lunes, 9 de enero de 2012

Oniromancia

Hablar acerca de los sueños resulta siempre  inquietante, el tema activa las fibras de nuestro íntimo universo, representa un mundo de misterio e incalculable asombro. Ya lo dice Erich Fromm en su libro El lenguaje olvidado: “no soñamos nada que no sea una importante expresión de nuestra vida interior, y todos los sueños pueden ser entendidos siempre que tengamos la clave para ello”. 


A finales del siglo XIX  Freud investiga sobre la vida onírica y escribe  La interpretación de los sueños (1899); antes de Freud, el tema era una especie de frontera a donde muy pocos se aventuraban. Posteriormente, su alumno  Jung se compromete también y amplía la investigación del estado onírico. Así se inicia con una serie de propuestas teóricas que sientan las bases de los actuales conocimientos sobre la materia. Sin embargo, lo que pareciera un logro de la sociedad moderna, contemplado diacrónicamente, no es sino el ropaje flamante con el que se viste un  conocimiento  ancestral conservado y trasmitido por años, oculto unas veces, manifiesto otras. Las culturas arcaicas sentían un profundo respeto por el tema de los sueños;  prueba de ello son los sistemas de interpretación que desarrollaron a fin de conocer mejor  lo que consideraban fundamental: el interior del hombre.


En la antigua Sumer (2,500 a. C.) se desarrolló un método de interpretación de los sueños muy parecido a lo que los psicólogos de la actualidad manejan, y muy parecido a lo que Freud, Jung y Fromm exponen en sus obras. Hay noticias de esto gracias a la traducción de las tablillas de arcilla encontradas por los arqueólogos en las excavaciones de 1850 en la zona del actual Irak. En dichas tablillas se cuanta la historia de un rey, Gilgamés, que realiza un ritual antes de enfrentar una arriesgada aventura. El ritual consiste precisamente en dormir, sentado, abrazando sus rodillas, rodeado de un círculo de piedras blancas, en el interior del templo. Los sueños que se tenían en dichas condiciones eran interpretados por los sacerdotes quienes explicaban  al soñante, traduciendo el lenguaje simbólico del sueño,  qué podían esperar de la experiencia. Dicho sistema ha sido conocido como oniromancia, palabra que deriva de los términos oniro- sueño y mancia-adivinación, adivinación a través de los sueños. 

Los antiguos sumerios sabían muchos siglos antes que nosotros de la importancia de las nocturnas revelaciones del inconsciente. Para ellos los sueños señalaban al durmiente secretas advertencias, sabios consejos, terribles temores y oscuras represiones, asimilarlas como parte de la vida era trascendental; todo este mundo estaba contenido en el centro mismo del soñante, quien sabe sin saber y sólo puede escucharse a sí mismo en la íntima libertad de un sueño profundo.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Simbolismo del escudo nacional mexicano, y más...


Más, ¡ay, es sólo un espectáculo!
¿Por dónde te asiré naturaleza infinita?
Goethe

¡Nuestro escudo nacional: símbolo iniciático universal! 
Una alada criatura, emblema de lo celeste, somete a la serpiente, animal asociado al inframundo.  Simbad el marino, antecesor de Odiseo, de Marco Polo y de todos los exploradores -históricos o míticos- encuentra en uno de sus viajes un gran pájaro que devora serpientes, es uno de los pasajes más importantes porque llevan al héroe hasta un tesoro.  Los alquimistas también exponen cuestiones filosóficas con estos elementos, sus dibujos son la escritura del inconsciente que revela, sin racionalizar, las aventuras interiores.


Los griegos, por otro lado, también nos han legado imágenes con este simbolismo: las dos serpientes entrelazadas del caduceo son el reflejo del equilibrio entre fuerzas antagónicas. Además, representan el eterno movimiento cósmico, base de regeneración y de infinito. Aunque en este caso las alas no pertenecen a un personaje antagonista de la serpiente, sino que  expresan la rapidez con la que el mensajero de los dioses se movía de un lugar a otro.


