sábado, 14 de enero de 2012

Para una nueva lectura del Flautista de Hamelin


"¡Alégrense, ratas!
El mundo se convirtió en una enorme despensa.
Así que masquen, tasquen, desayunen, almuercen, merienden y cenen."
Robert Browning




Cuando era niña conocí el cuento del Flautista de Hamelin, y haciendo honor al género “cuento de hadas”, se quedó en mi memoria. La historia está en el imaginario colectivo, es de conocimiento popular, y se han hecho muchas adaptaciones, resumiré algunos de los puntos con la intención de analizarla a la luz de los acontecimientos actuales, espero que con la ayuda de la imaginación puedan leer entre líneas algunas analogías:
Ilustración de María Wernicke
En un pueblo mal gobernado surge una terrible peste: ratas. El pueblo clama a las autoridades, pero éstas no saben cómo detener la catástrofe. Aparece un misterioso joven con una flauta ofreciendo liberarlos por cierta cantidad. Prometen pagarle lo convenido para que acabe con las ratas. El flautista toca su instrumento y las ratas lo siguen hasta un río, donde mueren ahogadas. El flautista vuelve a cobrar, pero el alcalde se niega a pagarle, piensa lo que podría hacer con ese dinero, ¡tantas cosas! Además las ratas ya desaparecieron… El alcalde  sugiere al flautista que se conforme con algunas monedas. El flautista se niega y vuelve a tocar su flauta, los que lo siguen ahora son los niños, estos desaparecen tras una montaña siguiendo al misterioso músico…

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Al rastrear los orígenes del cuento encontramos que relata un acontecimiento ocurrido en Hamelin (pequeño pueblo alemán) en 1284, un vitral del año 1300  reproduce la trágica catástrofe, de la desaparición de 130 niños. 

El cuento original debió circular mucho tiempo de generación en generación reflejando un acontecimiento histórico trasformado por el sistema mítico de la tradición oral.  Al paso del tiempo lo que más se recuerda es que el flautista se lleva a las ratas,  sin embargo la mención de la plaga en el cuento se añade hasta el siglo XVI, las ratas son un símbolo claro de una sociedad en decadencia, tal vez por eso el cuento sigue contándose... Actualmente, por medio de la censura ejercida sobre los cuentos de hadas (que a pesar de no haber nacido como narraciones infantiles, terminaron identificadas como literatura para niños), se ha eliminado el pasaje en el que el flautista se lleva a los infantes y desaparecen para no volver jamás (es raro que la censura termina eliminando precisamente los motivos por los que nace una historia). Para efectos de esta breve reflexión, y de su relación con nuestra sociedad moderna, debemos retomar la leyenda, con el elemento clave que la generó: los niños.

Ilustración de María Wernicke
Si las autoridades no atienden urgentemente las terribles plagas que amenazan a nuestra sociedad, los niños serán los más afectados, seremos una tierra baldía, un pueblo sin las risas y los juegos libres de las nuevas generaciones, la simiente de nuestra sociedad será llevada al abismo por una melodía fantasmal. Si las autoridades prefieren quedarse con la bolsa de dinero, si no invierten en la educación, en la cultura, en todo aquello que puede eliminar la peste que padece nuestra sociedad, si el pueblo permanece en silencio ante las injusticias, si los ricos siguen tranquilos mientras no se vea afectado su estilo de vida, si las escuelas siguen siendo impositivos sistemas de control mental, si las universidades sólo producen títulos, si las iglesias se preocupan más por las diferencias en los cultos que por las semejanzas del camino espiritual, si los hombres temen a la mujer por lo que ella despierta en ellos, y las mujeres temen el hombre por la violencia física o psicológica que ellos emplean para defenderse de este “hechizo”. Si la televisión entrega historias manipuladas y anuncios que venden felicidad empaquetada en marcas, si los padres imponen a sus hijos reglas para estar ellos más cómodos en lugar de escuchar y comprender la esencia de cada niño, si los hombres reprimen a mujeres inteligentes y señalan el hogar como su única fuente de “salvación” mientras otras madres prefieren trabajar sólo para mantener niveles sociales elevados, si un sistema social disfuncional está lleno de madres que trabajan por el pan de cada día y dejan a sus hijos en la guardería porque no hay otro modo de salir adelante. Si el hombre abusa de la naturaleza, destruye el entorno, si no se priva de las comodidades que le cuestan savia a los árboles, si no escucha a los científicos que anuncian soluciones sólo porque estas soluciones son caras, o estas soluciones hacen que algunos magnates dejen de obtener ganancias. Si hay quienes se aprovechan de los movimientos sociales para echarse unos pesos a la bolsa, hombres que critican el engaño de los gobiernos al mismo tiempo que ellos engañan en casa a sus mujeres.
Mientras no se haya liquidado la deuda con la tierra, la cultura, los valores y la educación, únicos capaces de liberarnos de las ratas, los niños pagarán los platos rotos de una sociedad ciega y frívola.


Yolanda Ramírez Míchel

A continuación adjunto el poema de Robert Browning, poeta Inglés (1812-1889) sobre el tema:
El Flautista de Hamelin             



                    I

El poblado de Hamelin está en Brunswick
Cerca de la famosa ciudad de Hanover
El río Weser, ancho y profundo
Moja sus paredes en el lado sur;
Un hermoso cuadro nunca visto;
Pero, cuando empezó mi canción,
Hace casi quinientos años,
¡Que lástima!, ver sufrir a la gente
Por culpa de esos bichos.

                    II

¡Ratas!
Se peleaban con los perros y mataban a los gatos,
Y mordían a los bebes en sus cunas,
Comían los quesos de los moldes,
Y chupaban la sopa directamente de los cucharones de los cocineros,
Partían los barriles de sardinas saladas,
Anidaban en los sombreros domingueros de los hombres,
Y arruinaban las charlas de las mujeres
Ahogando sus voces
Con gritos y chillidos
En cincuenta diferentes sostenidos y bemoles.

                          III

Al fin el pueblo en bloque
Se congregó en la municipalidad:
"¡Que quede claro!", gritaron, "¡nuestro intendente es un inútil;
Y nuestro consejo un escándalo!
¡Pensar que nosotros compramos ropas elegantes
Para imbéciles que no pueden determinar
Lo mejor para librarnos de esta plaga!
¿Ustedes creen que porque son gordos y viejos,
Van a encontrar sus funciones más fáciles?
¡Arriba señores! ¡Den a sus cerebros una sacudida
Y encuentren el remedio que nos está faltando,
O tengan por seguro que los mandaremos a empacar!"
Con esto el intendente y el consejo
Quedaron bajo una terrible consternación.

