trascendental, de este juego de pelota dependía su vida. Desde que ambos jóvenes se internaron en Xib-Al-Ba fueron sometidos a numerosas pruebas. No voy a contar la serie de  aventuras de las que salen vencedores una y otra vez, pero les recomiendo que busquen la leyenda y vean a cuántas pruebas los sometieron....  voy a concentrarme sólo en el hecho de que todas las pruebas fueron superadas con ingenio y gracia, todas, hasta que, víctimas de la corrupción de los frustrados Señores del Inframundo, uno de los gemelos perdió la cabeza... cabeza que fue utilizada como balón en la prueba final: el juego de pelota.
Aunque los gemelos no pierden, son sacrificados  e  incinerados, pero a la manera del Fénix, Hun-Hunapú e Ixbalanqué retornan a la vida; como el sol, que a diario vence a la oscuridad para regresar e iluminar el mundo. Para los mayas el juego de pelota era una celebración sagrada que representaba  un evento cósmico. Imagino al pueblo reunido actualizando, mediante el rito, sus más hondas concepciones sobre la vida y la muerte.
Ahora, en colectivo entusiasmo, el país se reúne para celebrar o padecer, según sea el caso, la victoria de un equipo. ¿Hasta dónde es sólo un divertimento, hasta dónde una nueva forma ritual de "unidad nacional" que detona odio por los hermanos con los que se enfrenta, hasta dónde un distractor de los últimos tristes eventos por los que atraviesa la nación? ¿hasta cuándo olvidará el hombre que todo en él es sagrado, siempre y cuando trascienda la estupidez del fanatismo y el alcohol? 


sábado, 17 de mayo de 2014

Jacinta

Jacinta

Por Ricado Solís
Jacinta, de Yolanda Ramírez Michel, es un texto que (por sus dimensiones) campea entre los límites del relato extenso y la nouvelle. Pero tal cosa no es la única particularidad del libro, constituye también un esfuerzo por ligar algunas cualidades poéticas al estilo narrativo que toma distancia de las características tradicionales de cierta prosa ‘realista’ para, todo indica, imprimir en su probable lector la impresión de contar bajo el imperio de una voz que contempla los sucesos bajo las luces de una imaginación más ligada a lo emotivo que al discurso convencional (aunque lo lineal perviva).
Es en esa voz donde halla Jacinta su cualidad distintiva; planteada (en su mayor parte) desde la segunda persona del singular, el narrador evoca la vida del personaje central (Jacinta) para delinear un trayecto temporal donde ocurren los eventos que signan su vida, aquello determinante que hace de una mujer alguien que sobrelleva estoicamente lo que le sucede, como si se tratase de un compendio de traiciones para quien no se suponía reaccionara de ese modo.
Dicho protagonista no puede tener sino más trágico. En rigor, a pesar de lo que significa la esperanza para quien narra, Jacinta no consigue una liberación propiamente dicha, pero prefigura una historia de desamparo cuya única forma de salvación estriba en aquello de que nos provee la literatura; Jacinta parece una lección de lo que constituye la batalla desigual entre la realidad y la imaginación, teniendo como telón de fondo las vicisitudes del amor en pareja y la familia subsecuente.
No se entra en mucho detalle, el personaje principal es –de todo a todo– el centro de la narración y es el eje simbólico que impone la manera en que debe apreciarse el universo narrativo, condicionado por una desilusión y la esperanza perenne de sublevación que surge del exterior, bajo la forma de la voz narrativa que recoge, como ejemplo, los hechos preponderantes de la vida que relata, cuya importancia resulta evidente (baste notar las imprecaciones con que le interpela).
Quizá, eso sí, Jacinta puede reservarse el acierto de no salvar materialmente a su personaje, si alguna redención tiene es la de mantener en tensión su probabilidad de fuga gracias a un pasado lector; el problema, como a veces sucede, está en el estilo, más próximo a las alocuciones melodramáticas y una prosa que busca su intensidad en frases que delatan de modo evidente una postura frente al maltrato contra la mujer y la necesidad de huir de una situación adversa.
Así las cosas, este relato (no tan breve) puede no constituir una nouvelle en toda su dimensión, pero puede erigirse como una pieza no convencional de una narrativa que a veces se empeña en no parecerlo, ensanchando su distancia referencial y buscando producir en quien se acerque a sus páginas un conjunto de ‘momentos de emotividad’ que, quién duda, algunos lectores agradecen.

Texto tomado del periódico La Jornada
La jornada 10/09/2008

miércoles, 2 de abril de 2014

Consejos para seguir, o no, cuando escribes...

Algunos consejos para escribir:

Lunes por la tarde. Clase de literatura en un café...

¿Qué es importante a la hora de escribir?
Escribir acerca de algo que te conmueva, si no logra conmoverte a ti, cómo va a conmover a otros; si tu escritura no brota como un estremecimiento... si no es el producto de tu asombro, de tu miedo, de tu dolor, de tus pasiones, cómo...

Visualiza los paisajes, las habitaciones, los muros, los pasillos, todos los detalles de los sitios donde colocarás a tus criaturas...
Si tú no las ves, ¿cómo las verán los otros?
Y no he dicho que coloques todo ahí, en el texto, he dicho tan sólo que lo "veas", así, cuando recorras un camino no habrá incoherencias, habitarás la geometría exacta de tus visiones...