Horus, importante  dios de la mitología egipcia, fue representado como un halcón, y, como símbolo del héroe solar, derrotaba a diario a la serpiente Apofis, la oscuridad. En algunas regiones se le consideraba iniciador de la civilización en Egipto, ¡cuánta semejanza con el augurio sobre la fundación de Tenochtitlán!
¡Vaya, en el imperio romano bizantino existía ya un símbolo muy similar al de nuestro escudo!


La India tiene a Garuda, pájaro mítico, considerado un dios menor (o semidiós) en el hinduismo y en el budismo. Generalmente su icono es el de un águila gigante y antropomorfa: cuerpo humano de color dorado, rostro blanco, pico de águila y grandes alas rojas. Es jefe de la raza de las aves y enemigo de la raza de las serpientes… 



El águila que devora una serpiente es tan antigua como los inicios de la civilización. En Sumeria, hace cinco mil años, el héroe Marduk,  símbolo del nuevo orden, representado en ocasiones como un personaje con alas, derrotaba a la que antaño se consideró la diosa suprema, una serpiente.
En todas estas versiones que reúnen un personaje alado y una serpiente, hay expresiones universales que debemos interpretar desde un sistema mítico y no literal. Todo parece indicar que las primeras palabras nacieron como onomatopeyas (reproducciones fonéticas de los sonidos de la naturaleza), y de la misma manera que la palabra hablada nació a partir de esa reproducción de la realidad percibida por el oído, la escritura intentó al principio reproducir "la palabra de la naturaleza", y lo hace con lo que yo llamaría "onomatopeyas simbólicas visuales", me explico: el hombre veía la naturaleza, esta le hablaba a su espíritu y de ahí salía el código: imágenes con significado muy complejos, significados derivados de la misma entraña de la vida natural, palabras nacidas de las características de cada ser vivo en el entorno humano, de cada paisaje, planta, animal, todo lo que lo rodeaba. El alfabeto del mundo se desplegó en un abanico exuberante de formas que le entregaban al hombre sus significantes prístinos. Así, el lenguaje es al principio el espejo sonoro de la naturaleza, y la escritura, el espejo pictórico de la vida natural, que hablaba con sus propias palabras simbólicas y profundas. Hoy nuestra escritura está ya  muy lejos de esa relación debido al sistema fonético de nuestro alfabeto , totalmente descontextualizado de la naturaleza y el mundo. Por eso es que los símbolos, aunque conservan su poder, nos resultan herméticos y misteriosos. Este recorrido intenta mostrar cómo esa imagen que ondea con el viento en nuestro lábaro patrio es un código universal que simboliza del triunfo de un poder sobre otro.
En la religión cristiana la serpiente debe ser derrotada, como en Egipto, Mesopotamia, Grecia, América, Europa, etc. La mitología es mediadora de las verdades interiores y las formas externas que la reproducen, herramienta original para narrar las aventuras del hombre. Un águila es la palabra celeste, una serpiente la terrenal, o incluso infernal, pues recorre las entrañas de la tierra (la connotación negativa surge a partir de las posturas dominantes, durante milenios la serpiente fue considerada divina, la tierra y la naturaleza con todos sus misterios y alquimias interiores era sagrada). El águila y la serpiente son dos palabras de la naturaleza, onomatopéyicas en sentido simbólico, es decir que reproducen con eco de vida animal su relación con las experiencias humanas: al ver un animal éste nos remite a su esencia, accedemos en automático a su entorno, nos permeamos de su contexto. Digamos que hablan sin hablar, son y ya. En sí mismos contienen reminiscencias, ecos, pautas de conducta, son mucho más abarcantes que la palabra misma que los designa.

El águila devorando una serpiente tiene otras lecturas cuando nos llamamos ciudadanos del mundo, ya no habla sólo de México o los mexicanos, ni de una leyenda fundacional, habla del hombre, de un sistema celeste que domina a uno terrenal, o de una vinculación del mismo… de cómo demonizamos la otredad, del triunfo de unos sobre otros, del cambio de poderes, de los procesos alquímicos, espirituales, herméticos. Los misterios del águila y la serpiente están ahí para los exploradores valientes que se animan a la indagación profunda de las esencias de la vida.