                            IV

Una hora se reunieron en consulta
Y al final el intendente rompió el silencio:
" Por una moneda he de vender mi traje;
¡Cómo desearía estar lejos de aquí!
Es fácil ordenarle a uno que se sacuda el cerebro—
Estoy seguro que mi pobre cabeza volverá a dolerme,
Ya la he estrujado, y todo en vano.
¡Ah, que daría por una trampa, trampa, trampa!"
Justo cuando decía esto, ¿qué pudo pasar?
Un suave golpe en la puerta de la cámara.
"¡Por Dios!", gritó el intendente, "¿que sucede?"
(Sentado entre los miembros del consejo,
Se lo veía pequeño, aunque terriblemente gordo;
Sin brillo en sus ojos, no más húmedos
Que una ostra demasiado larga y abierta,
Salvo cuando su panza sufría turbulencias
Frente a un plato de tortuga verde y gelatinosa)
"¿Son solo unos pies que se arrastran en la alfombra?
¡Cualquier cosa que suene como una rata
Hace que mi corazón lata violentamente!"

Ilustración de Virginia Reverdito

                                 V

"¡Entre!"— Gritó el intendente, incorporándose:
¡Y así entró la figura más extraña!
Su saco largo, tan raro, que iba de los pies a la cabeza
Era mitad amarillo y mitad rojo,
Y él mismo era alto y flaco,
Con ojos azules, penetrantes, cada uno como un botón,
Su pelo claro y suelto, su piel oscura,
sin patilla en las mejillas, y sin barba en el mentón,
Y labios donde las sonrisas iban y venían;
Sobre sus amigos y parientes, nadie pudo conjeturar:          
Ni nadie pudo tampoco admirar lo suficiente
Al hombre alto y su antigua vestimenta.
Uno dijo: "¡Es como si mi tatarabuelo,
Marchando al compás de las trompetas del Día del Juicio Final,
Hubiera hecho este camino desde su colorida tumba!"


                                      VI

El se aproximo a la mesa del Consejo:
Y, "Con permiso Su Señoría", dijo, " yo estoy capacitado,
A través de un hechizo secreto, para atraer
A todas las criaturas que viven bajo el sol,
Que se arrastran, o nadan, o vuelan, o corren,
Atraerlas detrás mío, en una forma que nunca se ha visto.
Y yo principalmente uso mi hechizo
En criaturas que dañan a la gente,
En el topo, el sapo, el tritón y en la víbora;
Y todo el mundo me conoce por el flautista."
( Y en este punto ellos notaron alrededor de su cuello
Una bufanda a rayas rojas y amarillas,
Que armonizaba con su saco hecho del mismo paño,
Y en una punta de la bufanda colgaba una flauta;
Y notaron también, sus dedos, que se movían sin pausa
Como impacientes por tocar
En la flauta, que colgaba a baja altura
Sobre su vestidura anticuada)
" Y aunque," dijo, " parezco un pobre flautista,
El pasado junio, liberé al Reino de Tartaria,
De un enorme enjambre de jejenes;
Alivié en Asia al Nizam
De una monstruosa camada de murciélagos:
Y en cuanto a lo que atormenta sus mentes,
¿Si logro eliminar las ratas de la ciudad,
Me darán ustedes mil monedas?"
" ¿Mil? ¡Cincuenta mil!"--fue la exclamación
Que dieron asombrados, el Intendente y su Consejo.


                           VII

El flautista se paró en la calle,
Sonriendo primero con una pequeña sonrisa,
Como sabiendo la magia que duerme
en su modesta flauta;
Y entonces como un músico experto,
Frunció sus labios para soplar la flauta,
Y sus agudos ojos verdeazules parpadearon,
Como una llama de vela rociada con sal;
Y antes de que la flauta diera tres notas,
Se escuchó como si un ejército murmurase;
Y el murmullo se fue haciendo un estruendo;
Y el estruendo se convirtió en un fuerte retumbo;
Y hacia afuera de las casas las ratas se revolcaban.
Ratas grandes, ratas pequeñas, ratas flacas, ratas fornidas,
Ratas marrones, ratas negras, ratas grises, ratas tostadas,
Serias viejas aplicadas, alegres jóvenes juguetonas,
Padres, madres, tíos, primos,
Con sus colas paradas y sus bigotes erizados.
Familias por decenas y docenas,
Hermanos, hermanas, maridos, esposas--
Siguieron al flautista con gran entusiasmo.
Calle tras calle él sopló avanzando,
Y paso a paso ellas lo siguieron bailando.
Hasta que llegaron al río Weser,
¡Donde todas se zambulleron y murieron!
—Salvo una quién, valiente como Julio Cesar,
Cruzo a nado y sobrevivió para llevar
( Como el conquistador Romano con su manuscrito)
A 'Ratalandia', su hogar, el siguiente comentario:
Que decía así, "A la primera nota de la flauta
Escuché un sonido como de tripas que se agitan,
Como de manzanas, maravillosamente maduras
Cayendo dentro de un lagar de cidra,
Y de un abrir de frascos de pickles,
Y de entornar de tapas de conservas,
Y de un descorchar de frascos de aceite,
Y de un romper las cubiertas de los barriles de manteca,
Y de parecer, en fin, como si una voz
(Mas dulce que la voz del arpa)
Dijera, ¡Oh ratas, disfruten!
¡El mundo se ha convertido en una gran cocina!
¡Entonces coman, masquen, tomen sus viandas,
Desayuno, almuerzo, cena, refrigerio!
Formando todo un compacto jugo azucarado,
Y justo cuando estaba por alcanzar
Ese compacto barril de delicias,
Que brillando como el sol
Parecía decirme: '¡Vení, perforame!'
—Me vi arrastrada por el río Weser."
Ilustración de Virginia Reverdito


                                  VIII


Deberías haber escuchado a la gente de Hamelin
Tocar la campana hasta magullar el campanario.
"Vayan", gritó el intendente, "¡Y tomen palos largos,
Remuevan los nidos y tapen los agujeros!
Consulten carpinteros y albañiles,
Que no quede ni rastro en nuestro pueblo
de las ratas!"— Cuando, de repente, el flautista
Apareciendo en el mercado con su carita pícara
Dijo: "¡Primero, si no se ofenden, las mil monedas!"