No te regodees en florituras, utiliza la palabra para decir lo que tiene que ser dicho, y sí, de vez en cuando, como un jarrón con una flor en medio de la mesa, coloca alguna graciosa figura literaria, sin abuso, para que pueda lucir en medio de los hechos.

Escucha al texto, no impongas finales poco dignos de la historia, no termines trágicamente sólo por seguir la moda, tampoco le des un final feliz sólo para agradar a los débiles, ni lo dejes abierto por no saber tú mismo sus posibilidades, (déjalo abierto si sabes tú todas sus posibilidades).

Escucha con atención la crítica, no para seguir todo lo que se te diga... sino para aprender a "escuchar" lo que tu texto ha despertado... Hay muchos "criticones" que sin embargo no han escrito nada bueno.

Escucha con atención lo que te diga quien haya escrito una sola linea gloriosa. Yo recuerdo que durante un año entero estuve preocupada por hacerle caso a un coordinador de taller que me criticaba tenazmente, hasta que leí lo que escribía...

Escribe acerca de lo que conoces, y lee, sobre todo lee.
Quien pretende escribir sin haber leído... no escribe.
Lee a los Clásicos. Que no te gane el autor de moda, si el autor de moda es bueno, él mismo leyó a los Clásicos...

Conoce las reglas, para aplicarlas en tiempo y forma, o para saber cuándo y por qué romperlas.

El verdadero arte del escritor está en la artesanía del texto. Corrige una y otra vez, hasta que aquello sea digno de mostrarlo al autor a quien tú más admires, aunque haya muerto hace siglos.


Aquí te dejo una breve entrevista acerca de algunas experiencias mías con la literatura:
http://www.gaceta.udg.mx/G_nota1.php?id=15362

miércoles, 19 de marzo de 2014

Niños, ¿carne de cañón...?

La cruzada de los niños…

¿Los veo acaso, los oigo, los percibo? Son como sombras, como interminable duelo de sombras superpuestas.
José Viñals



Cortejo de niños descalzos que vienen llorando desde el Medioevo… La cruzada de los niños, libro del autor Marcel Schwob, publicado en 1897, parecería, por los acontecimientos narrados, una obra de ficción, y sin embargo, es el relato de una patética hégira en el año 1212, la historia de los niños que anhelaron rescatar el sepulcro en aquellos equívocos tiempos de Las Cruzadas, uno de los muchos eventos históricos de los que el hombre debería avergonzarse.... A principios del siglo XIII, partieron de Alemania y de Francia dos expediciones de niños. Creían poder atravesar a pie los mares... Schwob utiliza una estrategia para señalarnos una verdad terrible: no hay un culpable, sino muchos, la sociedad entera, los líderes políticos y religiosos, todos permanecen observando el desastre, sin hacer nada. Visto a distancia, tal acontecimiento no es sino uno más de los muchos gritos que los más desvalidos y débiles lanzan hacia un mundo caótico. Ahora, años han pasado, pero en cada esquina, al amparo de un semáforo, un niño es sacrificado por el sistema, como lo fueron aquellos inocentes de la oscura Edad Media, la modernidad no es muy distinta en sus conflictos y corruptelas. Ni hemos dejado de entregar corazones palpitantes a los poderosos, quienes permiten siga adelante un sistema social donde abundan las injusticas y la inequidad. Cada semáforo alberga criaturas desfavorecidas, ya sea mujeres, niños o lisiados (también hay oportunistas, claro). Unas veces es posible sacar unas monedas del bolsillo, otras veces, las más, movemos negativamente la cabeza y nos alejamos de ahí con una de las repetidas frases que alivian nuestra conciencia… el caso es que aun cuando entregáramos siempre una moneda, no lograríamos resolver de raíz el problema. La posible solución, creo, está en que, como un padre es responsable de sus hijos, los líderes políticos no olviden que ésta es una de sus funciones como servidores públicos, deben cuidar de los menos favorecidos, velar por el bienestar común, como un padre debe hacerlo por sus hijos. Sin embargo, entiendo, que una sociedad en la que no todos los padres velan como es debido por sus hijos, es reflejo de un gobierno que no se hace cargo satisfactoriamente de sus ciudadanos, o al revés... La cruzada de los niños se repite, y aunque cada año la vida da al mundo la oportunidad de pasar al siguiente nivel evolutivo, haciéndose cargo por medio del servicio, de los débiles. Así, cada año, como niños de primaria que no aprendemos lo básico para avanzar al siguiente nivel, reprobamos el examen y seguimos repitiendo curso, y lo más triste es que seguimos cometiendo los mismos errores. Seguimos sacrificando corazones, ahora en un altar urbano. La luz roja del semáforo aparece de tanto en tanto para que nos hagamos cargo de esa realidad. Y no es tan sencillo como sacar unas monedas…



http://www.youtube.com/watch?v=HiiI5okVqy0

miércoles, 8 de enero de 2014

El oráculo de Trofonio.



Qué nombre raro, ¿verdad? Pues bien, el oráculo de Trofonio,  es sólo un trampolín  para lanzarme al tema de los enteógenos, (nombre dado a la sustancia vegetal o preparado de sustancias vegetales que al ingerirse, provocan un estado alterado de conciencia). Comencemos pues con el salto:
En la antigüedad existían varios centros de culto religioso. Todos ellos contenían un secreto, un misterio guardado con gran celo, esa es de hecho una de las razones por las que durante mucho tiempo se supo tan poco acerca de los misterios de Eleusis.  