Yolanda Ramírez Michel

martes, 20 de diciembre de 2011

El fruto prohibido.



Marjatta la doncella altiva,
avanzó a contemplar la baya,
a recoger el bello arándano
con sus fijos y suaves dedos
con sus manitas delicadas…
Fragmento del Kalevala


Marjatta contempló de lejos el árbol… un fruto colgaba de sus ramas, parecía una esfera, y brillaba como las estrellas.
-No te acerques a ese árbol, Marjatta- habían ordenado.
Pero la tentación era muy fuerte…
Marjatta se acercó al árbol. La luz del fruto que colgaba de aquellas ramas había comenzado a emitir un destello musical que sólo ella escuchaba.
-¡No te acerques!
Marjatta dio otro paso hacia el árbol; tropezó con algunos regalos, salieron de sus cajas varios juguetes nuevos, perfectos y atractivos, que la llamaban para que desistiera: tómanos, nosotros no te daremos problemas… pero ella ignoró las voces de los obsequios regados por el suelo; despreció el lujo y su fulgor. Avanzó como quien se desliza por un lago, el breve espacio que la separaba de aquel fruto se expandió y sintió que no daba sólo un paso, sino varios… cada uno resistiendo las advertencias: no te acerques…
Finalmente estaba ahí, a unos centímetros  del fruto, la roja esfera reflejando su rostro… el árbol, con todo su verdor comenzó a cantar, el fruto murmuró: tómame, niña, prueba el fruto, arriésgalo todo.
-¡Marjatta, no toques eso! ¡Niña rebelde!
-¡¡¡Marjatta!!!- gritó su padre como quien lanza una bala de cañón…
Ella alzó su mano, lentamente… jaló. ¡Nada!, estaba bien firme. Las advertencias aumentaron:  ¡Marja…! Volvió a jalar… el árbol entero se inclinó hacia ella, como gentil gigante que se acerca a un niño. Jaló de nuevo. ¡¡¡Marjatta!!!, gritaban con desesperación, rabia, miedo…

El fruto se desprendió… la rama del árbol onduló…
Luego se vino abajo todo: el árbol, los adornos, las luces; todo se desplomó con un estrépito de espejos, rumor de hojas, profusión de papel y ecos ahogados.
Marjatta sostiene el fruto, piensa que valió la pena. Su padre la expulsó de la sala mientras refunfuñaba, y su madre se lamentaba por la pérdida de los valiosos adornos… Marjatta piensa que valió la pena.

Publicado en el periódico Mural el 20 de Diciembre del 2011

La autora, Yolanda Ramírez Míchel, es poeta, narradora, ensayista y editora. Obras publicadas: "El Gran Niño, Electrones de un Sueño,(2006), Jacinta (2008),  La Maestra Milagros(2009), Palingenesia (2011) y Los mitos del alba (2011).


La ilustradora, Mariana Pérez Villoro, pertenece a Molusc, productora independiente; escribe, ilustra y diseña.  Conozca su trabajo en www.molusc.com


domingo, 18 de diciembre de 2011

Salvar Wirikuta, el corazón sagrado de México.