                                IX


¡Mil monedas! El intendente se puso verde;
Y lo mismo hicieron los del Consejo.
Las cenas administrativas hacían estragos
Con los vinos Claret, Mosella, Borgoña y del Rhin,
Y con solo la mitad de ese dinero
Repondrían los barriles de su bodega.
¡Pensar en pagarle esa suma a un vago
Que viste un saco de gitano rojo y amarillo!
"Además," dijo el intendente, con un guiño cómplice,
"Nuestro negocio terminó en el borde del río;
Hemos visto el hundimiento de los bichos,
Y lo que está muerto, creo, no puede volver a la vida.
De todas formas nosotros no somos gente de retroceder,
Ante la obligación de darte algo de beber,
Y un poco de dinero para que pongas en tu bolsillo;
Pero de las monedas que hablamos,
De ellas, como bien sabés, fue un chiste.
Además, las pérdidas que sufrimos nos han vuelto ahorrativos.
¡Mil monedas!, por favor, Vení, ¡llevate cincuenta!"


                                    X


El flautista ofendido gritó
"¡Esto es una estafa! ¡y no tengo tiempo para esperar!
He prometido visitar a la hora de la cena
Bagdad, y he aceptado la invitación
Del cocinero principal, hombre rico, que me agradece
El haber exterminado unos escorpiones,
Que invadieron la cocina del Califa.
Con él, no necesité regatear,
Y en cuanto a ustedes, ¡no crean que me daré por vencido!
La gente que hace que me enoje
Puede lograr que sople en otra dirección."


                           XI


"¿Cómo?" gritó el intendente, "¿Pensas que voy a aguantar
Que me traten peor que a un Cocinero?
¿Insultado por un vago irrespetuoso
Que lleva una flauta inútil y un vestido colorinche?
¿Nos estás amenazando, muchacho? ¡Adelante,
Soplá tu flauta hasta que revientes!"



                            XII


Una vez mas el flautista se paró en la calle
Y nuevamente sobre sus labios
Puso su flauta larga, su caño suave y recto;
Y antes de soplar tres notas (tan dulces y
Suaves notas; nunca el genio de un músico
Dio melodía tan embelesada)
Hubo un susurro que se pareció a un bullicio
De alegre muchedumbre empujando, saltando, cantando,
Pequeños pies golpeando, zapatos de madera martillando,
Pequeñas manos aplaudiendo y pequeñas lenguas parloteando,
Y como gallinas en el campo cuando se desparrama la cebada,
Salieron los niños corriendo,
Todos los chicos y las chicas,
Con sus mejillas rosadas y sus rulos rubios,
Sus ojos brillantes y sus dientes como perlas,
Saltando ligero, con gritos y risas,
Corrieron alegres detrás de la maravillosa música.
Ilustración Virginia Reverdito



                                    XIII


El Intendente estaba duro, y el Consejo mudo
Como si se hubieran convertido en bloques de madera,
Incapaces de moverse o de gritarles
A los chicos que alegremente saltaban,
—Solo podían seguir con los ojos
Esa feliz muchedumbre que seguía al flautista.
El Intendente estaba sorprendido
Y los miembros del Consejo solo atinaban a golpearse el pecho,
Mientras el flautista se desviaba de la calle principal,
Hacia donde el río Weser agita sus aguas
¡Justo frente al camino que seguían sus hijos!
Sin embargo, el flautista cambiando de rumbo,
Dirigió sus pasos hacia el monte Koppelberg,
Y detrás de él los pequeños saltando;
Al ver esto los padres se sintieron aliviados.
"¡El nunca podrá cruzar la gran montaña!
¡Se verá forzado a apagar su música,
Y podremos ver a nuestros niños detenerse!"
Pero cuando ellos alcanzaron la ladera,
Un maravilloso y extenso portal se abrió,
Como si una caverna repentinamente se hubiera cavado,
Y el flautista avanzó, seguido por los pequeños,
Y cuando ya todos estuvieron adentro,
La puerta de la montaña se cerró de golpe.
¿Dije todos? ¡No! Uno que era rengo, quedó atrás,
Al no poder bailar como los otros todo el largo del camino;
Y después de unos años, si alguien le reprochaba
Por su tristeza, él solía decir,—
"¡Desde que mis compañeros se fueron, es el pueblo el que está triste!
Y además no puedo olvidar que quedé privado
De las placenteras vistas que ellos ven,
Esas que el flautista me prometió a mi también,
Porque yo los guío, dijo el flautista, a una alegre tierra,
Muy cerca, aquí nomás,
Donde el agua fluye y crecen frutales,
Las flores alegran con sus colores
Y todo es extraño y nuevo:
Aquí los gorriones son más brillantes que los pavos reales
Y los perros más veloces que los venados,
Las abejas han perdido sus aguijones,
Y los caballos nacen con alas de águilas:
Y justo cuando me aseguraba
Que mi renguera se curaría pronto
La música se detuvo, y yo también,
Y entonces quedé solo, contra mi voluntad,
Para seguir ahora rengueando como antes,
¡Sin escuchar nada mas de aquel hermoso país!"