Actualmente, el misterio parece haber sido revelado, al menos en parte: durante dichas ceremonias se  experimentaban estados alterados de consciencia provocados por la ingesta de ciertas sustancias. Ante este descubrimiento fue necesario inventar el término "enteógeno" para denominar a las sustancias utilizadas en dichos culto. Derivado de la lengua griega, éntheos: "poseído por un dios" (literalmente "dios dentro de") y génos: "origen, nacimiento" aparece el neologismo enteógeno: «devenir divino por dentro». Esto obedece a la intención, de parte de los investigadores del tema, de crear una palabra, ajena a las connotaciones de los términos alucinógeno (considerado impreciso y peyorativo) y psicodélico (demasiado ligado a la Contracultura de los años 60)[1].
Hace varios siglos, en la antigua civilización helenística, la asistencia a los oráculos, mejor conocidos por nosotros como centros de adivinación,  eran una práctica común entre la población griega. Lo que ahora resuelve la visita a un psicólogo, un vidente o un sacerdote,  era resuelto por medio de la visita a dichos oráculos, santuarios a los que se llegaba para preguntar por cuestiones importantes en la vida del consultante.  En estos sitios había siempre una mujer llamada pitia (o pitonisa) que según se cuenta poseía poderes adivinatorios; una vez hecha la pregunta, la pitonisa comenzaba a contorsionarse y a producir extraños sonidos que serían luego interpretados y "traducidos" por los "sacerdotes" del oráculo. Muchas veces las respuestas eran tan ambiguas como lo son ahora algunos horóscopos…
Cuenta Herodoto, que en una ocasión Creso (560 -546 a. C.), el último rey de Lidia, consultó el oráculo pues se estaba preparando para invadir el territorio persa y quería saber si el momento era propicio. El oráculo contestó: “Creso, si cruzas el río Halys -la frontera entre Lidia y Persia-, destruirás un gran imperio". Por supuesto que Creso interpretó la respuesta como favorable y dando por hecho que el gran imperio era el de los persas, atacó. Pero el “gran imperio” que se destruyó en aquel encuentro fue el suyo…
La dinámica de la mayoría de los oráculos griegos era la siguiente: el visitante llegaba, hacía su pregunta, la pitia se ponía en trance (el trance se debía muchas veces a los vapores tóxicos del azufre que brotaban de la tierra debajo del trípode sobre el que estaba ella); el sacerdote del oráculo escuchaba atentamente las frases entrecortadas de la pitia y las traducía. Los escritores de la escuela de medicina hipocrática de Cos, antiguos intelectuales griegos,  rechazaban estos métodos por considerarlos un tipo de manipulación mental[2].
Lo anterior es sólo para ubicarnos en un contexto determinado, y pasar a comentar acerca de un oráculo poco conocido: el oráculo de Trofonio, cuyas particularidades me despertaron gran inquietud  por el tema. El oráculo de Trofonio, a diferencia de los oráculos conocidos, no contaba con la participación de una pitia o pitonisa, y daba sus respuestas directamente al visitante, luego de que éste se sometía a diversos ritos de purificación.

El nombre de este oráculo parte de un personaje real: Trofonio.  Cuenta la leyenda que Trofonio y su hermano Agamedes  eran famosos arquitectos a los que se atribuía la construcción de varios santuarios y palacios.  En una ocasión fueron llamados a construir  una cámara donde el rey Hirieo guardaría su tesoro. A fin de extraer  poco a poco parte de las riquezas del soberano hicieron que una roca se pudiera remover desde afuera, paulatinamente ellos tomaban parte del tesoro. Cuando el rey descubrió que los sellos y las llaves estaban intactos y no obstante la cantidad de sus riquezas disminuía puso trampas por encima de los recipientes para atrapar al ladrón. Entró Agamedes y cayó en la trampa, Trofonio le cortó la cabeza para evitar que al día siguiente fuera torturado, de esta manera, no sólo se salvó, sino que evitó que fueran reconocidos ambos como los autores del hurto[3]. Al salir de ahí, la tierra se abrió y tragó a Trofonio,  exactamente donde está su oráculo, en el bosque sagrado de Lebadea  Me imagino, que esta historia ilustra la manera que el santuario oracular funciona (literalmente los asistentes al oráculo son succionados, por una abertura de mampostería creada para esos fines,  en un viaje caótico hacia las entrañas de la tierra; ahí eran golpeados en la cabeza, experimentaban traumáticos sucesos y hórridas visiones)[4]. Esta experiencia servía al consultante del oráculo como iniciación mística. Penetrar las entrañas de la tierra, morir, y luego volver a la vida trayendo de vuelta las visiones del inframundo.
Quien salía del oráculo de Trofonio parecía un muerto en vida, era necesario pasar varios días en una especie de casa de recuperación antes de ser capaz otra vez de reír, y algunos no lo lograban. (Los misterios Eleusinos, por el contrario, daban al iniciado una felicidad interior, producto de vivencias místicas muy distintas).  