18-dic-2011


Y retiembla en sus centros la tierra ante el avance de un proyecto extranjero: las concesiones otorgadas a mineros canadienses amenazan la supervivencia de territorios sagrados de una de las culturas prehispánicas mejor preservadas en el mundo: el pueblo Wixárika (indígenas huicholes). El lugar implicado en el proyecto minero es considerado por los huicholes como el centro donde se creó el mundo, ahí se llevan a cabo importantes ceremonias sagradas, mismas que se verán afectadas por la extracción de minerales argentíferos. Perturbar sus cultos equivale a asestar un golpe mortal a su supervivencia. Y sin embargo, este problema nos involucra a todos los mexicanos, no sólo al pueblo wixárika, sin el rescate de la tradición somos como un huérfano que pierde sus orígenes: seres extraviados en un mundo donde los rostros son máscaras que se compran según las conveniencias del mercado global, rostros sin alma. En el México actual, la sangre de los colonizadores se ha incorporado en mayores o menores proporciones a la sangre aborigen, diluyendo, al mezclarse, el orgullo que debería imponernos semejantes antepasados; algunos grupos autóctonos mantienen la pureza de sus raíces, pero tristemente parece que sólo sirve a la secretaria de turismo para anunciar México como un país mágico. Si estamos tan orgullosos de esos monumentos que se alzan con el esplendor del mundo antiguo, ¿por qué perdemos de vista que son la manifestación de una cultura soberana que dejó de existir, no por falta de excelencia, sino por circunstancias de dominio y explotación violenta…? ¿No estamos haciendo lo mismo ahora? Nos estamos convirtiendo en colonizadores fríos de los pocos restos de patria que nos acoge.



“¡Wirikuta no se vende! ¡Se ama y se defiende!” es el grito que resuena como un eco, ahora menos sumiso, de aquel discurso pronunciado por el Jefe Seattle en enero de 1854, cuando fue obligado a vender sus tierras. ¿Está nuestro gobierno comprendiendo que no todo lo que está de por medio son intereses económicos; que los wixárika buscan conservar un lugar sagrado porque que aún recuerdan sus orígenes, porque aún conservan una relación con la madre tierra y ven sus cerros como pechos de madre que amamanta? Esta  defensa del territorio por los indígenas equivale, reducido a escala familiar, a guardar los recuerdos de familia al amparo de manos ambiciosas, manos que fundirán la cadenita de oro que rememora el nacimiento del primogénito, para convertirla en dólares. ¿No deben los líderes políticos defender a sus pequeños hijos?

¿Qué México se construye así, con la inclemente desnaturalización de los orígenes, cómo seguir orgullosos de las pirámides y los pueblos mágicos si no son la esencia de México sino sólo otro más de sus trajes vistosos? Ciertamente la congruencia no está muy de modo en nuestros días, ciertamente esto manifiesta una anti-cultura que se vende al mejor postor, ¿queremos seguir por ese camino?  Ante el mundo entero esta es una afrenta terrible, el sitio sagrado no sólo pertenece a los Wixárika, sino a otros grupos indígenas, a grupos no-indígenas, y a comunidades mexicanas e internacionales que creen que la Sierra de Catorce y el desierto a sus pies es uno de los centros espirituales más importantes en el mundo.

Ojalá que México dé el primer paso en la toma de decisiones sanas, está claro que el capitalismo ha dejado secuelas que debemos sanar. Está claro que este tipo de decisiones ilustran muy claramente los dos caminos por los que el hombre puede transitar. La elección está en las manos de los dirigentes, ojalá sean tan sabios como lo fue el rey poeta, Nezahualcóyotl, quien se educó en las tradiciones y legó a México su nombre, del que podemos sentirnos orgullosos.


Pasarán los días y nosotros pasaremos, pero los nombres sagrados no pasarán, se quedan para siempre, como manifestaciones de lo que el hombre considera valioso. ¿Quién entrega su casa a los ladrones para que despojen los muros de las fotografías de familia; para que demuelan  estancias donde se vivieron acontecimientos felices; para que quemen las actas de nacimiento y los registros que atestiguan los orígenes? ¿Quién despoja a su árbol genealógico de las raíces, para que caiga, cual débil gigante, a los pies de un adversario hostil?


domingo, 6 de noviembre de 2011

Mapas Cósmicos Mesoamericanos, libro de Raúl Aceves.

Texto leído en la presentación del libro del Maestro Raúl Aceves.



Mapas Cósmicos Mesoamericanos, instrucciones para vivir en el espacio-tiempo místico....