                        XIV


¡Pobre, pobre Hamelin!
¡Les vino a la cabeza a muchos vecinos
Aquel texto que dice que es mas fácil,
Que un camello pase por el ojo de una cerradura
A que un rico pase por la entrada del cielo!
El Intendente mandó, Este, Oeste, Norte y Sur,
Bajo palabra, una oferta al flautista,
En todas partes grupos de hombres lo buscaron,
Para ofrecerle oro y plata,
Si solamente regresaba por donde se fue,
Trayendo a todos los chicos detrás de él.
Pero cuando se dieron cuenta que era en vano,
Que el flautista y los niños se habían ido para siempre,
Lanzaron un decreto por el cual,
Todos los abogados debían fechar los documentos
Con la siguiente fórmula:
"A tantos meses y días de lo que sucedió aquí
Desde el veintidós de julio,
De mil trescientos setenta y seis".
Y también, para recordar la ruta donde
los niños fueron vistos por última vez,
la llamaron "La Calle del Flautista".
Nadie podrá en este lugar tocar flauta o tambor,
Bajo pena de perder su trabajo.
No sufrirían tampoco que tabernas o posadas
Sobresalten con algarabía una calle tan solemne,
Y frente al lugar de la caverna,
Escribieron la historia en una columna,
Y en la gran ventana de la iglesia pintaron
Lo mismo, para dar a conocer al mundo,
Como sus hijos fueron robados.
Y todo sigue allí, hasta hoy día.
Y tampoco debo omitir,
Que en Transilvania hay una tribu,
De gente muy especial, que tanto asombra a sus vecinos,
Y asegura que sus extravagantes maneras y vestidos,
Son herencia de sus padres y madres que se han elevado,
Desde una prisión subterránea
En la cual fueron encerrados,
Por una potente música, hace muchos años.
Venían de Hamelin de la tierra de Brunswick,
Sin saber el cómo ni el porqué del traslado.


                               XV


Entonces, Carlitos, tengamos, vos y yo,
Cuentas claras con todos los hombres— ¡especialmente flautistas!
Y, cuando un flautista nos libere de ratas y ratones
Si nosotros le prometimos algo, ¡cumplamos nuestra promesa!

viernes, 13 de enero de 2012

Ateneas y Afroditas…

Noche a noche, los sueños hacen filosofía por su propia cuenta.
C. G. Jung



En la mitología griega los arquetipos humanos se manifiestan en forma de personajes. Cada uno es el contenedor de atributos específicos, de una  que otra peculiaridad o algún nacimiento extraordinario; todos ellos, símbolos que definen estancias profundas de la psique…
Creer que dichos personajes son sólo fabulación, o sólo manifestación literaria, o sólo el recuerdo de algún personaje histórico convertido en leyenda, es perder de vista la trascendencia de la fuente que los produce, los personajes de los mitos son el producto de procesos inconscientes, son analogías que la mente humana fabrica desde su centro creativo. Volver a identificarlos como elementos de cognición profunda es básico para una atención plena de nosotros mismos. ¿No lo hizo Jung con asombrosos descubrimientos para el desarrollo de la psicología?



Veamos en dos mitos algunas evidencias: Atenea nace de la cabeza de Zeus, Afrodita de la simiente que Urano derramó sobre las olas. Atenea, por medio del simbolismo de su nacimiento, es arquetipo de la mujer que pacta con el poder patriarcal.  Al brotar, totalmente armada, de la cabeza del poderoso Zeus, refleja una afiliación a las cuestiones militares, intelectuales y a los racionalismos característicos del lado masculino de la psique (ojo, al señalar el "lado masculino" no se hace referencias al género, sino a ciertas tendencias dentro del ser humano en general). Afrodita en cambio,  es el arquetipo de la mujer instintiva, que utiliza el atractivo sexual para acercarse al hombre y conquistarlo; nace del derrame del miembro de su padre a la orilla del mar, rodeada de conchas marinas, entorno determinante en mucho de las aventuras en las que se involucrará (¿no seguimos por esa línea simbólica cuando señalamos el poder afrodisiaco de los moluscos?) Ambas diosas son engendradas por sus padres, sin la participación femenina ¿Qué nos dice la ausencia de una madre?  ¿Podría esto indicar que fueron procreadas por el poder reinante para ser sometidas o utilizarlas? Éstas, y otras figuras femeninas de la tradición, son el producto de una sociedad nueva, pensante, la Grecia que produce las primeras formas poéticas de Occidente (La Ilíada, la Odisea). En dicha sociedad las mujeres habían dejado atrás el matriarcado y los mitos lo estaban reflejando.


Las diosas griegas, aunque famosas y atractivas, emergen de un contexto histórico donde las mujeres de la clase social elevada vivían recluidas en el gineceo (lugar dentro de los hogares griegos donde se aislaba a las mujeres). Me gustaría proponer ahora que la verdadera fuerza de la feminidad, no es ni la de una Atenea intelectual, soberbia y ascética, ni la de la lujuriosa y promiscua Afrodita que muestran los mitos, ambas sujetas al poder supremo, sino la de una divinidad que contenga en sí misma los matices de ambas en una combinación justa y que sea capaz de reinar sobre pensamientos, emociones y sus sentidos.
Con ello, retornaríamos al arquetipo más antiguo de la humanidad, el de la Gran Diosa, adorada en épocas arcaicas, la que lo contenía todo en sí misma, como la naturaleza nos contiene a todos en variedad y multiplicidad de especies, de paisajes, de climas. La diosa, que ahora, en pleno siglo XXI, vuelve a llamar la atención de mujeres y hombres con sus trepidantes contracciones de parto; al fin y al cabo, estamos dando a luz una nueva humanidad, entre Afroditas, Ateneas, Zeus, Apolos… todos  juntos, como una sola y pujante fuerza cósmica, que no podría darse sin los esfuerzos conjuntos.


martes, 10 de enero de 2012

Los oráculos griegos


Conócete a ti mismo…
Sentencias escrita en el oráculo de Delfos

Hace varios siglos, en la antigua civilización helenística, la asistencia a los oráculos, mejor conocidos por nosotros como centros de adivinación,  eran una práctica común entre la población griega. Lo que ahora resuelve para algunos la visita a un psicólogo, un adivino o un vidente, era resuelto entonces por medio de la visita a dichos oráculos, santuarios a los que se llegaba a fin de preguntar por las cuestiones que en ese momento eran determinantes en la vida personal.  En esos sitios de consulta había generalmente una mujer llamada pitia (o pitonisa) que bajo el supuesto de poseer poderes adivinatorios respondía a los consultantes. La dinámica de la mayoría de los oráculos griegos era la siguiente: el visitante hacía su pregunta, la pitia se ponía en trance (el trance se debía muchas veces a los vapores tóxicos de azufre que brotaban de la tierra debajo del trípode sobre el que se sentaba), el sacerdote del oráculo escuchaba atentamente las frases entrecortadas de la pitia, y las traducía.  