Ahora bien, ¿por qué sufrir estos trances? (me refiero al oráculo de Trofonio en particular) ¿Quién y por qué se involucraría en este tipo de situaciones? ¿Cuál es la razón para que un ser humano voluntariamente se arriesgue a perderse? ¿Por qué soportar agresiones y torturas en las entrañas de la tierra? ¿Desde cuándo el ser humano participa de estos ritos? ¿Dónde se reportan evidencias de ello? ¿Qué se obtiene de la experiencia con enteógenos y qué relación tiene todo esto con la religión?
Entremos a la cueva del oráculo de Trofonio y esperemos que algunos misterios nos sean revelados.

Las sustancias alucinógenas fueron el tema obligado de los años sesenta, era una manera de rebelarse contra un sistema opresor que colocaba los estados de trance entre las experiencias prohibidas. Aldous Huxley  reporta el uso de una droga llamada soma en su novela de ciencia ficción Un mundo Feliz,  el soma sin embargo,  es tan antiguo como la historia de la humanidad. Posterior al soma, la aparición del cornezuelo, un hongo que crecía en los granos de cebada o de centeno, coincidió con el descubrimiento de la agricultura. Comenta Gordon Wasson en su libro La búsqueda de Perséfone: “Nuestros remotos antepasados iletrados  calificados por nosotros de salvajes sabían cómo manejar estos milagrosos enteógenos: ellos no hablaban ruidosamente y con ignorancia como lo hacemos muchos de nosotros”. Ahora  el temor de que la exploración del tema se confunda con el abuso de “drogas” ha ocasionado que se investigue poco, (o que lo investigado no se difunda) en torno a los antiguos ritos sacerdotales, y se ha encubierto su uso por medio de eufemismos literarios.  La palabra soma aparece por primera vez en el Rig-Veda, (antiguos himnos hindúes), para referirse a un dios, hijo de Indra.  Hay interesantes evidencias,  basadas en textos literarios, que  identifican el soma mencionado por los arios, con el hongo llamado amanita muscaria.  Y por supuesto, también los griegos supieran de los enteógenos, desde hace siglos, pero no lo mencionan abiertamente, utilizaron símbolos, por ello los estudiosos occidentales de la escuela racionalista lo ignoraron mucho tiempo[5]
Una de las cuestiones más oscuras en torno a la cultura griega son los Misterios de Eleusis, hablar de lo que sucedía durante las ceremonias estaba prohibido, el castigo era la muerte. Recordemos que los tabúes se han originado a partir de la necesidad de cuidar un secreto generalmente relacionado con el poder o la religión. ¿Qué sucedía en los misterios de  Eleusis que hasta la fecha permanecen tan inexplorados? 

Ahora tenemos noticias de que durante estos misterios, relacionados con la diosa Deméter y su hija Perséfone, ambas diosas de la fertilidad agrícola, se consumían sustancias enteogénicas. Como en el oráculo de Trofonio. ¡Qué responsabilidad tan grande la de los sacerdotes...! los iniciados se ponían en sus manos.  
Las características del hongo utilizado en Eleusi, en la fabricación del soma hindú, como la clase de  hongo presente en las ceremonias de mesoamérica son las siguientes: Su consumo ocasiona visiones extraordinarias. Los eufemismos evasivos, o metáforas para nombrar al hongo ocasionaron que durante muchos siglos se pasara por alto tanto  su existencia como los usos rituales que tenía. En la década de los 30’s Gordon Wasson y su esposa de origen ruso, Valentina Pavlova, se embarcaron en una cruzada de investigación sorprendente. 
Luego de su primer enfrentamiento como pareja, un cálido día de verano cuando Valentina divisó un bosque lleno de hongos y se lanzó a recolectarlos con entusiasmo,  Gordon Wasson indignadísimo se negó esa noche a cenar los guisos que su mujer le preparó, profetizando que si ella los comía amanecería muerta. Esto llevó a la pareja a analizar las distintas actitudes que ambos tenían sobre los hongos. Confrontaron sus percepciones con la de los amigos (los de él micófobos ingleses y los de ella micófagos rusos) y se plantearon la posibilidad de que la religión tuviera algo que ver con el contraste entre micofilia y micofobia que entonces caracterizaba  a los pueblos de Europa. Estos fueron los inicios de una búsqueda que comenzó como algo personal y posteriormente trascendió hacia círculos eruditos[6].
Wasson indagó sobre el pasado de los pueblos mesoamericanos y se sorprendió al encontrar grecas griegas de la cerámica del periodo arcaico en la arqueología prehispánica. Reproducimos la imagen de un ánfora griega de Eleusis, para llamar la atención sobre las grecas que aparecen en ella[7].
Durante una experiencia entogénica llega un momento en que se pueden tener visiones de grecas con los ojos cerrados o abiertos en medio de la oscuridad.

