Bitácora
de una maestra despedida por usar el salón de clase para contar cuentos.
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Ilustración de Mima Castro para el libro La Maestra Milagros |
Algunas
veces las mejores intenciones son contraproducentes. Sobre todo cuando en un
colegio existen autoridades que desean números más que transformaciones
interiores. Sucedió que luego de cumplir un semestre enseñando Literatura
Universal, la coordinadora pensó que el entusiasmo que manifestaban los chicos
era sospechoso, tal vez algo sucedía en las clases, algo inconveniente. Y sí,
utilicé las horas de Literatura para narrar el poema épico de Gilgamésh,
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Ilustración de Mima Castro para el libro La Maestra Milagros |
...algunos
capítulos del Mahabharata, mitos griegos y hebreos, La Iliada, La Odisea.
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Ilustración de Mima Castro para el libro La Maestra Milagros |
Ellos no leían en clase, sólo escuchaban, se
emocionaban con las aventuras al grado que cualquier interrupción era acallada
por un unánime: shhhh, dejen que siga
contando… Algunas veces era tan bello lo que estaba escrito que yo detenía
mi narración oral para leer directo del libro, era como si pronunciara una
fórmula mágica, los chicos contenían el aliento cuando recitaba impecables
versos que parecían venir de muy lejos. La canción de los Nibelungos fue un
éxito rotundo. En el breve reporte que
pedí a fin de que la coordinadora tuviera evidencias tangibles de lo que
sucedía en el salón, se pueden leer las palabras de Ciro:
“Hechizó
el cuento, hechizó la imaginación, hechizó tus palabras, maestra, hechizó a mis
compañeros de clase, me hechizó a mí, hechizó nuestro canto interno […]
mientras la historia trascurría mis compañeros se mudaban de disfraz, y de
máscaras, cambiaban […] algunos echaban fuego, otro se bañaba en sangre de
dragón, otros se convertían en guerreros que tomaban el lápiz, parecía que levantaban la espada […]”
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Ilustración de Mima Castro para el libro La Maestra Milagros |
O
las palabras en un ensayo de Joss:
“De
repente toda mi atención estaba en la historia que nos contaba la maestra”.
O
el comentario de Jazz:
“Uno
de los mejores dúos, la tinta y el papel… una maravillosa historia que logró
hacerme sentir a mil por hora…”.
A
continuación transcribo un fragmento del reporte que pedí a Víctor (quien por cierto faltó el día que
narré La canción de los Nibelungos):
“Me
decepcionó mucho el no haber asistido a la clase en que la historia fue
contada, cuando empecé a escuchar a mis compañeros hablar sobe la historia me
dije: ¡tengo que leerla!”.
Sin
embargo, cuando un director académico desea por encima de todo números computables, respuestas literales, antes que procesos íntimos, al promotor de lectura sólo le queda esperar
que la semilla un día asome su tallo al sol…
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Ilustración de Mima Castro para el libro La Maestra Milagros |
Nota: la carta de la última ilustración ¡es una carta real!
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