Muchas veces las respuestas eran tan ambiguas como lo son ahora algunos horóscopos…
Cuenta Herodoto, que en una ocasión el último rey de Lidia, Creso,  consultó el oráculo antes de invadir el territorio persa, quería saber si el momento era propicio. El oráculo contestó: “Creso, si cruzas el río Halys -era la frontera entre Lidia y Persia-, destruirás un gran imperio". Movido por sus ambiciones, Creso interpretó la respuesta como favorable y dando por hecho que el gran imperio era el de los persas, atacó. Pero el “gran imperio” que se destruyó en aquel encuentro fue el suyo…
La ciudad de Delfos, donde se encontraba el oráculo más importante de la antigua Grecia, desempeñó entonces un papel económico relevante: el dinero circulaba allí (se tasaban las consultas, las ciudades que el oráculo había «favorecido» ofrecía numerosos tesoros como agradecimiento, se entregaban ofrendas, se vendían víctimas sacrificiales, etc.). Así aparecieron, para administrar este flujo monetario creado por las consultas oraculares, los prestamistas y cambistas.  Y Delfos, en el siglo VI a. C., ve aparecer los primeros sistemas bancarios.
Sin embargo, a pesar de los charlatanes que de seguro abundaban ante semejantes condiciones, la ciudad de Delfos poseía un clima de piedad y de efervescencia intelectual. Allí se despojaba de sus máscaras sociales, y se favorecía la autonomía en la búsqueda de la verdad y la introspección. Ciertamente se sabía desde entonces, que el destino está en las manos, en la palma de las manos, pero el mejor lector de nuestras rutas somos precisamente nosotros que tenemos la pluma para escribir a dónde queremos llegar.
No hay duda de que hablar con un sabio resuelve muchas dudas, y escuchar a un iniciado ilumina; pero darle a otro la responsabilidad total de nuestro destino es jugar  con fuego y pecar de pereza.   Ningún oráculo supera el verdadero conocimiento de nuestras debilidades, y ningún agente externo tiene mejores soluciones que el pequeño Pepe Grillo de nuestro interior. Lo difícil es  que muchas veces esta voz pide grandes esfuerzos o renuncias, y en cambio la voz del oráculo valida ligerezas que podemos, como el rey Creso, usar para avanzar por donde nuestro orgullo impone.


lunes, 9 de enero de 2012

Oniromancia

Hablar acerca de los sueños resulta siempre  inquietante, el tema activa las fibras de nuestro íntimo universo, representa un mundo de misterio e incalculable asombro. Ya lo dice Erich Fromm en su libro El lenguaje olvidado: “no soñamos nada que no sea una importante expresión de nuestra vida interior, y todos los sueños pueden ser entendidos siempre que tengamos la clave para ello”. 


A finales del siglo XIX  Freud investiga sobre la vida onírica y escribe  La interpretación de los sueños (1899); antes de Freud, el tema era una especie de frontera a donde muy pocos se aventuraban. Posteriormente, su alumno  Jung se compromete también y amplía la investigación del estado onírico. Así se inicia con una serie de propuestas teóricas que sientan las bases de los actuales conocimientos sobre la materia. Sin embargo, lo que pareciera un logro de la sociedad moderna, contemplado diacrónicamente, no es sino el ropaje flamante con el que se viste un  conocimiento  ancestral conservado y trasmitido por años, oculto unas veces, manifiesto otras. Las culturas arcaicas sentían un profundo respeto por el tema de los sueños;  prueba de ello son los sistemas de interpretación que desarrollaron a fin de conocer mejor  lo que consideraban fundamental: el interior del hombre.


En la antigua Sumer (2,500 a. C.) se desarrolló un método de interpretación de los sueños muy parecido a lo que los psicólogos de la actualidad manejan, y muy parecido a lo que Freud, Jung y Fromm exponen en sus obras. Hay noticias de esto gracias a la traducción de las tablillas de arcilla encontradas por los arqueólogos en las excavaciones de 1850 en la zona del actual Irak. En dichas tablillas se cuanta la historia de un rey, Gilgamés, que realiza un ritual antes de enfrentar una arriesgada aventura. El ritual consiste precisamente en dormir, sentado, abrazando sus rodillas, rodeado de un círculo de piedras blancas, en el interior del templo. Los sueños que se tenían en dichas condiciones eran interpretados por los sacerdotes quienes explicaban  al soñante, traduciendo el lenguaje simbólico del sueño,  qué podían esperar de la experiencia. Dicho sistema ha sido conocido como oniromancia, palabra que deriva de los términos oniro- sueño y mancia-adivinación, adivinación a través de los sueños. 

Los antiguos sumerios sabían muchos siglos antes que nosotros de la importancia de las nocturnas revelaciones del inconsciente. Para ellos los sueños señalaban al durmiente secretas advertencias, sabios consejos, terribles temores y oscuras represiones, asimilarlas como parte de la vida era trascendental; todo este mundo estaba contenido en el centro mismo del soñante, quien sabe sin saber y sólo puede escucharse a sí mismo en la íntima libertad de un sueño profundo.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Simbolismo del escudo nacional mexicano, y más...


Más, ¡ay, es sólo un espectáculo!
¿Por dónde te asiré naturaleza infinita?
Goethe

¡Nuestro escudo nacional: símbolo iniciático universal! 
Una alada criatura, emblema de lo celeste, somete a la serpiente, animal asociado al inframundo.  Simbad el marino, antecesor de Odiseo, de Marco Polo y de todos los exploradores -históricos o míticos- encuentra en uno de sus viajes un gran pájaro que devora serpientes, es uno de los pasajes más importantes porque llevan al héroe hasta un tesoro.  Los alquimistas también exponen cuestiones filosóficas con estos elementos, sus dibujos son la escritura del inconsciente que revela, sin racionalizar, las aventuras interiores.


Los griegos, por otro lado, también nos han legado imágenes con este simbolismo: las dos serpientes entrelazadas del caduceo son el reflejo del equilibrio entre fuerzas antagónicas. Además, representan el eterno movimiento cósmico, base de regeneración y de infinito. Aunque en este caso las alas no pertenecen a un personaje antagonista de la serpiente, sino que  expresan la rapidez con la que el mensajero de los dioses se movía de un lugar a otro.


Horus, importante  dios de la mitología egipcia, fue representado como un halcón, y, como símbolo del héroe solar, derrotaba a diario a la serpiente Apofis, la oscuridad. En algunas regiones se le consideraba iniciador de la civilización en Egipto, ¡cuánta semejanza con el augurio sobre la fundación de Tenochtitlán!
¡Vaya, en el imperio romano bizantino existía ya un símbolo muy similar al de nuestro escudo!