Siempre se agradecen las instrucciones…, sobre todo cuando sirven para maximizar la utilidad de algo, y sin embargo, sobre el tiempo, el tiempo que es visto por la civilización occidental como supremo dictador de rutinas, inclemente devorador de años, flujo de secuencias en línea horizontal…, sobre ese gran Cronos sangriento ¿quién nos instruye?
¿Quién nos dice cómo hacer para que deje de gobernar sin piedad nuestra vida, cómo volver al tiempo un aliado en el que depositemos confiadamente nuestras actividades? Me preguntaba esto y Cortázar apareció con una propuesta:” Instrucciones para dar cuerda al reloj”, pero la respuesta aunque juguetonamente profunda me mantuvo en la misma línea recta del tic, tac, tic, tac… constante y equidistante, como las marcas de una regla… Afortunadamente, de manera más extensa, mítica, documentada, y no por ello menos amena, Raúl Aceves nos presenta con el titulo de Mapas cósmicos mesoamericanos, un manual para intuirnos como seres del tiempo, íntimamente relacionados con las energías señaladas tradicionalmente como horas, días, años… y que bajo la mirada de un poeta pueden tener denominaciones mucho más latentes y significativas.

Veamos un ejemplo de cómo estos desfases de tiempo pueden ser ilustrados por algunos observadores de lo preternatural: Cuentan los que saben que entrar al mundo de las hadas es alterar sobre todo las mediciones tradicionales del tiempo, cuentan los que saben que ahí los años pasan mucho más lentamente y que si acaso logramos atravesar el umbral, al volver ya nada será igual. Pueden ser las hadas, o los sueños…


Y si no queremos quedarnos en eso de que nos cuenten, podemos observar por nosotros mismos que cuando leemos, parece que entramos a una dimensión donde se ralentiza la eternidad misma. Salimos del libro asombrados al contemplar que afuera de aquellas hojas ya se hizo de noche…
Raúl conoce de estos túneles, pasadizos directos al misterio y creo que deseó, mediante su propia búsqueda, desarrollar un manual, una guía, o para ser más fieles al título del libro: un surtidero de mapas que antiguos sabios nos legaron.

En una odisea hispánica recorrió no islas, sino maestros de la tradición y en lugar de perder a su tripulación durante la travesía, llenó su morral de palabras floridas. Joyas de “Auténticos Mexicanos” que nos quiere compartir. Casi dos páginas suman los nombres de los guardianes de la tradición, con los que ha tenido la fortuna de contactar para que nosotros, hoy, recibamos mapas e instrucciones para ver algo más que el pausado acompasamiento de unas manecillas anodinas.

Aun cuando aparentemente estamos frente a un libro de consulta, una mirada más atenta revela el grimorio. Se necesitan otras pupilas para detectar el guiño con el cual nos lleva hasta la tierra sagrada de los poetas, la tierra donde la palabra nos trasciende y se convierte en vehículo de otras realidades, la palabra mítica por excelencia que guarda los secretos universales y trascendentes. La palabra simbólica milenaria que surge antes de que la misma palabra surja y antes de que la misma escritura fonética se manifieste, la palabra que se “ve”.

Dividido trinitariamente, a la manera mística, Raúl comienza el primer apartado de su libro con una cruz,

 la cruz de los cuatro rumbos, donde habremos de crucificar los conceptos tradicionales del espacio geográfico, para que resuciten transformados para el espíritu. El norte, blanco, como una vestidura celestial; el sur receptáculo del amarillo que fertiliza; el este, latiendo en rojo destello de sangre, ofrenda para el día que nace; y el oeste, ennegrecido augurio del secreto inconsciente. Estos colore y direcciones son el primer mapa que quiere develar.


En el segundo apartado temático, Raúl explora el movimiento en el cual esa cruz está inmersa. Y como todo lo vivo, en eterno cambio, la cruz de los cuatro rumbos se trasforma en los días y los meses nacidos del vientre de los dioses.