La distinguida prehistoriadota, Marija Giambutas, en su libro "Los dioses y las diosas en la antigua Europa", se ocupa de la prehistoria desde una época muy anterior al momento en que los griegos y otros pueblos indoeuropeos irrumpieron desde Asia. Sin que las siguientes imágenes impliquen que la tesis de Giambutas es la misma que la de Gordon Wasson, me sirvo de ellas a fin de ilustrar las conclusiones a las que es posible llegar si unimos algunos cabos sueltos. Las siguientes ilustraciones, tomadas del libro antes citado pertenecen a artefactos fabricados desde 5,000 años a.C. hasta 3,500 a.C., Son ejemplos de las grecas que uno puede ver en el curso de una experiencia entogénica[8]. La profesora Giambutas cuanta en su libro que los antiguos europeos cultivaban el trigo y la cebada, es por eso que Gordon Wasson aventura la hipótesis, hoy sumamente extendida,  de que el enteógeno implicado fuese el cornezuelo, hongo que nace de la cebada y el centeno o, previamente, la amanita muscaria, cuyos efectos son similares.
Muchas discusiones han surgido sobre si estos dibujos son de invención independiente o préstamos culturales. Sin embargo la primera pregunta que debemos hacernos es si aquellos que trazaron los dibujos conocían los enteógenos y si no serían estos dibujos una manera de captar en la pintura el momento especial en que el artista comulgó con los espíritus o por lo menos un recuerdo estilizado de dicho instante.
Por otro lado,  los nombres con los que se designa al hongo para preparar dichas sustancias son curiosos: “el que ha sido prensado” (por la forma de obtener su jugo), “no nacido único pie (debido a que el hongo es un especie que no nace de una semilla y  cuya forma determina su nombre), “golpe de rayo” ( pues según los mitos es concebido milagrosamente a partir del coito de un rayo con la madre tierra reblandecida por las lluvias) [9]
Muchos de estos nombres se relacionan con mitos y personajes mitológicos implicados en rituales sagrados. En los misterios de Eleusis participaba Dionisio quien había nacido del muslo de Zeus, dios del rayo. El dios Soma de los arios era hijo de Indra el dios principal, equivalente al Zeus griego y también dios del trueno, de la cultura India ¿Coincidencias?.
Por todo lo anteriormente dicho y varias cosas más que nos harían extendernos demasiado, concluyo, que en la antigüedad, el contacto del ser humano con los enteógenos era una experiencia trascendente y única, para la que se preparaban espiritualmente (lo cual no implica que no fuera susceptible de corromperse, y que no hubiera entonces también quien se aprovechara de el poder implícito en estas prácticas). En el oráculo de Delfos se leía: Conócete a ti mismo. De los Misterios Eleusinos se volvía con la seguridad de que la vida era trascendente. El oráculo de Trofonio, en cambio...
Hoy en día las adicciones han banalizado el uso de estas sustancias,  se busca trascender sin una preparación espiritual, evadirse más que conocerse. El oráculo de Trofonio, entre todos los oráculos de la antigua Grecia, sugestionaba a los consultantes, manipulados por el uso de las sustancias ingeridas, a fin de que salieran de la cueva creyendo ciertas cosas con recalcitrante fanatismo, el lavado de sus cerebros se llevaba a cabo en las entrañas de la tierras por expertos conocedores de las debilidades humanas, ¿existe hoy algo similar? ¿por qué hemos perdido de vista la verdadera búsqueda de la "visión"? 
Esto es sólo un detonante, yo no tengo todas las respuestas, sólo las preguntas. Y algunos libros que recomendar.





Bibliografía
R. Gordon Wasson, La búsqueda de Perséfone, FCE, México 1992
Robert Graves, La comida de los centauros, Alianza Editorial, México 1994
Robert Graves, Los dos nacimientos de Dionisio,Seix Barral, México 1980
Pausanias, Libros I, IV, VIII, IX
Plutarco, Mor. 590ss
R. Gordon Wasson Artículo del Journal of  the American Oriental Society, Volumen 91, número 2. abril-junio 1971.







1Cfr. Gordon Wasson. La búsqueda de Perséfone, FCE, México 1992, p 32
[2]  Cfr. Robert Graves, La comida de los centauros, Alianza Editorial, Madrid 1994 p.95

[3] Cfr. Pausanias, Descripción of Greece (Descripción de Grecia), vol I. traducción con comentario de T.D Frazer-Macmillan, Londres, 1898
[4] Plutarco Mor. 590 ss
[5] Cfr. Robert Graves, Los dos nacimientos de Dionisio, Seix Barral, México, 1980, p.122
[6] Cfr. Gordon Wasson,  La búsqueda de Perséfone, FCE, México 1992, p.13
[7] Ibid., p.43
[8]  Ibid., p.45 y 46

[9] Ibid., p.72

miércoles, 25 de diciembre de 2013

De las vírgenes negras y otras vírgenes.





A continuación les comparto una antigua costumbre en África, y otros lugares, donde los mitos nacieron como sistemas simbólicos para entender realidades psíquicas (como las llamaba Jung), ha sido reportada por antropólogos, como James Frazer y mitólogos como Robert Graves: 
Para coronar a un rey era necesario que éste naciera de una virgen, la virgen era el símbolo de una fortaleza no penetrada aún por nadie. Así, cuando elegían un rey, elegían también una entre las vírgenes de la comunidad. En un rito sagrado para coronar al nuevo gobernante, la virgen abría las piernas y el rey pasaba por debajo de ellas, claro símbolo de su nuevo nacimiento real.
Era necesario que la madre del rey fuera virgen para dar al símbolo el carácter sagrado de la maravilla y la pureza.




Información tomada de los libros:
"La Rama Dorada" de James Frazer
"Qué comían los centauros" de Robert Graves

lunes, 23 de diciembre de 2013

Símbolos navideños tierra adentro...