La India tiene a Garuda, pájaro mítico, considerado un dios menor (o semidiós) en el hinduismo y en el budismo. Generalmente su icono es el de un águila gigante y antropomorfa: cuerpo humano de color dorado, rostro blanco, pico de águila y grandes alas rojas. Es jefe de la raza de las aves y enemigo de la raza de las serpientes… 



El águila que devora una serpiente es tan antigua como los inicios de la civilización. En Sumeria, hace cinco mil años, el héroe Marduk,  símbolo del nuevo orden, representado en ocasiones como un personaje con alas, derrotaba a la que antaño se consideró la diosa suprema, una serpiente.
En todas estas versiones que reúnen un personaje alado y una serpiente, hay expresiones universales que debemos interpretar desde un sistema mítico y no literal. Todo parece indicar que las primeras palabras nacieron como onomatopeyas (reproducciones fonéticas de los sonidos de la naturaleza), y de la misma manera que la palabra hablada nació a partir de esa reproducción de la realidad percibida por el oído, la escritura intentó al principio reproducir "la palabra de la naturaleza", y lo hace con lo que yo llamaría "onomatopeyas simbólicas visuales", me explico: el hombre veía la naturaleza, esta le hablaba a su espíritu y de ahí salía el código: imágenes con significado muy complejos, significados derivados de la misma entraña de la vida natural, palabras nacidas de las características de cada ser vivo en el entorno humano, de cada paisaje, planta, animal, todo lo que lo rodeaba. El alfabeto del mundo se desplegó en un abanico exuberante de formas que le entregaban al hombre sus significantes prístinos. Así, el lenguaje es al principio el espejo sonoro de la naturaleza, y la escritura, el espejo pictórico de la vida natural, que hablaba con sus propias palabras simbólicas y profundas. Hoy nuestra escritura está ya  muy lejos de esa relación debido al sistema fonético de nuestro alfabeto , totalmente descontextualizado de la naturaleza y el mundo. Por eso es que los símbolos, aunque conservan su poder, nos resultan herméticos y misteriosos. Este recorrido intenta mostrar cómo esa imagen que ondea con el viento en nuestro lábaro patrio es un código universal que simboliza del triunfo de un poder sobre otro.
En la religión cristiana la serpiente debe ser derrotada, como en Egipto, Mesopotamia, Grecia, América, Europa, etc. La mitología es mediadora de las verdades interiores y las formas externas que la reproducen, herramienta original para narrar las aventuras del hombre. Un águila es la palabra celeste, una serpiente la terrenal, o incluso infernal, pues recorre las entrañas de la tierra (la connotación negativa surge a partir de las posturas dominantes, durante milenios la serpiente fue considerada divina, la tierra y la naturaleza con todos sus misterios y alquimias interiores era sagrada). El águila y la serpiente son dos palabras de la naturaleza, onomatopéyicas en sentido simbólico, es decir que reproducen con eco de vida animal su relación con las experiencias humanas: al ver un animal éste nos remite a su esencia, accedemos en automático a su entorno, nos permeamos de su contexto. Digamos que hablan sin hablar, son y ya. En sí mismos contienen reminiscencias, ecos, pautas de conducta, son mucho más abarcantes que la palabra misma que los designa.

El águila devorando una serpiente tiene otras lecturas cuando nos llamamos ciudadanos del mundo, ya no habla sólo de México o los mexicanos, ni de una leyenda fundacional, habla del hombre, de un sistema celeste que domina a uno terrenal, o de una vinculación del mismo… de cómo demonizamos la otredad, del triunfo de unos sobre otros, del cambio de poderes, de los procesos alquímicos, espirituales, herméticos. Los misterios del águila y la serpiente están ahí para los exploradores valientes que se animan a la indagación profunda de las esencias de la vida.

Yolanda Ramírez Michel

martes, 20 de diciembre de 2011

El fruto prohibido.



Marjatta la doncella altiva,
avanzó a contemplar la baya,
a recoger el bello arándano
con sus fijos y suaves dedos
con sus manitas delicadas…
Fragmento del Kalevala


Marjatta contempló de lejos el árbol… un fruto colgaba de sus ramas, parecía una esfera, y brillaba como las estrellas.
-No te acerques a ese árbol, Marjatta- habían ordenado.
Pero la tentación era muy fuerte…
Marjatta se acercó al árbol. La luz del fruto que colgaba de aquellas ramas había comenzado a emitir un destello musical que sólo ella escuchaba.
-¡No te acerques!
Marjatta dio otro paso hacia el árbol; tropezó con algunos regalos, salieron de sus cajas varios juguetes nuevos, perfectos y atractivos, que la llamaban para que desistiera: tómanos, nosotros no te daremos problemas… pero ella ignoró las voces de los obsequios regados por el suelo; despreció el lujo y su fulgor. Avanzó como quien se desliza por un lago, el breve espacio que la separaba de aquel fruto se expandió y sintió que no daba sólo un paso, sino varios… cada uno resistiendo las advertencias: no te acerques…
Finalmente estaba ahí, a unos centímetros  del fruto, la roja esfera reflejando su rostro… el árbol, con todo su verdor comenzó a cantar, el fruto murmuró: tómame, niña, prueba el fruto, arriésgalo todo.
-¡Marjatta, no toques eso! ¡Niña rebelde!
-¡¡¡Marjatta!!!- gritó su padre como quien lanza una bala de cañón…
Ella alzó su mano, lentamente… jaló. ¡Nada!, estaba bien firme. Las advertencias aumentaron:  ¡Marja…! Volvió a jalar… el árbol entero se inclinó hacia ella, como gentil gigante que se acerca a un niño. Jaló de nuevo. ¡¡¡Marjatta!!!, gritaban con desesperación, rabia, miedo…

El fruto se desprendió… la rama del árbol onduló…
Luego se vino abajo todo: el árbol, los adornos, las luces; todo se desplomó con un estrépito de espejos, rumor de hojas, profusión de papel y ecos ahogados.
Marjatta sostiene el fruto, piensa que valió la pena. Su padre la expulsó de la sala mientras refunfuñaba, y su madre se lamentaba por la pérdida de los valiosos adornos… Marjatta piensa que valió la pena.