Y los días, son dioses, y los meses son dioses, y así, lejos de sentir el tiempo como un tirano yo siento, gracias a la directriz de mi amigo Raúl, ¡el tiempo como un regazo…! y con la ayuda del manual entiendo si el dios que me acoge es un dios de tristes melancolías o de alegres sobresaltos, juguetón como el mono; o acaso, es un dios laborioso que no me dejará descansar; o uno que desea la meditación serena… o el compromiso con el amor, o el ritual sagrado. Y así, no lucho con el dios que cada día o mes se manifiesta bajo las energías de una matriz universal, sino que me integro apaciblemente con la sabiduría que cada día proporciona, y entiendo si es el tiempo de los discursos largos, o el de los poemas breves, y no me convierto en célula cancerosa que se aparta del conjunto para crear tumores, sino que me integro al gran tejido cósmico.

Y en ese tapiz estelar hay esencias guardianas, astros y constelaciones que circulan vigilando el orden universal.
Señores del día y de la noche cuyos nombres, ¡que son poesía!, nacen de las actividades del sol:
Taan u baan jun k´ay t´el/ los gallos cantan en coro.
Tan yak abta/ ya está llegando la noche.
Aunque en la señalética tradicional de los géneros, esta obra no es una novela, ni un poema, mapas cósmicos favorece que se detone interiormente la narración del recorrido personal a través de los mapas biográficos. Y se manifiesta como poesía cuando te lleva a través de imágenes y armonías a la intuición de que los cambios están ahí para que te subas a ellos y no para que los resistas y te atropellen…
La tercera parte del libro ya lo afirma como puente de coincidencias que permite relacionar lo universal con lo étnico. En estas páginas encontré pasajes directos hacia otras geografías míticas, estaba ahí la numerología, los arquetipos del Tarot, la cábala, los personajes mitológicos. Otros nombres, otra apariencia, ciertamente, pero la naturaleza, la misma: suprema sustancia del universo, tabla periódica de elementos místicos. Los nombres dados por cada una de las culturas a esas energías o manifestaciones de orden no material, parecen, luego de comprobar lo universal de sus manifestaciones, un traje que se quita y se pone sobre el sagrado cuerpo de lo esencial, eso nos permite respirar aliviados, sobre todo después de presenciar las peroratas que se lanzan de una religión a otra, veamos un ejemplo: (El tres maya corresponde a Hunab Ku, que es uno y trino a la vez.
 Y el cuatro Kan, representa las cuatro fuerzas esenciales que sostienen el universo creado, ¿los elementales?), o inclusive el libro propone la reivindicación de una esencia: el trece deja de ser nefasto para tornarse símbolo de la paciencia que ha visto el desarrollo de todo el círculo de la vida. O se convierte en el resultado de los doce apóstoles y Jesús, o los caballeros de la Tabla Redonda y el Rey Arturo. O las doce tribus de Israel y Dina….
Este libro, para mí, es un amoroso mapa, cuyas secuencias me resultaron poéticas, no sé si porque Raúl por ser un poeta las detectó, o si Raúl, por ser un poeta las reprodujo así, o si Raúl y ellas son armonías que se encontraron…
Lo sanador es que en Mapas Cósmicos Mesoamericanos encuentro una inversión total de los agobiantes “valores” de una cultura material. Aquí no privan los cambios en la bolsa sino en las pulsiones del corazón, Y son más los señores del día que los señores de la noche.
¡Gracias Raúl!, por tus palabras, son llave para abrir esta ruta, el mapa sagrado hacia la profundidad de nuestras almas.



lunes, 11 de abril de 2011

Sherezade contra un Sultán furioso…

Artículo Ocho Columnas 11 de Abril 2011
No hay lugar a donde puedas escapar de la violencia,
si la violencia está en tu propio corazón…