¿Alguien se ha puesto a pensar de dónde vienen las tradiciones?, pero no a pensar intelectualmente (no como historiador) sino íntimamente, es decir...¿ de dónde la idea de un árbol lleno de esferas (¿de frutos?)? 
En mi jardín hay dos limoneros, ahora mismo están cargados de verdes ¿esferas? que tienen el don de sanar y alimentar. Ese es mi árbol navideño. También tengo en la terraza una hermosa crisálida que lleva ahí ya más de un mes, y cuelga de las hojas verdes, es un adorno vivo... y todo esto vive al ritmo de un mundo que palpita, con sus estaciones floridas, dones divinos que llegan de un reino mágico hasta los hombres.
¿Y los regalos que aparecen bajo el árbol? miro el césped lleno de frutos a la sombra de los limoneros... Pero los hombres creen que un regalo es algo envuelto en papel navideño y con un moño rojo, ¡los regalos del cielo son mucho más que eso!
El hombre es un ser de símbolos, pero hay que mirar dentro del símbolo, no afuera.




Pascal Campion

La Navidad, los regalos y el "Niño Dios"...

Esto que les cuento sucedió hace varios años, cuando mi hijo mayor era pequeño, y uno quiere hacerlo todo bien, pero lo hace todo mal... 
Como madre primeriza y lectora compulsiva, leía entonces todas las revistas y libros acerca de la crianza de los hijos. Y en una de esas revistas había un artículo interesante acerca de la honestidad para con los hijos. Estábamos entonces en temporada navideña, y yo, muy joven, adapté el artículo a las fechas y pensé que no era bueno mentirle a mi hijo acerca del "Niño Dios" (otros prefieren atribuir los regalos a Santa, para el caso es lo mismo). 
-Hijo, quiero ser siempre honesta contigo: el Niñito Dios, somos los papás. 
Tenía seis años!!! ¡y su decepción fue muy grande, por supuesto! además de que fui la responsable de una ola de pequeños enterados de este "delicado" asunto.
Hoy, con algunos años (muchos) más, pienso que esas ilusiones que uno les regala de pequeños no son mentir, son más bien el lenguaje perfecto para hablar de un mundo mágico que los adultos hemos dejado de ver. 
Ahora pienso, ¿existe el Niño Dios, Santa, los Reyes Magos? y me respondo ¡Sí!, existen, ¿si no quién deja bajo el árbol los regalos, quién recoge la carta, quién se come las galletas? Quienes esto hacen son seres reales, y tangibles, que en ese momento se convierten en Magos. Y lo que uno hace no es mentirles a los hijos, sino enseñarles que el mundo puede ser visto así, a través de los símbolos. 
Lo triste es quedarnos ahí, y no ver que ese Niño Dios también es la divina esencia que regala al mundo dones, que los hombres reciben muchos regalos no sólo en esa noche mágica, sino durante su vida, que son regalos que no vienen en envolturas rojas, o verdes, sino regalos que hay que ver con el alma, como se ve con el alma a los padres como Santa, Reyes o Niño Dios. 
Perdón, hijo, porque entonces, a tus seis años, te mentí, espero que hoy que tú también eres papá, no cometas el mismo error. La magia existe, y nosotros somos los responsables de que los hijos sepan verla en cada pequeño don.
YRM


Imagen Pascal Campion

viernes, 13 de diciembre de 2013

De engendrar nuestros monstruos

Épica tierra adentro.

¿No soy el monstruo sin meta ni descanso
que cual catarata brama de roca en roca,
buscando el abismo con avidez rabiosa?
Goethe


"Que la épica está pasada de moda", dijo hace tiempo uno de mis maestros en la universidad… Pero yo me resistí entonces a creerlo y seguí leyendo los cantares de gesta como quien come un pastel delicioso. Con el tiempo devoré poemas heroicos, y enseñé a otros que la épica lejos de estar pasada de moda es una fórmula mítica utilizada no sólo para narrar divertidas aventuras de héroes nacionales, sino para simbolizar profundos avatares de la condición humana…
Muchas son las alegrías que me dan las clases de mitología que imparto, pero  las más son las que surgen con los acertados comentarios de mis alumnos. A ellos debo esta reflexión, que me llevó a cambiar el enfoque de una obra en particular.  Recientemente les narré la historia de Beowulf, personaje de un cantar germánico ampliamente estudiado y disfrutado por Borges. Protagonista ideal para cintas de aventuras, Bewuolf se convierte, en la cinta dirigida por Robert Zemeckis, en un personaje distinto al que leímos quienes conocemos la historia; y, la que en el manuscrito medieval fuera una horrible ogra


 ahora protagonizada por Angelina Jolie es una atractiva y seductora tentación para el héroe…


El cambio en la versión va más allá: mediante este lazo con la "ogra" Beowlf engendra un nuevo monstruo…
Lejos de criticar los cambios dados por la adaptación moderna al testamento literario de poetas medievales, considero que la película utiliza las fórmulas míticas para señalar que somos nosotros los que gestamos nuestros propios monstruos. Si el poema original, escrito en un inglés muy antiguo, revela cómo se lucha contra los demonios externos, la adaptación moderna hace que esos monstruos sean gestados por el propio Beowulf.
En lugar de temer, negar o afirmar que lo nuevo pueda superar lo antiguo, aceptemos las posibilidades que nos ha legado la tradición y contemplemos la épica como un sistema interior donde el ser humano refleja simbólicamente sus luchas, y donde los demonios personales adquieren formas con las que se pueda lidiar.

Nosotros, con nuevas tecnologías, lejos del tiempo en que la oralidad y la escritura eran dos formas de transmitir la literatura, creamos nuevos formatos para la épica, al fin y al cabo lo que ha pasado de moda no es en sí la lucha constante y feroz contra los monstruos, sino la forma de hablar de ellos.