Publicado en el periódico Mural el 20 de Diciembre del 2011

La autora, Yolanda Ramírez Míchel, es poeta, narradora, ensayista y editora. Obras publicadas: "El Gran Niño, Electrones de un Sueño,(2006), Jacinta (2008),  La Maestra Milagros(2009), Palingenesia (2011) y Los mitos del alba (2011).


La ilustradora, Mariana Pérez Villoro, pertenece a Molusc, productora independiente; escribe, ilustra y diseña.  Conozca su trabajo en www.molusc.com


domingo, 18 de diciembre de 2011

Salvar Wirikuta, el corazón sagrado de México.

18-dic-2011


Y retiembla en sus centros la tierra ante el avance de un proyecto extranjero: las concesiones otorgadas a mineros canadienses amenazan la supervivencia de territorios sagrados de una de las culturas prehispánicas mejor preservadas en el mundo: el pueblo Wixárika (indígenas huicholes). El lugar implicado en el proyecto minero es considerado por los huicholes como el centro donde se creó el mundo, ahí se llevan a cabo importantes ceremonias sagradas, mismas que se verán afectadas por la extracción de minerales argentíferos. Perturbar sus cultos equivale a asestar un golpe mortal a su supervivencia. Y sin embargo, este problema nos involucra a todos los mexicanos, no sólo al pueblo wixárika, sin el rescate de la tradición somos como un huérfano que pierde sus orígenes: seres extraviados en un mundo donde los rostros son máscaras que se compran según las conveniencias del mercado global, rostros sin alma. En el México actual, la sangre de los colonizadores se ha incorporado en mayores o menores proporciones a la sangre aborigen, diluyendo, al mezclarse, el orgullo que debería imponernos semejantes antepasados; algunos grupos autóctonos mantienen la pureza de sus raíces, pero tristemente parece que sólo sirve a la secretaria de turismo para anunciar México como un país mágico. Si estamos tan orgullosos de esos monumentos que se alzan con el esplendor del mundo antiguo, ¿por qué perdemos de vista que son la manifestación de una cultura soberana que dejó de existir, no por falta de excelencia, sino por circunstancias de dominio y explotación violenta…? ¿No estamos haciendo lo mismo ahora? Nos estamos convirtiendo en colonizadores fríos de los pocos restos de patria que nos acoge.



“¡Wirikuta no se vende! ¡Se ama y se defiende!” es el grito que resuena como un eco, ahora menos sumiso, de aquel discurso pronunciado por el Jefe Seattle en enero de 1854, cuando fue obligado a vender sus tierras. ¿Está nuestro gobierno comprendiendo que no todo lo que está de por medio son intereses económicos; que los wixárika buscan conservar un lugar sagrado porque que aún recuerdan sus orígenes, porque aún conservan una relación con la madre tierra y ven sus cerros como pechos de madre que amamanta? Esta  defensa del territorio por los indígenas equivale, reducido a escala familiar, a guardar los recuerdos de familia al amparo de manos ambiciosas, manos que fundirán la cadenita de oro que rememora el nacimiento del primogénito, para convertirla en dólares. ¿No deben los líderes políticos defender a sus pequeños hijos?

¿Qué México se construye así, con la inclemente desnaturalización de los orígenes, cómo seguir orgullosos de las pirámides y los pueblos mágicos si no son la esencia de México sino sólo otro más de sus trajes vistosos? Ciertamente la congruencia no está muy de modo en nuestros días, ciertamente esto manifiesta una anti-cultura que se vende al mejor postor, ¿queremos seguir por ese camino?  Ante el mundo entero esta es una afrenta terrible, el sitio sagrado no sólo pertenece a los Wixárika, sino a otros grupos indígenas, a grupos no-indígenas, y a comunidades mexicanas e internacionales que creen que la Sierra de Catorce y el desierto a sus pies es uno de los centros espirituales más importantes en el mundo.

Ojalá que México dé el primer paso en la toma de decisiones sanas, está claro que el capitalismo ha dejado secuelas que debemos sanar. Está claro que este tipo de decisiones ilustran muy claramente los dos caminos por los que el hombre puede transitar. La elección está en las manos de los dirigentes, ojalá sean tan sabios como lo fue el rey poeta, Nezahualcóyotl, quien se educó en las tradiciones y legó a México su nombre, del que podemos sentirnos orgullosos.


Pasarán los días y nosotros pasaremos, pero los nombres sagrados no pasarán, se quedan para siempre, como manifestaciones de lo que el hombre considera valioso. ¿Quién entrega su casa a los ladrones para que despojen los muros de las fotografías de familia; para que demuelan  estancias donde se vivieron acontecimientos felices; para que quemen las actas de nacimiento y los registros que atestiguan los orígenes? ¿Quién despoja a su árbol genealógico de las raíces, para que caiga, cual débil gigante, a los pies de un adversario hostil?


domingo, 6 de noviembre de 2011

Mapas Cósmicos Mesoamericanos, libro de Raúl Aceves.

Texto leído en la presentación del libro del Maestro Raúl Aceves.



Mapas Cósmicos Mesoamericanos, instrucciones para vivir en el espacio-tiempo místico....

Siempre se agradecen las instrucciones…, sobre todo cuando sirven para maximizar la utilidad de algo, y sin embargo, sobre el tiempo, el tiempo que es visto por la civilización occidental como supremo dictador de rutinas, inclemente devorador de años, flujo de secuencias en línea horizontal…, sobre ese gran Cronos sangriento ¿quién nos instruye?
¿Quién nos dice cómo hacer para que deje de gobernar sin piedad nuestra vida, cómo volver al tiempo un aliado en el que depositemos confiadamente nuestras actividades? Me preguntaba esto y Cortázar apareció con una propuesta:” Instrucciones para dar cuerda al reloj”, pero la respuesta aunque juguetonamente profunda me mantuvo en la misma línea recta del tic, tac, tic, tac… constante y equidistante, como las marcas de una regla… Afortunadamente, de manera más extensa, mítica, documentada, y no por ello menos amena, Raúl Aceves nos presenta con el titulo de Mapas cósmicos mesoamericanos, un manual para intuirnos como seres del tiempo, íntimamente relacionados con las energías señaladas tradicionalmente como horas, días, años… y que bajo la mirada de un poeta pueden tener denominaciones mucho más latentes y significativas.