¿Qué sucedería si nos jugáramos el cuello cada vez que contamos o escribimos una historia? ¿Qué le pasaría a las editoriales si cada libro malo o aburrido les costara la cárcel o lo que es aún peor la muerte de los responsables? Y qué decir de tantas palabras escritas que pueblan el mercado y no dejan sino el hastío o lo que es peor un vacío profundo…
El clásico universal Las mil y una noches cuenta la siguiente historia: sucedió que un día el Sultán de un lejano reino descubrió que su mujer lo traicionaba; ante semejante afrenta decidió que ninguna mujer lo volvería a engañar, y para ello sólo había una solución: cortarle la cabeza a cada una de sus futuras esposas a la mañana siguiente de la noche de bodas. Desfilaron por el palacio varias vírgenes y hubo tal derramamiento de sangre que las mujeres al parir temían con toda el alma que el fruto de sus entrañas fuese una niña.  El reino que antaño florecía comenzó a languidecer pausadamente. “Esto no puede seguir así”, pensaba Sherezade (como era hija del visir del rey su padre había logrado mantenerla a salvo), “debo ayudar a mis congéneres, detener la masacre, que termine el derramamiento de sangre, la violencia, el horror”. Y la hermosa joven se ofreció a ser la siguiente esposa del rey, segura de que un plan sabiamente fraguado en su interior podía funcionar, era una mujer que leía ávidamente historias sagradas y se dedicaba a pasar las tardes escuchando a los sabios contar sus fábulas…
Cuando llegó la noche de su boda, Sherezade pidió al Sultán permiso para terminar de contar a su hermana menor un cuento que había dejado inconcluso. Para los sultanes las historias narradas bajo una cálida noche estrellada eran algo así como para nuestros hombres los partidos de fut-bol (con la debida distancia que ello implica, por supuesto), o para mucho asistir a una sala de cine. Por ello el Sultán decidió permitirle a su mujer que contara un cuento, no sólo para su hermana, sino para él mismo, al fin y al cabo no sucedería nada si aplazaba un día la ejecución de su nueva esposa... Sin embargo, nuestra astuta protagonista comenzó un abanico de historias que no cabían en una noche, sino en mil. Sherezade construyó un sistema de narraciones que no terminaban nunca, cada noche los personajes se abismaban en historias que nacían dentro de las historias, y así, era imposible llegar al final. El Sultán aprendió mucho de la condición humana a través de las historias fantásticas que escuchaba antes de dormir, día a día los ejemplos en los cuentos servían para solucionar los conflictos dentro de su corazón, y como consecuencia terminó por volverse un sabio gobernante, además, como era de esperarse, se enamoró de su mujer.
Cuánta responsabilidad, compañeros escritores, entregar algo que salve las vidas de esta sociedad masacrada, ofertar propuestas que resuelvan la barbarie, pero hacerlo con la sutileza de Sherezade, porque la violencia engendra violencia, y la única manera de enfrentar un Sultán furioso es con sabias estrategias de educación.

jueves, 17 de marzo de 2011

Sobre la cuenta larga del calendario Maya.

El pasado está delante y el futuro ya ocurrió…

Entender el calendario maya en su compleja integración de ciclos es ahora más que nunca de interés general. El mundo enfrenta sucesos apocalípticos y provoca en los espectadores una suerte de pánico que sólo la información puede calmar.
Los mayas consideraban el tiempo como algo circular (para la mayoría de los hombres desde hace algunos siglos el tiempo es algo lineal que un día tuvo un inicio y en algún determinado día tendrá un final, una línea en cuyos extremos se alza el abismo). Para los mayas en cambio el tiempo estaba vivo, cada día, cada mes, cada año,  era considerado en sí mismo un dios que danzaba al son de distintas melodías, ora de catástrofe, ora de paz, ora de grandes portentos; en ese entendido cada dios y su danza particular  eran registrados metódicamente  y en la observancia de sus retornos se les adjudicaba un ciclo, y no había finales sino nuevos comienzos. En esta atenta mirada del tiempo los mayas veían que los dioses volvían con puntual asistencia de fecha, para repetir su danza, esto les dio la capacidad de prevenir el futuro simplemente revisando el pasado. Por otra parte, el calendario maya ligaba los distintos planos temporales, el acontecer humano regido por eventos históricos no estaba para ellos desvinculado a los ciclos cósmicos, era como la sangre en un gran cuerpo vivo que ora duerme, ora despierta…
Para el hombre que contempla el devenir histórico bajo la lente de una respiración cósmica es más fácil entender que las cosas que un día sucedieron son susceptibles de repetición.
La cuenta larga del calendario maya llega a su final…, esa tan anunciada fecha no es sino el punto de un gran ciclo cósmico que anuncia una regeneración mundial, no un fin apocalíptico sino una palingenesia sanadora. Es necesario que el hombre moderno que un día se irguió en el planeta y aprendió a usar herramientas, y que luego ganó a pulso de aventuras maravillosas el nombre de homo sapiens, ahora evolucione en mayor medida hacia la espiritualidad, potencial inmenso que vive en el corazón humano y puede realmente conmover el universo.
Admiro al hombre que somos, y todos los avances científicos, tecnológicos e intelectuales logrados, pero hay misterios que se revelan sólo al interior del ser humano que busca la verdad. No es el temor el sentimiento adecuado para afrontar el avance del tiempo, sino la conciencia plena de los actos que apoyarán la construcción del nuevo mundo que se anuncia.