Si te gustó el artículo puedes suscribirte para que te estén llegando nuevas entradas.
Y si quieren un poco más sobre el tema, encontré este interesante artículo en inglés: 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Fiestas de Yule




10 DE DICIEMBRE
MAZ (Museo de Arte de Zapopan)
En punto de las 7 pm

Muy bienvenidos todos los que nos acompañan, autores ilustradores, amigos, público en general, niños, niñas. Esta es una celebración gozosa, el tiempo navideño está cerca, aquí casi no caen copos de nieve pero algo en el ambiente nos hace imaginarla. Y así, imaginando que del cielo descienden leves copos de una nieve blanquísima cerremos los ojos, una flauta nos llevará hasta las montañas nevadas de un mundo mágico para celebrar Fiestas de Yule.

Y abierto este umbral, avancemos...



Palabras de Luz Villaseñor Parra durante la presentación de Fiestas de Yule en el MAZ (Museo de Arte de Zapopan de Guadalajara):

Esta Navidad la empecé a vivir con dos regalos: el primero una invitación que me iluminó el alma, llegaba a algo muy mío: la afición por la lectura, actividad que en mi imaginario, comparto todavía con mi padre (quien partió hace muchos años) pero que me dejó impregnada.
El segundo, un libro rojo…. que venía como un regalo y como un reto: PRESENTARLO…..Acepté de manera automática, con emoción y algo de angustia (ustedes saben en diciembre si algo no nos damos es tiempo).
Decidí que primero seria “mi libro de lectura”, y como para mí la lectura es gozo, me di a la tarea de gozarlo….  de descubrirlo poco a poco. Antes de abrirlo me llamó la atención…. por qué rojo?
Empecé a manipularlo, a sentirlo: la edición era magnifica, muy cuidada en todos sus elementos.  Lo fui abriendo como un tesoro…. Y ya si no!!!! Contenía 19 cuentos de 13 escritores diferentes y sí, también incluía ilustraciones, pero cada una completamente diferente a la otra.  Al momento confirmé que eran elaboradas por diferentes ilustradores, ¿cuál sería la razón?  
El titulo me llamó la atención: “Fiestas de Yule”, a qué se refería, de donde se originaba….?  Un primer impulso fue buscar en google el significado de “Yule”, pero no, me contuve con la intensión de descubrirlo a través de la lectura.
Me dispuse a leerlo desde el corazón.  A saborearlo, a gozarlo…

Desde el primer cuento el libro se abrió como el tesoro que es: cuentos en torno a la Navidad, producto del taller "Autores Mágicos", me gustó la propuesta y, como al efecto de un imán,  me vi motivada a conocer a los autores a través de sus escritos.
Mi primera idea va al hecho de su producción, hombres y mujeres que se comparten a través de su escritura, sus historias, su cosmovisión….Y yo creo que más de alguno estaba compartiendo su propia experiencia en torno a la Navidad.
Las historias narradas me llevaron a un viaje imaginario, no solo por diferentes lugares, sino épocas, creencias, sueños, esperanzas en los que niños y adultos se mezclan en la magia de la Navidad.
                                               
Siempre me ha llamado la atención el que se escriban cuentos para “adultos”, por lo general relaciono el estilo literario a los niños, a esas historias que les contamos y que van construyendo su mundo.  En estos cuentos Navideños ha sido sencillo responderme, ya que al adentrarme a la lectura (como una adulta que soy) de pronto brotaba mi niña y las historias me llevaban a una danza entre las dos.
En ellos aparece la familia como el centro, personajes presentes y ausentes que viven y transmiten tradiciones, rituales y costumbres.  En todos ellos hay algo mágico que solo se puede descubrir desde el corazón: los sentimientos que despiertan que confrontaran al lector (creo yo) a su propia experiencia en torno a la Navidad y que nos abren diferentes manera de vivirla.
Cada cuento es totalmente diferente a los demás, en unos la historia nos lleva a los típicos regalos que se esperan en la noche de Navidad: reales e espirituales, en otros la relación entre los personajes familiares presentes y la añoranza por los ausentes, los alimentos que se comparten, el cruce de simbología entre una cultura y otra, aparecen los personajes típicos que se han creado y nuevas propuestas, el contraste entre familias de escasos recursos y otras en las que abunda la riqueza,  etc.  Me puedo aventurar en que en todos hay dos elementos comunes: los recuerdos, la esperanza….
Otro elemento importante y cuidado en la antología, es la relación entre el mensaje de la historia y la ilustración.  Para mi fue como un elemento provocador, partir de la ilustración y luego leer el cuento, al final volvía y la gozaba…..
Me parece enriquecedora la participación de nueve ilustradores, porque aportan diferentes expresiones plásticas y logran a través de ellas ser un elemento que motiva a la lectura.
Al terminar el libro, se me quedan en el alma las historias y me invita a abrir mi sentido de “Navidad” a otros…..
Por último el título, al finalizar mi lectura me doy permiso de investigar que significa “Yule”, y al hacerlo me doy cuenta de que se refiere a una fiesta Pre-Cristiana que pertenece a la mitología nórdica, que al igual que nuestra “Navidad” se celebraba en el solsticio de invierno, una fiesta en familia que ofrecía la oportunidad de recordar ancestros, amigos ausentes.  Una celebración en torno a la mesa donde un ingrediente era la hospitalidad.    Entonces hago mi último descubrimiento….. El titulo también abre una historia, historia que incluye juego de palabras y su significado, que lo puedo traducir como una invitación a unir tradiciones, rituales milenarios, a vivirnos como parte de una historia en una aldea global.