Veamos un ejemplo de cómo estos desfases de tiempo pueden ser ilustrados por algunos observadores de lo preternatural: Cuentan los que saben que entrar al mundo de las hadas es alterar sobre todo las mediciones tradicionales del tiempo, cuentan los que saben que ahí los años pasan mucho más lentamente y que si acaso logramos atravesar el umbral, al volver ya nada será igual. Pueden ser las hadas, o los sueños…


Y si no queremos quedarnos en eso de que nos cuenten, podemos observar por nosotros mismos que cuando leemos, parece que entramos a una dimensión donde se ralentiza la eternidad misma. Salimos del libro asombrados al contemplar que afuera de aquellas hojas ya se hizo de noche…
Raúl conoce de estos túneles, pasadizos directos al misterio y creo que deseó, mediante su propia búsqueda, desarrollar un manual, una guía, o para ser más fieles al título del libro: un surtidero de mapas que antiguos sabios nos legaron.

En una odisea hispánica recorrió no islas, sino maestros de la tradición y en lugar de perder a su tripulación durante la travesía, llenó su morral de palabras floridas. Joyas de “Auténticos Mexicanos” que nos quiere compartir. Casi dos páginas suman los nombres de los guardianes de la tradición, con los que ha tenido la fortuna de contactar para que nosotros, hoy, recibamos mapas e instrucciones para ver algo más que el pausado acompasamiento de unas manecillas anodinas.

Aun cuando aparentemente estamos frente a un libro de consulta, una mirada más atenta revela el grimorio. Se necesitan otras pupilas para detectar el guiño con el cual nos lleva hasta la tierra sagrada de los poetas, la tierra donde la palabra nos trasciende y se convierte en vehículo de otras realidades, la palabra mítica por excelencia que guarda los secretos universales y trascendentes. La palabra simbólica milenaria que surge antes de que la misma palabra surja y antes de que la misma escritura fonética se manifieste, la palabra que se “ve”.

Dividido trinitariamente, a la manera mística, Raúl comienza el primer apartado de su libro con una cruz,

 la cruz de los cuatro rumbos, donde habremos de crucificar los conceptos tradicionales del espacio geográfico, para que resuciten transformados para el espíritu. El norte, blanco, como una vestidura celestial; el sur receptáculo del amarillo que fertiliza; el este, latiendo en rojo destello de sangre, ofrenda para el día que nace; y el oeste, ennegrecido augurio del secreto inconsciente. Estos colore y direcciones son el primer mapa que quiere develar.


En el segundo apartado temático, Raúl explora el movimiento en el cual esa cruz está inmersa. Y como todo lo vivo, en eterno cambio, la cruz de los cuatro rumbos se trasforma en los días y los meses nacidos del vientre de los dioses.

Y los días, son dioses, y los meses son dioses, y así, lejos de sentir el tiempo como un tirano yo siento, gracias a la directriz de mi amigo Raúl, ¡el tiempo como un regazo…! y con la ayuda del manual entiendo si el dios que me acoge es un dios de tristes melancolías o de alegres sobresaltos, juguetón como el mono; o acaso, es un dios laborioso que no me dejará descansar; o uno que desea la meditación serena… o el compromiso con el amor, o el ritual sagrado. Y así, no lucho con el dios que cada día o mes se manifiesta bajo las energías de una matriz universal, sino que me integro apaciblemente con la sabiduría que cada día proporciona, y entiendo si es el tiempo de los discursos largos, o el de los poemas breves, y no me convierto en célula cancerosa que se aparta del conjunto para crear tumores, sino que me integro al gran tejido cósmico.

Y en ese tapiz estelar hay esencias guardianas, astros y constelaciones que circulan vigilando el orden universal.
Señores del día y de la noche cuyos nombres, ¡que son poesía!, nacen de las actividades del sol:
Taan u baan jun k´ay t´el/ los gallos cantan en coro.
Tan yak abta/ ya está llegando la noche.
Aunque en la señalética tradicional de los géneros, esta obra no es una novela, ni un poema, mapas cósmicos favorece que se detone interiormente la narración del recorrido personal a través de los mapas biográficos. Y se manifiesta como poesía cuando te lleva a través de imágenes y armonías a la intuición de que los cambios están ahí para que te subas a ellos y no para que los resistas y te atropellen…
La tercera parte del libro ya lo afirma como puente de coincidencias que permite relacionar lo universal con lo étnico. En estas páginas encontré pasajes directos hacia otras geografías míticas, estaba ahí la numerología, los arquetipos del Tarot, la cábala, los personajes mitológicos. Otros nombres, otra apariencia, ciertamente, pero la naturaleza, la misma: suprema sustancia del universo, tabla periódica de elementos místicos. Los nombres dados por cada una de las culturas a esas energías o manifestaciones de orden no material, parecen, luego de comprobar lo universal de sus manifestaciones, un traje que se quita y se pone sobre el sagrado cuerpo de lo esencial, eso nos permite respirar aliviados, sobre todo después de presenciar las peroratas que se lanzan de una religión a otra, veamos un ejemplo: (El tres maya corresponde a Hunab Ku, que es uno y trino a la vez.
 Y el cuatro Kan, representa las cuatro fuerzas esenciales que sostienen el universo creado, ¿los elementales?), o inclusive el libro propone la reivindicación de una esencia: el trece deja de ser nefasto para tornarse símbolo de la paciencia que ha visto el desarrollo de todo el círculo de la vida. O se convierte en el resultado de los doce apóstoles y Jesús, o los caballeros de la Tabla Redonda y el Rey Arturo. O las doce tribus de Israel y Dina….
Este libro, para mí, es un amoroso mapa, cuyas secuencias me resultaron poéticas, no sé si porque Raúl por ser un poeta las detectó, o si Raúl, por ser un poeta las reprodujo así, o si Raúl y ellas son armonías que se encontraron…
Lo sanador es que en Mapas Cósmicos Mesoamericanos encuentro una inversión total de los agobiantes “valores” de una cultura material. Aquí no privan los cambios en la bolsa sino en las pulsiones del corazón, Y son más los señores del día que los señores de la noche.
¡Gracias Raúl!, por tus palabras, son llave para abrir esta ruta, el mapa sagrado hacia la profundidad de nuestras almas.



Enuma Elish presentación en Chapala