http://www.informador.com.mx/cultura/2011/341431/6/mayas-preveian-retorno-de-un-dios-en-2012-y-no-fin-del-mundo-segun-experto.htm

viernes, 4 de febrero de 2011

El poema...


 Hilo de voz rescatado
desde la nausea,  el asombro, o el éxtasis,
hilo que teje lo que en el silencio hay de signo,
 y de algún modo revela  lo impronunciable.
 Mariposa, o cuervo
 que se remonta del corazón al pensamiento,
 las palabras son su vuelo, abandonado.

 El poema es un sueño a la mitad del día
lucidez en lo más hondo de la tenebra.
Justificación que absuelve un crimen;
pirámide enterrada como iceberg,
urna del misterio,
estalactita en la gruta del alma.
Es el grito de la sangre alzándose con las amapolas
sobre los campos de batalla.

 Es  ofrenda en el altar para las libaciones…

El poema trae consigo la iluminación y el desvarío; 
la dicha y el delirio;
la perdición, la redención;  
la memoria  del abrazo
entre Luna y  Sol, el primero de los días.

En el poema hay fantasmas que se enredan en la piel
o carne que desaparece en la trasparencia de una sílaba muy dulce;
puntas de pedernal  muy antiguas que delatan presencias milenarias;
 animales de continentes que aún no se descubren,
 los nombramos anticipadamente para que lleguen por el horizonte.

En las faldas del mar, plegadas en la arena
hay palabras de sal, que aguardan
como besos agudos que no se han entregado.
Sobre las plumas de una golondrina también hay  bienvenidas.

Entre las arrugas de una pata de elefante canta el polvo de su necrópolis.
Las garras de los leones escriben sobre la selva
crónicas de sangre que sólo los hombres que los cazan entienden.

En la nieve hay  lenguas
con muchos nombres,  sepultadas.
Muertes inconclusas buscando quién pronuncie sus últimas palabras.
Cielos de otros colores, no siempre azules…
¿a dónde irían los imposibles a gestarse
sin los caminos de un verso que alumbra su informe geometría?  
¿Quién dará al mango el sabor de una lágrima,
quién enhebrará una aguja con toda la paja atravesándola como a un inmenso umbral?

 Desde el poema la estatua  grita
que ha sido mancillada con la historia de Lot,
que la Gorgona no castiga, te vuelve inmortal,
que un corazón de piedra es una metáfora mal aplicada  
ella tiene mejores y más, pero no las escuchamos…  

Y los poetas,  
envolviéndose en sábanas  musicales
tratan de atrapar las notas
 como a mosquitos que pululan zumbando en sus oídos; 
música remota cuya perfección deslumbra,
aparece  como una visitación divina,
pero es tan inasible
como el tiempo que se desbordó de la clepsidra
y se fue a jugar a un río…
(habrá que hacer cantar al río
para que cuente lo que le dijo el agua derramada)

Cuando la palabra ha  vuelto a ser poema
hay raíces  y estrellas circulando en nuestra sangre
Mundos infinitos orbitando una pupila
Semillas estelares en el profundo laberinto
alimentando  minotauros.
Hay gnosis y silencio…
Abismo,
mito, oráculo
revelación.

Enuma Elish presentación en Chapala