Luz Villaseñor Parra

Diciembre 10 del 2013



Y aquí las palabras de la escritora Tessie Solinís Casparius que también compartió su experiencia con Fiestas de Yule:
Las fiestas de Yule (proviene del nórdico antiguo: Júl) es una festividad que se celebra en los pueblos nórdicos cada solsticio de invierno, está relacionada con la mitología germana y con el paganismo nórdico. 

Pero también es el más reciente título editado por la Editorial Salto Mortal en donde se disfrutan 19 relatos navideños, cuentos cortos que nos muestran distintas versiones de un misma festividad.

Yolanda Ramírez, (coordinadora de la publicación) nos advierte en la primera frase del libro: “El sincretismo religioso permite que durante siglos las fiestas que los hombres celebran sigan conteniendo el símbolo original”.

Así pasamos a "La primera navidad del mundo", escrito por Yolanda Ramírez en donde imaginamos origen del hombre y su contemplación de las estrellas, el deseo de agradecer lo que nace y muere. 
De ahí, una muestra del sincretismo religioso en "Xaureme, wamatsika (Xaureme, el hermano mayor)" escrito por Sandra Paz Wirikuta, emotivo texto en donde vemos como dos culturas pueden compartir el mismo momento. 

Con "Un feeérico cuento de navidad", le damos lugar a la fantasía y a las hadas que habitan bosques misteriosos, texto de Nicte García Yuen, ilustrado por L.E. Mitzy.

La navidad también puede ser motivo para hacer amistades, como lo leemos en el simpático relato "Los 12 días de navidad (breve historia de un Nene y un pavo)" de Luisa Amelia Bañuelos.

En "Regalos especiales" de Yolanda Ramírez reflexionamos acerca de la importancia de los deseos de poseer o de no olvidar, lo material y lo inmaterial…de cómo todos tenemos esos anhelos.
Con "Ese año había más trabajo que nunca en el taller" de Flori Pérez, nos damos cuenta de las historias detrás de los juguetes, no sólo de quienes los fabrican sino de quienes los atesoran.

En "El deseo de Lina y Pau", de Paulina Álvarez, volvemos a la magia con un relato relacionado al pino navideño.

"Navidad en aprietos", de Yolanda Ramírez, una historia en donde en una casa en donde cabe el amor, a pesar de pequeña, hay lugar para el árbol más grande.

En "Papá Miguel" de Cristi Flores, vemos la infancia del que más tarde podría ser Santa, en una historia que nos hace recordar a los abuelos y sus aficiones por algunos juegos y juguetes.

"El fruto prohibido" de Yolanda Ramírez es un buen ejercicio de similitudes entre el deseo de Eva con la manzana y una necia pequeña por una esfera rojiza.

"La estrella del abuelo", de Cristi Flores, nuevamente nos recuerda a los abuelos, la tradición y emoción del montaje de adornos y la melancolía que esto representa para muchos de nosotros.

En "La Navidad sube y baja", de Carlos Suárez, nos vemos reflejados en los que tienen y los que no, en un interesante juego de realidad ficción de su personaje.

"Navidad en la selva", de Nimemy Marhx Gama, un relato navideño, con animales salvajes y la importancia de la convivencia.

"El Gran artista", de Cristy Flores, relato sobre un personaje que pinta el universo para beneplácito de quienes lo contemplamos.

Con "P.D. Nunca olvido cepillarme los dientes", Karla Medrano nos comparte un simpático relato en donde una niña llamada Lucy hace un trato con el hada de los dientes.
"El regalo", de Luisa Amelia Bañuelos, escuchamos un relato entre niños que bien puede suceder, ejemplo de cómo se debate entre creer y portarse bien a lo largo del año, o asumir las consecuencias.

En "Pavos y baños, crónica de una extranjera que reside en Ajijic", de HarrietHart, llemos la visión de una persona que nos narra cómo experimentó una de sus navidades, entre tartas de melocotón y baños por arreglar.

"Stille Nacht" de Robert Bruce Drynan, es un relato histórico en donde podemos ser partícipes del festejo en tres distintos momentos de la vida de un soldado.
"El árbol de la vida" de Sebastián Okami, es un relato corto en donde nos narra las navidades después de la guerra, texto que nos invita a reflexionar sobre la paz.
El trabajo de los ilustradores: Ángel Campos Frías, Bea Ortiz Wario, Casús Olivas, Carlos Jiménez Velado, Jorge Díaz, L.E. Mitzy, Mariana Pérez Villoro, Natalia Ramos Álvarez y Yolanda Michel Castellanos, son la cereza del pastel, que con diversas técnicas acompañan y enriquecen los distintos relatos.

Las Fiestas de Yule es pues, un libro que debe leerse en casa en las vísperas de las fiestas, en donde nos reunimos en familia a recordar el propósito de la navidad.

Muchas gracias.
Puedes pedir Fiestas de Yule a Cuentos a tu casa. o ir a El Carrito de los cuentos, también está en Gonvill ($250).








Felices autoras participantes de la antología.

Enuma Elish presentación en Chapala